¿Quiénes somos?

Who are we?

Todas las personas entrevistadas han vivido en El Poleo, pero algunas de ellas ya no viven en la aldea. Otras van y vienen. Los que ahora somos residentes de forma (más o menos) permanente somos:

All the people interviewed have lived in El Poleo, but some of them have now moved away. Others come and go. The people who now live here (more or less) permanently are:

Alicia y Rafael; Antonio y Expectación; Casimira y Felipe; Estefanía y Antonio; Isabel y Manuel; Lesley y Ken; Miguel; Sylvia y Peter

El Poleo

El Poleo: Un Retrato

Alicia y Rafael

Habla Alicia ...

‘Yo nací en La Carrasca, en la casa – antiguamente daban a la luz las mujeres en la casa. En La Carrasca había unas veinte casas, pero en todas, todas las casas, había ocho o nueve personas. Había al menos cuatro familias en que éramos diez hermanos. Y lo pasábamos muy bien – muchas familias y muy amigos los vecinos. Era muy distinto a la vida de ahora.

¿Por qué quedó abandonada esa aldea entonces? Porque se fueron los mayores, y los jóvenes cuando se han casado ... Nosotros somos diez hermanos y todos se han ido; la que más cerca está soy yo en El Poleo; los demás están en Valencia, en Madrid, en Barcelona. En todas partes tengo mis hermanos, y para los otros vecinos lo mismo; y los mayores se han ido muriendo todos. Sólo algunas familias se marcharon porque encontraron trabajo; los demás nos marchamos porque nos hemos casado; y las mujeres se han ido adonde sus maridos las han llevado. Pero antes normalmente también iban a Barcelona a buscar trabajo; y nosotros también nos fuimos después de casados. Fuimos a los hoteles, por lo menos diez años.

Pues yo en Palma de Mallorca – fue una época muy bonita para mí. Porque iba recién casada y no tenía hijos. Yo trabajaba en el comedor. Me aprendí lo básico: saludé todos los días a los clientes, por las mañanas y por las tardes, en inglés, en ... , solamente saludarlos, eso es lo que aprendí. Y a mí no se me iba una mesa sin que me dieran una buena propina. Al final quedé embarazada de mi hijo, y, cuando se dieron cuenta, ¡mira! ¡Los regalos que me hicieron para mi bambino! Yo me lo pasé muy bien, muy, muy bien. Porque estaba acostumbrada a trabajar aquí en el campo, pues trabajar en el comedor, eso, para mí, no era trabajo; y me fue muy bonito. Mi marido trabajaba en el hotel y estaba de cocinero; sí, de cocinero. Diez años en los hoteles. El último año estaba embarazada de mi niño y ya no hemos vuelto más.

Esa época para mí fue muy bonita, y encima, pues, nosotros estábamos acostumbrados aquí a esto: a no tirar el dinero. Cobraba mi marido y cobraba yo, y con las propinas salíamos por ahí por las noches: tomábamos algo, íbamos al cine, sólo con las propinas. Cuando nosotros vinimos de Las Palmas, todas las nóminas que habíamos ganado las teníamos metidas en el banco, y comprábamos tierra. Estuvimos diez temporadas y por eso compramos las tierras que tenemos; no habríamos comprado tierra sin haber trabajado en los hoteles.

Y La Carrasca: ahora tiene sólo casas rurales. Viene gente de todas partes. Vienen por quince días, vienen por un mes, vienen por un fin de semana. Antes, hace dos o tres años; ahora está fallando por la crisis.

¿Cuánto tiempo hace que quedó abandonada La Carrasca? A raíz de que nos fuimos todos los jóvenes que había allí. Unos a trabajar y otros que se casaron, todos nos fuimos de La Carrasca y quedaron solamente los mayores ... y poco a poco ha quedado abandonado.

Para agua había que ir a la fuente con el cántaro y con cubetas, para fregar los platos, para regar las plantas – porque siempre había aquí plantas; en El Poleo siempre teníamos en las casas plantas, y por agua siempre había que ir a la fuente con el cubo. Las mujeres más jóvenes íbamos por agua a la fuente para venir para arriba con el agua. Y a lavar. Estábamos cogiendo aceitunas todo el día y luego íbamos a la fuente y allí una mujer ayudaba a otra, para terminar todas al mismo tiempo, para no dejar a ninguna sola lavando en la fuente por la noche. La vida era muy dura, muy dura, pero había mucha unión entre las personas. Yo, cuando mi marido se fue a Francia y yo tenía sembrado un terreno que teníamos nosotros ... me ayudaba mi familia: mis cuñados, mis amistades me ayudaban a trabajar, y también he ayudado a quien le ha hecho falta.

Entonces había bastantes menos olivos. Había más tierra para sembrar, para coger para animales. Entonces sembraban para coger para cebar para los animales, garbanzos para cebar para un cerdo. Olivos sí había pero no había tantos como ahora; ahora lo que no hay es tierra calma, y aquí lo han puesto todo olivos; y antes había mucha tierra calma. Antes, las mujeres, después de terminar la aceituna, nos poníamos a arrancar o a desherbar, y después a segar en el mes de junio. Aquí siempre había trabajo; lo que no había era dinero, pero trabajo había siempre. Y los olivos que había aquí eran de sólo un propietario, y empresas de olivos, vamos, pues había dos o tres, no más, y todo el mundo trabajaba para ésas.

Aquí trabajaba todo el mundo. Aquí no había pobres que no habían trabajado y tenían que vivir de pedir, ni de robar, ni nada. Aquí todo el mundo iba a aceitunas, porque antes todo el mundo podía trabajar. Ahora no hay trabajo. Y los pueblos más grandes tenían menos trabajo que los pueblos chicos. Pero ahora la gente se va de aquí porque no hay trabajo. Aquí, cuando comenzamos a irnos de hoteles, y otros a Barcelona – y te ibas por temporadas, ¿no? – y después de venir traías un dinero que habías ahorrado allí, y te comprabas un trocico de tierra. Entonces, toda la tierra había sido de sólo un propietario, pero ahora se repartía entre todos; todos teníamos un trocico de tierra o dos trocicos y ya estaba el capital más repartido. Pero los jóvenes, porque al campo no se dedica nadie, no tienen trabajo. En Priego no tienen trabajo; igual es el pueblo que menos trabajo tiene. Aquí donde había más trabajo era Alcalá la Real y Lucena.

¿Y el futuro de la aldea? El futuro que tenía hace unos tres o cuatro años era que vinisteis vosotros. Si siguen viniendo ingleses y comprando ... Pero ¡ya está! Quien tenía casa aquí la ha vendido y se ha ido a otros pueblos, y ahora los que han venido de fuera, los extranjeros, se han cansado casi todos de estar aquí. Pero ¡mira qué bonita la aldea! Tiene unas casas buenísimas, unas casas nuevas y todo, y, claro, antes, con muchas menos casas estábamos más felices; pero ahora el que queda, pues, está solo. Los extranjeros se han cansado de estar aquí porque no hay nada, no hay nada. Aquí hay mucha tranquilidad y estamos muy bien aquí, pero si a uno no le gusta estar solo, no le gusta, y ya está. Pues mira la calle que está allí arriba del todo. La Maggi se quedó sola. Ha trabajado esa mujer y ha hecho todo lo que ha podido para vivir aquí, pero cuando pudo se fue, se fue.

¿La escuela? Estaba donde la casa de Patro [la madre de Domingo], esa casa que hay en el medio, allí donde viene Domingo todos los días. Nosotros estábamos enfrente de esa escuela, pero mis niños no estudiaron allí. Ellos fueron a Priego porque esta escuela estaba cerrada, porque no había niños. A esta escuela venía yo, mi marido, mis cuñados ... pero la nueva generación, la de los niños, no pudo ir a esta escuela. Ya estaba cerrada.

¿Y el teleclub? Al principio estaba en la escuela, pero la escuela fue cerrada y entonces pasó al “teleclub”. Y por las noches iban todos los vecinos a ver la tele allí ... todos los vecinos, y charlaban. Pero después, cuando la cosa fue para mejor, cada uno fue comprando su tele y aquello se acabó. Pero, para reuniones, el teleclub sigue siendo. La iglesia es el teleclub. Todos los habitantes de la aldea tienen parte en el teleclub.

Antiguamente también, cuando alguien moría aquí en la aldea o en los alrededores, pues se rezaba allí, y venía también el cura a decir misa todos los domingos. Hace tres o cuatro años que dejó de venir, hace poco. Las últimas veces que venía, pues montábamos la iglesia para tres o cuatro personas; aquí no éramos más ... pero había misa aquí de quince en quince días. Pues, yo siempre iba, y arreglábamos la iglesia, abríamos las puertas, fregábamos el suelo, teníamos el polvo quitado ... Pero es algo que se ha perdido; se ha perdido todo.

¿Para mejorar el futuro de la aldea? Para eso tiene que venir otra gente nueva para poder comprar las casas. Por la crisis, ahora no se puede comprar. Y aquí los jóvenes tampoco tienen trabajo. Si los jóvenes tuvieran trabajo, pues los mayores se aguantarían también en sitios así. Pero ¡qué va!

Alicia and Rafael

It is Alicia speaking ...

‘I was born in La Carrasca, at home: previously women used to give birth at home. In La Carrasca there were about twenty houses, but in every single one of the houses there were eight or nine people. There were at least four families (including mine) in which there were ten children. And we had a really good time – a lot of families and the people who lived there were all close friends. It was very different from the way life is today.

So why was that village left deserted? Because the older people left, and so did the young people as they got married ... There were ten children in my family and they all went away; the one who is nearest is me, in El Poleo; the others are all in Valencia, Madrid or Barcelona. My brothers and sisters are scattered around everywhere and it’s just the same with the other people who lived there. And all the older people have been steadily dying off. Just a few families went away because they found work; the others of us left because we got married, and the women went where their husbands took them. But normally too they used to go to Barcelona in search of work; and we also travelled away after we were married. We went to the hotels, over a period of at least ten years.

Well, for me in Palma de Mallorca – they were very enjoyable times. Because it wasn’t long since our marriage and we didn’t have any children. I used to work in the dining room. I learned the basic things: I greeted the guests every day, morning and afternoon, in English, in ... All I did was greet them, that is what I learned to do. And I never had the people at a table leave without giving me a good tip. By the end of the time I was pregnant with my son, and when they realised, just look what happened! The presents that they gave me for my little boy! I had a really, really good time. Because I was used to working here in the countryside, so working in the dining room for me wasn’t work at all; and they were very good times for me. My husband worked as a cook in the hotel, yes, a cook. Ten years in the hotels. In the final year I was pregnant with my little boy and we have never been again.

Those were very enjoyable days for me, and on top of that, well, here we were used to this, to not throwing our money around. My husband was earning and I was, too, and with the tips we used to go out at night; we used to go and have a drink, we went to the cinema ... just with the tips.

When we came back from Las Palmas, we had paid into the bank all the wages that we had earned and we bought land. We spent ten seasons there and that is how we bought the land we own. Without working in the hotels we wouldn’t have bought any land.

And La Carrasca: now it just has holiday homes. People come from all over. They come for a fortnight, for a month or for a weekend. That was the case two or three years ago; now it’s doing less well because of the economic crisis.

How long ago was La Carrasca left deserted? It was after all the young people who used to live there left. Some went off to work and others got married; we all left La Carrasca and only the elderly people remained behind; and gradually it was left uninhabited.

For water we had to go to the fountain with the pitcher and with buckets, to do the washing up, to water the plants – because there always used to be plants; in El Poleo we always used to have plants in the houses, and for water it was always necessary to go down to the fountain with your bucket. The younger women among us used to go down to the fountain for water and bring it back up again. And we went to do the washing, too. We were picking olives all day and then we used to go down to the fountain [where there was a washhouse] and there one woman helped another so that we would all be able to finish at the same time and so that no-one would be left doing the washing alone at the fountain after dark. Life was hard, very hard, but there was a strong bond among the people. And when my husband went off to France and I had planted crops on a bit of land that we owned ... my family used to help me: my in-laws and my friends helped me to get my work done, and I helped those who needed it, too.

At that time there were far fewer olive trees. There was more land for planting crops and for producing fodder for animals. In those days people planted crops to feed the animals, like chick-peas to feed to a pig. There were olive trees but not as many as there are now; nowadays what is not there is arable land, and here everything has been put down to olive trees; and previously there used to be a lot more arable land. Previously the women, after finishing picking olives, got down to weeding or clearing the ground, and then to reaping in June. Here there always used to be work; what there was not was money, but there always used to be work. And the olive trees that there were belonged to just one owner, and, as regards olive oil companies, well there were two or three but no more, and everybody worked for those.

Here everybody used to work. Here there were no poor individuals who had never worked and had to live by begging, stealing or anything like that. Here everyone went olive picking, because previously everybody was capable of working. Nowadays there just isn’t any work. And the larger towns had less work to offer than the smaller places. However, now people leave here because there is no work. Here, when we started going off to the hotels and some others went to Barcelona – and you used to go for seasons, isn’t that right? – and on returning you brought back with you the money you had managed to save there and you bought a little bit of land. At that time all the land had belonged to just one landowner, but now it was being divided up among everybody; we all had a little plot of land or two and the capital was divided up more widely. But young people – because nobody now is taking up working in the countryside – they have no work. In Priego there is no work for them to do; it’s probably the town which offers least work. In this area the places with most work were Alcalá la Real and Lucena.

And the future of the village? The future that it had about three or four years ago was when you [the foreigners] came. If the British come and if they keep buying ... But that’s that! People who had houses here have sold them and gone off elsewhere, and now those who came from outside, the foreigners, have almost all grown tired of being here. But just look how pretty the village is! It has some really nice houses, new houses and all, and, of course, in the past, with far fewer houses we were happier; but now anyone who stays behind is here alone. The foreigners have got tired of being here because here there is nothing, nothing. Here there is a lot of peace and quiet and we are fine here, but if you don’t like being alone, you don’t like it and that’s that! Well take for example the street that is up the hill. Maggi was left here alone. That woman worked and she did all she could to live here, but when she was able to, she left, she left.

The school? It was where Patro’s house is [Patro was Domingo’s mother], that house that stands right in the middle, where Domingo comes every day. We were directly opposite the school, but my children didn’t study there. They went to Priego because this school was closed, because there were no children. I attended this school, so did my husband and my in-laws ,.., but the new generation, that of our children, wasn’t able to go to this school. By then it had closed.

And the tellyclub? At the beginning it was in the school, but then the school was closed and the tellyclub was transferred to the building which is now named after it [which is also the church]. And in the evenings all the village’s inhabitants went to watch TV there ... all the people who lived in the village, and they used to chat. However, later, as things improved, gradually each family acquired its TV and it all came to an end. But for meetings the tellyclub continued to exist. The church is the tellyclub. All the inhabitants of the village have their share in the tellyclub.

In the past, too, when somebody died here in the village or in the surrounding area, well a service was held there and the priest used to come and say Mass every Sunday. Well, on the last occasions that he came we used to prepare the church for just three or four people; there were no more of us than that here ... but there was a Mass here every couple of weeks. Well, I always went, and we used to tidy the church, open up the doors, clean the floors, keep it all free of dust ... But it is something that has been lost: it has all been lost.

To improve the future of the village? For that to happen it is necessary for other new people to come who are able to buy the houses. Because of the economic crisis, people are no longer in a position to buy. Nor do young people here have any work. If there were work for young people, the older people would also cope in places like this. But there is no way that will happen!

Antonio y Expectación

‘Vivimos desde siempre, como nuestros antepasados, próximo a esta pequeña aldea. Viviendo, como tal, aunque siempre como segunda vivienda, desde el año 1984, aproximadamente ... A pesar de que, en calidad de vecino, sólo puedo comentar de esta época en la que se compró la casa y vivimos aquí; pero conocer, conozco un poco lo anterior. Yo, de hecho, nací en el 55 y a la edad de ocho años más o menos, en el año 1964, aproximadamente, fui alumno de una escuela unitaria que había en esta pequeña aldea. En la casa de Manolo, de Manuel Serrano, actualmente de su hijo, Domingo Serrano ... En aquella época era una escuela unitaria, en donde la escolarización no comenzaba hasta los seis años y continuaba ocho años, hasta la edad de 14, en lo que era la Educación General Básica, para más tarde pasar a la Enseñanza Secundaria, ya en los institutos ... Mi padre tenía una finca a unos dos kilómetros de aquí en la que pasábamos largas temporadas ... porque en aquella época el campo estaba mucho más habitado que ahora, y había además unos vecinos cuyos hijos tenían edad mayor que la mía, y con ellos yo venía a la escuela – estaría quizás un par de años o tres – ; más tarde dejé de venir porque en la Aldea de La Concepción vivía mi abuela materna y, además, la maestra era tía mía.

En la escuela unitaria la cantidad de alumnos no era regular, no era estable; dependía en ocasiones incluso de la época del año, porque cuando había época de recolección, por ejemplo, pues, el número de niños se disminuía.

Hoy en día en El Poleo no hay escuela porque no hay niños, pero no hay niños porque no hay escuela. ... La razón por la que no hay niños – cada vez hubo menos – es porque la población en edad de tener niños ha ido dejando de vivir en el campo. La propia revolución industrial hizo que quienes vivieran en el campo y tuvieran ocasión de salir al exterior, se fueran en busca de mejores condiciones de vida en otro lugar; básicamente Cataluña ..., también el Levante español, e incluso Málaga – lo que se mantuvo por más tiempo fue Cataluña, también País Vasco – de esta zona en concreto, no sólo El Poleo sino Andalucía en general. Para la mayoría de la gente en aquella época, la que había sido la forma de subsistir, que era la agricultura y la ganadería, estaba muy estancada – tenía muy poca perspectiva de futuro – y cuando se les ofreció la posibilidad de salir fuera, en calidad de inmigrantes, a trabajar, así lo hicieron.

Lo de las Baleares quizás fue para un sector más concreto, el de la hostelería y además era para temporadas. Las gente iba a trabajar en época de verano, y volvía (y a los hijos los dejaban aquí con la abuela); pero no fijaban su residencia allí – aunque el algún caso sí, como en el del hijo de Ignacia. La segunda causa por la que la gente comenzó a salir de aquí es que la forma de repartir la tierra propia de la zona invitaba a ello, porque había grandes tierras, propiedad de grandes señores, pero la propiedad no estaba distribuida por parcelas pequeñas. Y eso fue: en la medida en que salían fuera y ganaban dinero, y aquí se comenzó a hacer parcelación de esas grandes fincas, comenzaron a invertir en fincas; de tal forma que hoy la inmensa mayoría de los vecinos tienen sus propias fincas que han sido adquiridas, por la mayor parte, ganando y ahorrando, y en parte adquiridas porque la tierra que se compraba también se convertía en fuente de riqueza.

Y los olivos ... pero no siempre ha sido así. Hace aproximadamente treinta o cuarenta años, y cuanto más tiempo remontemos en atrás, más cantidad de tierra de secano, de cultivo de cereales, había. O sea, muchísimas fincas de las que están de olivos. Y eso se aprecia por el grosor de su tronco, la edad, digamos de la propia planta, pues todos los olivos jóvenes de, eso, cuarenta o cincuenta años, eran zonas de calma, se las llama, en donde se cultivaban cereales: básicamente, trigo, cebada, habas, garbanzos, yero, berzas. Toda la proximidad que desde aquí se ve era de calma, todo eso lo he conocido de calma, en que se sembraba cada año un tipo de cereal.

Y después la trilla, la forma de recolección de los cereales que actualmente se viene haciendo con una máquina muy específica que es la cosechadora, antes era una labor muy minuciosa de segarlo, barcinarlo hasta la era, en la era trillarlo, después aventarlo, hasta separar la paja de la semilla ... Se fue transformando por la rentabilidad que iban produciendo. Entonces los cereales tenían más margen ganancial, entre otras cosas porque había ganadería y el ganado se alimentaba del cereal: las ovejas, los cerdos, las cabras no comen aceitunas. Los cereales pueden ser importados, básicamente, de la Argentina, pero la paja, el elemento secundario pero más voluminoso, eso, si no está aquí no se puede importar de fuera. En la medida en que ya la ganadería no te da una fuente de riqueza que animase a mantenerla, ese tipo de cultivo de cereales tampoco, a la vez que el aceite ha ido aumentando, digamos, su perspectiva, su consumo y su rentabilidad. El aceite ha estado durante mucho tiempo mal comercializado; ha costado mucho concienciar una parte de la humanidad de las ventajas que tiene, y está muy localizada la zona en que se consume como grasa vegetal única. ... Yo creo que lo que hace falta es mentalización, porque realmente no hace falta una renta per cápita muy alta para poder disfrutar de un producto tan completo, tan beneficioso desde el punto de vista de la salud como es el aceite, ¿verdad? Lo que hace falta es promoción: seguiremos aumentando la producción año tras año, pero yo creo que, por más que se aumente, más consumidores potenciales hay si llegamos a comercializarlo correctamente.

¿Por qué se ha reducido tanto la población de esta aldea? Había más personas cuando las condiciones de vida en el lugar eran mucho más escasas, más reducidas, mucho peores. Es un pequeño paraíso que algunos hemos tenido la suerte de poder disfrutar de él. Hay que estar muy harto de esa otra forma de vida que produce la gran ciudad, la gran urbe, como para apreciar las ventajas que supone vivir aquí ... Este sitio en concreto tiene, además, al ser un núcleo tan pequeño, la ventaja de la honradez y las características de los que estamos aquí, lo que alivia y facilita mucho la convivencia. Y luego el enclave: tiene una posición en alto que hace que la vista, pues, sea muy buena.

Y tu pregunta: seguramente la mecanización del campo ha hecho que la mano de obra se reduzca, ya que la máquina hace rápido lo que a mucha gente le cuesta mucho hacer ... Hoy una persona con un tractor puede hacer igual que ocho o diez yuntas. A los animales había que cuidarlos y para eso era necesario vivir en el campo. Al aparecer el tractor, ya no se precisa vivir en el campo. Se puede vivir en un pueblo de mayor población y a diario venir para coger el tractor y hacer el trabajo y después de hacer el trabajo volver a la ciudad. Lo contrario sería lógico, ¿verdad? Si esta aldea hubiese estado próxima a algún pueblo de mayor entidad con un poco de industria, seguramente se hubiese convertido en un pueblo dormitorio, en que efectivamente, como en mi caso, se iría a trabajar al pueblo pero a vivir en la aldea. Pero no es el caso, sino que lo que ha ocurrido es que, en esa época a la que me refería, cuando ocurrió eso, aquí tampoco hubo los servicios básicos que hay hoy; porque, hoy, claro, tenemos teléfono, tenemos luz, tenemos agua corriente, tenemos canalizadas las aguas fecales, no tenemos ningún problema. Pero en esa época, en que la gente comenzó a salir fuera, esos servicios básicos no existían ... En el año 77-78 fue cuando, siendo alcalde de esta pedanía José Mª Aguilera, que tenía esta casa aquí, colindante con vosotros – le decíamos por ‘el Carpintero’, porque tenía por ahí una carpintería – fue el primer pedáneo en El Poleo, quiero recordar, de la época de la democracia; y con él pedáneo se canalizaron las aguas fecales y se incorporó el agua corriente, en el año ochenta como mucho.

La salida de las personas naturales de la pedanía hemos de tenerla en cuenta como de forma escalonada. Hace mucho tiempo, por ejemplo, quienes vivían en esta casa eran de una familia que se llamaba Curro – Curro y Leonor. Pues los hijos de Curro todos salieron fuera y trabajaron fuera. Yo hace poco vi a uno de ellos que volvió por razón de una boda de una sobrina; volvió de Barcelona, de Castellón, no sé; entonces esta fase de gente que se fue, lo uno fue buscando la calidad de vida ... y otro porque se incorporaron en profesiones que absorbieron mucho personal, en concreto de varón joven, como era la incorporación a la Guardia Civil o de la Policía Nacional. Por ejemplo, me parece que de esta familia, varios de ellos, hijos varones, todos fueron a la Guardia Civil. Pero lo que pasa es que de los que salieron fuera, con intención de mejorar sus condiciones de vida, muchos no lograron integrarse de forma auténtica: el poder adquisitivo que tenían no permitía comprarse viviendas en zonas buenas sino en zonas periféricas y donde no han sido aceptados plenamente como miembros de esa comunidad ...

Pero luego ha habido otra fase en la que efectivamente todo el mundo aquí tiene sus propiedades, propiedades de las que tienen su capacidad para subsistir de ellas, y por lo tanto podrían estar viviendo aquí. Sin embargo, muchos se han ido de aquí ... hasta ahora se ha entendido que es una forma de aupar, de subir un peldaño, el irse a vivir a una ciudad un poco más grande.

Los extranjeros ... Yo puedo manifestar lo que es mi propia impresión, pero a lo mejor los que mejor pueden hablar de esto son los que han venido de fuera; pero en un principio, como era algo a lo cual no estábamos acostumbrados, ¿verdad? – perplejidad, extrañeza, ¡qué raro! Yo entiendo que hemos tenido la suerte de que quienes han venido manifiestan ser muy buena gente; pues cada vez mayor aceptación, digamos. Pero ¿cómo no van a venir cuando aquí están tan a gusto? ... Yo encuentro normal que la gente quiera venir aquí. Pero ¿cómo se va la gente de aquí? Eso es lo que decimos nosotros.

Yo llevo algunos años pensando, entendiendo que la crisis económica haría que muchas familias con origen en el campo volvieran a la pequeña aldea, por dos razones: por no tener empleo en la gran ciudad; y porque vivir en la pequeña aldea en el campo tiene muchas ventajas: no sólo el que no haya contaminación, etc., etc., sino que también cuesta mucho menos vivir aquí. Aquí todo es barato comparado con cualquier cosa fuera: el impuesto de la casa, el agua ... y si un vecino de aquí tiene una pequeña huerta, trabajas en la huerta y tienes tu fruta, tus verduras, el aceite, la propia carne fresca, los huevos frescos. Muchas razones hay para volver a esto.

Yo creo que lo lógico sería que la evolución fuese progresiva y lenta, que no fuera como consecuencia de un boom momentáneo que hiciese que acudiera mucha gente y que no se mantuviera ... Yo creo que sería cuestión de que el ejemplo que demos quienes vivimos en ella posibilite que sea algo atractivo y que la gente venga no sólo como un recurso sino sobre todo buscando un beneficio. ... La administración tendría que apostar por potenciar que lo que haya en cada pueblo, cada sitio, para que la situación no vaya para peor sino que se mantenga en el mismo estado o se mejore ... Hay muchas posibilidades, pero para que funcione hay que introducirlas poco a poco. Para quienes vivimos en mi casa, yo constato que el presente es óptimo, muy bueno; el futuro dependerá de quienes estamos aquí.

Yo creo que la aldea data de antes del siglo XIX. Según me han contado mis antepasados, sí que hay un agrupamiento de casas de forma dispersa que existía desde mucho más antiguo. Había una casa, por ejemplo, muy, muy, muy vieja, en la que vivía Félix Carrillo, donde actualmente hay una vivienda de unos ingleses, esa familia tan agradable ... bueno, ésa y la otra donde ha habido una casa rural; y esa casa data de mucho anterior al fin del siglo XIX; y donde vive la Susan ¿la casa de la Tía María?, que era también una casa viejísima. La casa que tenemos enfrente, el solar, allí vivían Manolo y María, que murieron allí de ancianos. La casa ahora derruida por vieja era antigüísima; esta casa de José Mª Aguilera, también antigüísima. ¿Y esta casa? Ésta también era muy antigua. Curro y Leonor vivieron aquí, y criaron a sus hijos, que tienen ahora entre setenta y ochenta años. Nacieron y se criaron aquí.

La casa donde vivo yo, la casería, que la llamamos, se la hizo el dueño de la finca a su encargado, que era el abuelo de Domingo y se llamaba Domingo igualmente. El dueño de la finca, que se llamaba el Habanero, se la hizo cuando se casó. Era de tres generaciones anteriores: viven ahora los bisnietos. En ese momento seguramente no tendría la catalogación de aldea sino de casas dispersas, agrupadas. La mayor parte del pueblo, desde la calle por donde subimos cuando salimos hacia la casa vuestra, toda la parte hacia abajo, no existía; sería de la finca, de la casería, donde yo vivo, que no estaba circunvalada, no tenía la valla y llegaba hasta aquí. Entonces allí, el anterior dueño a nosotros, no – el de antes – hizo una donación a la aldea de lo que es la ermita, con doble función: con fin religioso y luego como club social, como teleclub; y, a la vez que donó eso, pues, vendió una serie de solares: donde vosotros tenéis la otra casa, la casa de Manolo, la casa de Miguel, que se fue por anciano ya, y la otra casa donde vive Rafael, y la casa cochera con su huerto. Toda esa parte fue creada, digamos, como suelo urbano, mucho más reciente.

Cuando yo me incorporaba a temporadas en calidad de alumno de la escuela unitaria ... existía la casa de José María, ésta misma, la casa de Pedro, la de Manolo, Ignacia, Félix Carrillo, y, arriba, de Francisco, pero todas esas casas que hay con posterioridad a Ignacia, donde está el bar y todo eso, de eso no existía nada; eso era igualmente de la misma finca de la casería que tenía la zona de olivar de atrás y la zona de olivar se adentraba hasta llegar a la verja del patio de Domingo. Entonces allí se hizo una calle; pues ésas son más recientes, pero éstas que digo, la casa de Félix, la casa de Ignacia, lo originario es antiguo. Como aldea seguramente la han debido de catalogar más tarde, pero como casas dispersas pero agrupadas entre sí y formando comunidad, mucho antes.’

Antonio and Expectación

‘We, like our ancestors, have always lived close to this small village. Living, as such, although always as a second home, since 1984, more or less. In spite of the fact that, from the point of view of a resident, I can only make comment on this period during which the house was bought and we have been living here; but in terms of knowing about it, I know a bit about what went before. In fact I was born in 1955 and at the age of about eight, in around 1964, I was a pupil here in a one-class school. In the house of Manolo, Manuel Serrano, which currently belongs to his son, Domingo Serrano. ... In those days this was a school which had just one class and in which education did not begin until the age of six and went on for eight years, up to the age of fourteen, in what was known as Basic General Education, the stage prior to the Secondary Education which was delivered in the institutos or secondary schools. My father had a farm a couple of kilometres away in which we spent long periods ... because at that time a lot more people lived in the countryside than is the case now, and in addition there were some neighbours whose children were older than I was, and I came to school with them – I must have been there for a couple of years, perhaps three –; and later I stopped coming because my maternal grandmother lived in the village of La Concepción and, besides, the teacher was an aunt of mine.

In the single-class school the number of pupils fluctuated quite a lot – it didn’t remain stable; on occasions it depended on the time of year, since when it was the picking season, for example, well, the number of children went down.

Today in El Poleo there is no school because there are no children, but there are no children because there is no school – there were fewer and fewer – and this is because the population that was of an age to bear children has steadily been ceasing to live in the countryside. It was precisely the industrial revolution which caused people who lived in the countryside and had an opportunity to travel away, to go off in search of better living conditions somewhere else; basically Catalonia, ... also the eastern coast of Spain and even Málaga – the area where this continued to be the case for longest was Catalonia and also the Basque Country – and from this area specifically, not just El Poleo but Andalusia in general. For most of the people in those days, the existing form of subsistence, namely agriculture and livestock farming, was in quite a rut – it had very little by way of future prospects – and when people were offered the opportunity to go and work elsewhere as immigrants, that is exactly what they did.

What happened in the case of the Balearic islands concerned a more specific area of employment, hotels and catering, and it was seasonal as well. People went to work for the summer season and then came back again (leaving their children here with their grandmother): but they didn’t move there permanently – although in occasional cases they did, as in the case of Ignacia’s son. The second reason why people began to move away from here is that the way in which land was divided up in this area encouraged it, because there were large estates, belonging to wealthy landowners, and property was not split up into small plots. And that was it, to the extent that they went off and earned money and then back here there began the process of dividing up those large estates: people began to invest in farmland, in such a way that today the vast majority of the residents have their own lands which have been purchased, principally, through earning and saving money and in part, too, because the land that was bought also turned into a source of wealth.

And the olives ... but it hasn’t always been like that. About thirty or forty years ago, and the further we go back, the greater was the amount of so-called “dry” land that was used for cereal farming. That is to say, a large number of the farms that today are planted with olive trees. And that can be seen from the thickness of their trunks, that of the tree itself, since the areas covered by all those young olive trees, forty or fifty years old, were areas of arable land, where cereal crops were cultivated: basically, wheat, barley, beans, chickpeas, carob, cabbages ... All this area was used for arable crops, I’ve known all this land used in that way, with a kind of cereal planted each year.

And then came the threshing, a way of harvesting cereals which nowadays is carried out with a very specific kind of harvesting machine and previously was a painstaking task involving reaping, transport to the threshing floor, threshing, winnowing until the straw was separated from the seed ... The situation was transformed by the viability of the product. At that time cereals earned a bigger margin of profit, among other reasons because there were livestock and the livestock was fed on cereal: sheep, pigs and goats do not eat olives. Cereals can be imported, basically from Argentina, but straw, a by-product but bulkier – well, that’s it: if you haven’t got it here you cannot bring it in from outside. Whilst livestock farming ceased to provide a source of wealth which encouraged people to engage in it, and the same thing happened with farming for that kind of cereals, on the other hand oil has steadily increased its profile, its consumption and its viability.

Olive oil has for a long time been badly marketed: it has proved very difficult to make a large part of humanity aware of its advantages, and the area in which it is consumed as the only vegetable fat is highly localised ... I believe that what is necessary is the raising of awareness, because you really do not need a high per capita income in order to be able to enjoy a product which is so complete and so beneficial from the point of view of health as is the case with oil; don’t you think that is true? What is necessary is marketing: we will go on increasing production year after year, but I believe that, however much we increase it, there will be more potential consumers if we manage to market it correctly.

Why has the population of this village shrunk to such an extent? There were more people here when living conditions in the village were poorer, more limited, harsher. This is a little paradise that some of us have had the luck to be able to enjoy. But you do have to be very tired of that other lifestyle produced by the large town, the large city, in order to appreciate the advantages that living here brings with it ... In addition, this place in particular, through being such a tiny centre of population, benefits from the honest behaviour and the characteristics of those of us who live here, something which makes living together easier and a more pleasant experience. And then the setting: the village is set up on a height, which offers us a very fine view.

And your question: there is no doubt that the use of mechanisation in the countryside has meant that the size of the labour force is reduced, given that a machine can perform rapidly tasks that it takes a lot of people a lot of effort to carry out ... Today a person with a tractor can do the same as eight or ten teams of animals. It used to be necessary to look after the animals and for that you had to live in the countryside. With the appearance of the tractor it was no longer necessary to live in the country. You can live in a larger centre of population and come and go on a daily basis to get your tractor, do the work and then return to the town. It would be logical to do just the opposite, don’t you think? If this village had been situated near to some larger centre of population with a bit of industry, there can be no doubt that it would have turned into a dormitory village in such a way that, in fact, people would have gone to work in the town but lived in the village. However, this is not the case, but rather what has taken place is that, in the period to which I was referring, when those things happened, the basic services that exist today just were not there; because, of course, today we have phone coverage, we have electricity, we have mains water and mains sewerage has been installed; we have no problem with any of that. However, at that time, when the people began to move away, those basic services didn’t exist. It was during the years 1977-1978, when the village mayor was José María Aguilera, who was the owner of this house that shares a boundary with yours – we used to know him as ‘the Carpenter’, because nearby he used to have a carpenter’s workshop; well he was the first village mayor of the era of democracy, and it was during the time that he was mayor that running water and mains drainage were installed, in 1980 at the latest.

The movement away on the part of people who had been born in the village is something that we must view as taking place by stages. A long time ago, for example, the people who used to live in this house belonged to a family known as Curro – Curro and Leonor. Well, Curro’s children all went away and worked elsewhere. Recently I saw one of them who had come back on account of his niece’s wedding; he had come back from Barcelona or Castellón, I don’t know which; at that time, this phase of people leaving was on the one hand the result of the fact that they were looking for quality of life ... and on the other hand it was because they went into professions which absorbed a lot of workers and specifically young males, such as the Civil Guard or the National Police.

For example, I think that of this family, several of them, young males, all enlisted in the Civil Guard. But the thing is that, of those who moved away, with the intention of improving their living conditions, many never really managed to become fully integrated: their spending power was not sufficient to enable them to buy housing in the better districts, so they settled instead in marginal areas where they have never been fully accepted as members of that community.

However, then there has been a further stage in which everyone here in fact has their own land, land which makes it possible for them to make a living, and therefore they could perfectly well be living here. In spite of that, many have gone away ... until recently, going off to live in a rather larger town or city has been seen as a means of improving your status, of moving up a step on the ladder.

The foreigners ... I can give you what is my personal impression, but probably those who are in the best position to talk about this subject are those who have come here from elsewhere; however, in the first place, as it was something that we weren´t used to, wasn’t it? ... Perplexity, surprise, how odd! I do understand that we have had the luck that those who have come here appear to be very nice people; so, let’s say that their reception is increasingly positive. But why wouldn’t they come here when they like it so much? I find it perfectly normal that people should want to come here. But how is it that people are leaving here? That’s what we are saying.

You have to understand the mentality – people: the terms ‘quantity’ and ‘quality’ are not appreciated by some people in the same way as they are by others; I understand that quality is there, in as far as we have no noise pollution, no environmental pollution, no problems in walking around, not on the pavement but even along the middle of the road, alone or together with your dog. I think that this is appreciated by those of us who have suffered the opposite.

For some years I have been thinking and coming to the conclusion that the economic crisis would cause families who have their origins in the countryside to return to small villages, for two reasons: firstly because they don’t have any work in the large city; and also for the reason that living in a small village in the countryside has many advantages: not only the fact that there isn’t any pollution, etc., etc., but in addition that it costs much less to live here. Here everything is cheap in comparison with anything elsewhere; property tax, water ... and if a resident here has a small vegetable plot, well you work on your plot of land and you have your fruit and vegetables, olive oil, even fresh meat, fresh eggs. There are a lot of reasons why people should come back to this.

I think that the logical way would be for it to be a slow, progressive process of evolution, which would not be the result of a momentary boom that would cause a lot of people to arrive and then would not be sustained ... I believe that it would be a question of the example set by people living in the village making it possible for the experience to be an attractive one and for people to come here, not just being viewed as a resource but above all in search of something beneficial ... The local administration would have to put its efforts into achieving the best from what each village, each different place, has to offer, so that the situation will not just not deteriorate but at least remain stable or actually improve ... There are a lot of possibilities, but in order for things to work they have to be introduced little by little. As for those of us who live in my household, I can see clearly that the present is absolutely excellent; the future will depend on those of us who are here.

I believe that the village dates from before the nineteenth century. According to what the older members of my family have told me, there is definitely a cluster of individual houses which had been existence from a much older period. There was an extremely old dwelling, in which Félix Carrillo lived, on the site of which there is currently a house belonging to some English people, that very nice family ... well, that one and the place where has been a guest house; and that house dates from long before the end of the nineteenth century; and where Susan lives, was that the house of “la tía María”? That one was also a very old house. Then there was the house opposite, which nowadays is a building plot, where Manolo and María lived and died of old age. The house which has now fallen down by virtue of its age was extremely old.

And this house? This one was very old. Curro and Leonor lived here and brought up their children here, and they are now between seventy and eighty years of age. They were born and brought up here.

The house where I live, the Farmhouse as we call it, was made over by the owner of the estate to his administrator, who was Domingo’s grandfather and was similarly called Domingo. Then the owner of the estate, who was known as “el Habanero” (literally, “the man from Havana”), made it over to him when he got married. That was three generations ago: it is now the great-grandchildren who are alive. At that time El Poleo was undoubtedly not yet classified as a village but as a cluster of individual dwellings. Most of the village, from the street we turn up when we come out towards your house, didn’t exist. It would have been part of the estate, of the farm, where I live, which wasn’t separated off, didn’t have a fence and extended as far as here. Then the owner before us – no, the one before that – made a donation to the village of what is the chapel, with its double function: its religious purpose and then that of a social club, as a tellyclub; and, at the same time that he made that donation, he sold off a series of building plots: where you have your other house, Manolo’s house, Miguel’s house – Miguel has left now through old age – and the house where Rafael lives, with the garage building and its little garden. All that area was created, shall we say, as building land, much more recently.

When for short spells, I used to attend the single-class school as a pupil ... José Mª’s house was in existence and so was this one, Pedro’s, Manolo’s, Ignacia’s, Félix Carrillo’s, and, at the top, Francisco’s, but all those houses that there are beyond Ignacia’s, up where the bar is, and all that, none of it existed at that time; that part of the village similarly belonged to the same estate which also included the area of olive trees at the back; and that area of olive trees reached forward as far as the gate of Domingo’s courtyard. Then a street was created up there; well, those houses are more recent, but the ones that I have mentioned, Félix’s house, Ignacia’s house, the original part: that is old. It will certainly have been categorised as a village at a later stage, but as a cluster of individual houses forming a community, it is much older than that.’

Brian y Sue

‘Me parece que mucha gente no reflexionó lo suficiente cuando vino a vivir aquí en España ... no sólo El Poleo ... no quisieron aprender el español, no podían comunicarse con los españoles, no acabaron de integrarse en España. Pero fue una opción barata....’

‘De acuerdo, este verano fue un poco menos caluroso, pero el verano anterior ... sabes ... las temperaturas pueden alcanzar 40º. Así que sí, eso es extremo. Es decir, las casas no están construidas con aislamiento, de manera que experimentas los extremos.’

‘– ¿Cómo ves las relaciones que existen aquí entre españoles e ingleses? – Por lo general son muy positivas. ... Yo diría que son buenas. ... De hecho me parece que han mejorado. Me parece que cuanto más tiempo estás aquí ... más te aceptan. Puesto que se trata de una población mayoritariamente vieja, uno tarda bastante en establecerse.’

‘Creo que lo que ha cambiado en esta aldea es la cantidad de vendedores, vendedores en camioneta. De acuerdo, cada día solían llegar aquí vendiendo calzado, ropa, hortalizas ... dos o tres camionetas con hortalizas... y durante una temporada vino la camioneta trayendo pescado ...’

‘Desgraciadamente, la verdad es que me imagino que [la aldea] morirá despacio, principalmente a causa de la edad de los vecinos, y no aparecen jóvenes españoles que efectivamente la mantuvieran viva.’

Brian and Sue

‘I think a lot of people didn’t really think it through when they came to live in Spain ... not just El Poleo ... they didn’t want to learn Spanish, couldn’t communicate, didn’t really integrate into Spain. But it was a cheap option ...’

‘OK, this summer wasn’t quite as hot, but the previous summer ... you know ... you can get 40º. So yes, I think that’s extreme. I mean, the houses aren’t built with insulation, so you feel the extremes.’

‘ – How do you see the relationships between Spanish and English here? – They are on the whole very positive. ... Good, I would say. ... I think they have actually got better. The longer you are here, the more I think you are accepted. Given it’s mostly an old population here, it takes a while to settle in.’

‘I think the thing that has changed in this village is the number of sellers, van sellers. OK, every day we used to get vegetables ... we used to get shoes, clothes, vegetables ..., two or three lots of vegetable men ... we had the fish van for a while ...’

‘Unfortunately, I actually do see it [the village] dying away, mostly due to the age of the inhabitants, and you don’t see any new young Spaniards, which would actually keep it alive. ...’

Casimira y Felipe

‘Yo [Casimira] llevo desde pequeñita, desde siempre, porque, como mis abuelos vivían aquí en la casa esta que hay aquí al lado, allí se ha criado mi madre. Yo siempre venía allí mucho. Desde siempre yo. Luego nosotros también hemos vivido en el molino ese, ese que hay allí debajo de la fuente, esa casa grande que hay allí un poco abandonada, ... que era un molino de aceite. Y allí también, estaba viviendo, vamos, estaba allí todos los días. Lo que pasa es que yo ya fui a Las Higueras, que mis padres tenían allí una casa, pues fueron ellos. Y luego, cuando yo me casé ... y entonces estamos viviendo aquí. ...

En los años setenta, había, digamos, doscientas personas viviendo aquí. Es que en todas las casas vivía mucha gente, ... y todas las casas que había alrededor estaban habitadas también; y los cortijos de fuera; y esas casas viejas que hay para arriba ... Mi madre, eran diez hermanos, o sea, mucha gente. ... Pero he dicho una aproximación – no sé exactamente.

¿Cuándo se comenzó a vivir mejor? Cuando vinimos nosotros ya habían puesto luz, pero agua no. Yo he estado aquí sin agua ... Nosotros vivíamos en nuestra casa y no había agua ... En el año ochenta, sí, el ochenta, había agua corriente. Hasta entonces había solamente un motor que subía agua de la fuente: sólo la fuente que hay en el medio del pueblo, al lado de la iglesia. Iba allí y llevaba agua en cubo a mi casa, para si quería lavar – o, si no, iba a la fuente a lavar. Ni había teléfono ... bueno, el teléfono lo pusieron público, en la casa de Ignacia ... tenían el bar, y ellos tenían una tienda. Entonces si te llamaba alguien, pues llamaba la gente por las casas ... Los fijos los pusieron ya no hace tantos años.

¿Pero por qué se marchó la gente? Porque la gente joven se ha ido; casi toda se ha ido a Priego; cuando se han ido casando, no se han quedado aquí ... Hubo una época entre los setenta y los noventa en que todos los jóvenes que se casaban, ... y todas las personas mayores han ido poniéndose más viejas y se van. En Priego se vive con más comodidad. Porque aquí no había tantas cosas, se ha ido la gente. Pues no sé, en Priego había más trabajo antes. También antes se iba más gente para colegios, para los niños. Tenía que venir el autobús cada día para llevarlos a Priego; mis hijos mismos cogían un autobús y todos los días iban y venían para Priego. Antes había mucha gente, y ya pues la gente se ha ido para otro lado. Y esto es a pesar de que ahora se vive con más comodidad aquí que antes.

Aquí el problema es que, mientras las personas pueden conducir, perfecto, porque en cinco minutos se puede estar en Priego ... pero cuando no se puede conducir ya, es más difícil. Antes había personas que no tenían carné de conducir, no tenían coche, entonces han buscado más de irse por estas cosas. Porque nosotros mismos ..., digo, a mí me da igual estar aquí metida mientras ya puedo conducir, pero para quien no tiene coche no es igual.

La zona es bastante próspera, ¿no? Sí, nosotros hemos ido a trabajar en la hostelería para temporadas, pero cuando nos casamos lo dejamos. El dinero que hemos ganado lo hemos ido invirtiendo aquí hasta que llegó el momento en que podíamos vivir de nosotros sin tener que ... La aceituna es lo principal. Antes había cereales, pero cada vez ha habido más olivos. Se veía que dejaba más dinero la aceituna que el trigo. Creo que, eso, la aceituna era más rentable. Quien tenía una hectárea de tierra, si era de cereales, daba por ejemplo cinco euros y, si era de olivos, ocho. ¿Pues entonces? Porque de aquí todo esto que hay de la carretera que va a Priego para arriba, todo esto era entonces para sembrar. Yo me acuerdo de eso ... había garbanzos, cereales, no había olivos ... Digamos, en los sesenta, setenta ... Era una época en que el cereal valía muy poco y el aceite ... el aceite vale igual ahora que en el año 80, 85. ... Nosotros, el primer año en que tuvimos aceitunas, fue el 83, por ahí, y valía el aceite prácticamente igual que ahora. Lo que pasa es que el sistema de coger aceitunas ha variado mucho, porque antes no había ningún tipo de maquinaria y ahora se ha mecanizado mucho. Hace falta emplear a menos gente de fuera ... y entonces el salario era mucho menos pequeño.

A mí me gusta. Nosotros hemos nacido aquí. Nos hemos criado aquí. Hemos ido a Palma de Mallorca, pero a mí no me ha gustado aquello ... El hombre que compró esta casa, el pintor [Antonio Zarco] hablaba igual que usted. Estábamos sentados aquí en la terraza esa, y dijo: “No sé por qué la gente se va de aquí,” dice. “Vamos, no sé cómo la gente se va de aquí para enterrarse en Priego.” A él le encantaba esto, y luego se puso malo, y estaba aquí solo, y ya se fue. ... Lo que pasa es que la gente de aquí, sobre todo el paisaje y aquello, no lo apreciamos. Yo creo que no.

¿Por qué hemos venido tantos extranjeros? Porque gusta esto, ¿no?. A mí también me gusta ... Aquí siempre estoy en la calle, para acá, para allá; no puede ser de otra manera. En Priego estás en tu casa dentro, porque no puedes estar todo ... en la calle, fuera.

Entonces, ¿cómo veis el futuro de la aldea? No lo sabemos. Hay un año así que la gente ... se van algunos, algunos se van muriendo, y dicen que esto se queda abandonado ... y luego comenzaron a comprar casas, y luego otra vez otro cambio. No sabemos, Mi hija misma está ..., ha preguntado ..., porque ella se casó y se fue a Baena. Y claro, su trabajo lo tiene en Priego, y su marido trabaja en Zamoranos ... A ver lo que pasa ...

¿Por qué se convirtió la iglesia en teleclub? Eso es porque antes, como no había otro sitio, eso primero estaba en la escuela que había en esa casa grande de Domingo, la de la palmera. Allí compraron una tele... el Ayuntamiento puso una televisión para toda la aldea; la compró el Ayuntamiento; como mucho, en el año sesenta. Nadie tenía en la casa tele, entonces pusieron una allí y en Las Higueras había otra, y allí fueron a ver la tele todos... Y luego ya, ... cuando la casa era ya una casa, y cuando dejaron de venir los maestros, la tele y todo eso lo pasaron a la iglesia, y por eso le pusieron teleclub ...... Entonces si había que hacer una reunión de algo, de lo que sea, había que ir a la iglesia. Por eso pusieron la cortina así que tiene, y, cuando se hacía, se echaba aquello, así que quedaba lo que es iglesia, pues, ... Cada casa comenzó a tener su televisión de los setenta a los ochenta: antes no había en ningún lado, en ninguna casa, y se iba la gente al teleclub a ver la tele.

Para entonces había mucha gente – hay mucha gente que tiene fotos –; llevábamos los santos que hay aquí a Las Higueras en procesión, y alumbrado con velas por la carretera; y había mucha gente. Estaba gente de los cortijos, de La Carrasca; había mucha gente. Luego La Carrasca quedó muy pequeñita ...

Verduras, legumbres, se comen, pero hay otros sitios, incluso otras zonas de España, donde se comen más. Antes me acuerdo que mi padre sembraba mucho: sembraba garbanzos, sembraba para habichuelas, habas, de todas las cosas. Nosotros mismos sembramos todos los veranos. Yo siembro mucho y doy a toda la gente. Sembramos en Las Higueras. Aquí también algunos años siembro, pero allí hay problemas porque la huerta está al lado de la carretera y ... Pasaban los coches y ...

Lo que pasa es que aquí mismo, aquí en El Poleo y para arriba, siempre había muchas casas. Cuando pusieron el agua y la luz, la gente de los cortijos venía para aquí, porque aquí se vivía mejor. Allí nunca pusieron agua ni luz y aquí había agua y todo: antes la llevaban con mulo. Cuando vine aquí, ya había calles, pero antes las calles eran de tierra.

¿Y la invasión de los extranjeros? Para nosotros muy bien. Me gustaba que vinieron, porque entonces se quedaban las casas vacías. Mejor que haya gente. Todos hablamos, y muy bien. No ha habido problemas para nosotros. ... Me da igual que el vecino sea extranjero que sea español. Quizás haya menos comunicación por no comprender. La gente joven habla mucho inglés o se esfuerza más, porque si quieren moverse por allí hay que saber, y no es igual que antes. ...’

Casimira and Felipe

‘I ]Casi] have been here since I was tiny, for ever, because, as my grandparents lived in this house next door to here, my mother was brought up here. I always used to go there a lot. I’ve always been here. Then we also lived in that mill, the one down there below the fountain, that large house there that has been just left ..., which used to be an oil mill. I used to live there too, I mean, I was there every day: The thing is that I went to Las Higueras because my parents had a house there; well, they went and then, when I got married ... and here we are living here.

In the sixties there were, let’s say, two hundred people living here. The thing is that in all the houses there were a lot of people living, ... and all the houses in the surrounding area were lived in as well, and the farmsteads outside the village; and those old houses further up the hill ... In my mother’s family there were ten brothers and sisters – so there were a lot of people. ... But the figure I have given is an approximate one; I don’t know for sure.

¿When did life here start to get better? When we came here to live, there was already mains electricity, but not water. I have been here in times when there wasn’t a mains water supply ... In 1980, yes, 1980, there was mains water. Up to that point there was only an engine which brought water up from the fountain: there was just the fountain that stands in the middle of the village, next to the church. I went there and carried water home in a bucket if I wanted to do the washing, or otherwise I went down to the fountain to do the washing. Nor was there a telephone ... well, they installed a public phone in Ignacia’s house ... they had a bar and a shop. Then, if someone rang, people called round the houses ... land-lines were installed not so long ago.

But why did people leave? It is because nearly all the young people have left; they have gone to Priego. When they have got married, they didn’t stay here to live ... There was a period between the seventies and the nineties when all the young people who got married ... and all the older people have been getting on in years and have left. In Priego you in greater comfort ... They left because there weren’t as many facilities here. I don’t know, really; there used to be more work in Priego. Besides, more people used to leave because of the schools, for the children. The bus had to come every day to take them to Priego; my own children caught a bus to take them to Priego, and they travelled backwards and forwards every day. There used to be more people and well, now they have gone elsewhere. And this is in spite of the fact that life here is more comfortable now.

Here the problem is that as long as people can drive everything is perfect, because you can be in Priego in just five minutes ... but, when you can no longer drive, it’s more difficult. There used to be people who didn’t have a driving licence and didn’t have a car, so they looked for a way of leaving for that kind of reason. Because from our point of view ..., I mean I don’t mind being out here as long as I can drive, but for anyone who doesn’t have a car it isn’t the same.

The region is quite prosperous, isn’t it? Yes, we went off to work in the catering business for seasons but we stopped going when we got married. The money that we earned we invested here until we reached the point when we could live off our own income without having to ... The olive is the main thing. There used to be cereal crops but steadily there have been more and more olive trees. You could see that the olive earned you more money than wheat. I think that’s it, the olive was just more viable. If someone had a hectare of land, if it was down to cereal crops, it earned you, for example, five euros and, if it was planted with olive trees, then eight. So, well then? From here all this area along the road that goes up to Priego, all this was for growing crops. I remember that ... There were chick-peas and cereals but not olive trees ... Let’s say in the sixties, the seventies ... It was a period when cereal crops weren’t worth much and olive oil ... oil is worth the same amount now that it was in 1980 or 1985. ... The first year that we had olives was around 1983, and the oil was worth practically what it is now. The thing is that the system for picking olives has varied considerably, because previously there was no kind of machinery and now it has been mechanised a lot. You need to employ fewer people from outside ... and then the pay was much less.

I like it here. We were born here and brought up here. We went to Palma de Mallorca, but I didn’t like all that. The man who bought this house [Antonio Zarco] spoke the same way you do. We were sitting here on that terrace, and he said: “I don’t know why people go away from this place”, he says. “Look, I don’t know how people leave here to bury themselves in Priego.” He loved all this, and then he was ill and was alone here, and then he left ... The thing is that the people here – above all the landscapes and all that – we don’t appreciate it. I don’t think that we do.

Why have so many foreigners come here? It’s because people like this, don’t they? I like it too .. I’m always out of doors, going here and there ... it just can’t be any other way. In Priego you are in your house, because you cannot be out in the town all day.

How do you see the future of the village, then? We just don’t know. You get a year like that when some people leave, some die, and it appears that this village is being abandoned... and then people began to buy houses, and then once more everything changes. We just don’t know. My own daughter is ..., she has been asking ..., because she got married and went to Baena. And, of course, she has her job in Priego and her husband works in Zamoranos. Let’s see what happens.

Why was the church turned into a “tellyclub”? It’s because, at first, as there was nowhere else, the tellyclub used to be in the school which occupied the large house that belongs to Domingo, the one with the palm tree. There they bought ... the Council installed a TV for the whole village; it was paid for by the Council; at the latest in 1960. Nobody had a TV at home, so they set one up there and in Las Higueras there was another, and everyone went there to watch TV. And later, ... when by now the house was actually a house and when the teachers had stopped coming, the TV and all that was transferred to the church, and that is how it came to be known as the “tellyclub” ... Then, if a meeting was going to be held about something, about whatever business, people had to go to the church. That is why the curtain there was fitted and when the event took place the curtain was drawn across, so what used to be the church was now ...Every house began to have its TV between the seventies and the eighties: before that there wasn’t one anywhere, not in any of the houses, and people went to the tellyclub to watch TV.

In those days there used to be a lot of people – there are a lot of people who have photos –; we used to carry the saints that there are here in procession as far as Las Higueras, all lit up with candles along the road; and there were a lot of people. People from the farmsteads used to be there and others from La Carrasca; there were a lot of people. Then La Carrasca became extremely small ...

Greens, vegetables, they are eaten, but there are other places, even other areas of Spain, where they are eaten more. I remember that my father used to plant out a lot of crops: chick-peas, beans, broad beans, all sorts of things. We do the planting ourselves every summer. I plant a lot and I give produce to everyone. We plant the crops in Las Higueras. I plant some years here too, but in that case there are problems because the land is beside the road ... The cars used to come past and ...

The thing is that here, here in El Poleo and further up, there were always a lot of houses. When the water and electricity were connected, the people from the farmsteads moved here, because life was better here. There water and electricity were never connected and here there was water and everything else; they used to carry the water on mules. When I came here there were already properly surfaced streets, but previously the streets were just dirt tracks.

And the invasion by foreigners? For us it has been fine. I was glad that they came, because the houses were being left empty. It’s better that there are people. We all talk together and it’s fine. There haven’t been any problems for us. I don’t mind whether my neighbour is a foreigner or whether he’s Spanish. Perhaps there is less communication through not understanding [the language]. Young people speak a lot of English or they make a big effort, because if you want to travel around you have to have knowledge. And things aren´t the same as they used to be.’

Domingo

‘La aldea ha cambiado muchísimo: esto era más pequeño todavía. Eran muy pocas las casas que había aquí. Lo que pasa es que de gente que vivía en los cortijos que había fuera, en el campo, en lo que hoy se llaman casas rurales, algunos se vinieron a vivir aquí. Estas casas aquí, donde vive Manuel, donde vivía Miguel, aquella calle de arriba donde está el bar, cuando yo nací no existían.

Sí, yo nací en la aldea, en la casa en que vivían mis padres. Mis padres primero vivían en un cortijo y se vinieron y vivieron primero en lo que es la casería, y después vivían allí arriba, donde existía la escuela, allí mismo. Aquí, lo que es la zona esta, sí había cuatro o cinco casas juntas, y después cuatro o cinco casas dispersas. Esta casa sí estaba, ésta y esta calle metida para adentro; éstas son algunas de las casas más antiguas de la aldea.

Había una escuela en la que estábamos – unos quince niños – hasta los nueve años, porque aquí había lo que se llamaba la primera enseñanza. Había sólo una clase para todos los cursos. En aquel tiempo había una maestra, que no sé si vive todavía. La maestra no era muy estricta: no era de aquí y paraba en mi casa, en una habitación que le dieron mis padres. Y los niños se portaban estupendamente, claro. Tengo que mirar un día porque recuerdo que debe de haber todavía por ahí en mi casa, donde sea, algunos de los libros que había del tiempo de la escuela. ...

Vamos, venían unos grandes sacos de doscientos kilos o doscientos litros de leche en polvo; se lo daban a los niños y esa leche se disolvía en agua ... Y después de eso me fui ya a estudiar en Priego, de interno – en lo que es hoy en día en Priego la Casa de la Cultura, en la Calle del Río; aquello era entonces el Instituto de Fernando III el Santo. Y allí había alumnos internos y alumnos externos. Los de las aldeas y los de los pueblos de fuera estábamos de internos.

Aquí lo único que había era trabajo del campo. Se ganaba muy poco. Entonces, por ejemplo, la gente de mi edad o un poco mayores (los que tenían cinco o diez años más que yo), ésos emigraron mucho a Barcelona. Aquí de Barcelona no ha regresado nadie. En Las Higueras hay uno, Manolo.

Lo que es la luz eléctrica y el agua y todo eso, lo pusieron cuando yo tenía nueve, diez años. Y la carretera que había era de piedra – no estaba asfaltada. Ignacia tenía un bar y una pequeña tienda de cosas muy simples. Y normalmente venía para vender gente de fuera. Y, después de lo que te comenté, las personas de mi edad pues muchas de ésas fueron para hoteles, a Mallorca, a trabajar en la hostelería. Se iban por seis, siete meses y volvían y con ese dinero que traían se compraban unas tierrecillas, se compraban unas fanegas de tierra.

La primera vez que pusieron el agua aquí sólo pusieron lo que es el punto de la fuentecita esa que hay delante de mi casa, y se puso otro en la carretera que va hacia Priego, porque había un cortijo a mano derecha donde vivía el alcalde de allí, de la aldea; allí pusieron el punto de agua, y otro punto de agua lo llevaron abajo a La Carrasca. Pusieron ése, y otro en Las Higueras: detrás de la ermita hay otra fuentecita, igual que ésta. Y entonces fue lo primero que hicieron, y algún tiempo después después ya comenzaron a poner lo que era el agua en las viviendas.

Antes no éramos tan dependientes de los olivares como hoy en día. Antes había cereales; había olivar, pero muy poco. Empezó cuando la recolección del cereal se comenzó a mecanizar. El cereal se recolectaba manualmente, pero, cuando comenzó a mecanizarse el cereal, pues entonces aquí se dejó de sembrar, porque no era rentable que viniera aquí la maquinaria a recolectar aquello, puesto que eran parcelas muy pequeñas y entonces no merecía la pena. Y se empezó a valorar un poco más lo que era la aceituna. El olivar aquí era de secundario; se tenía, pero en muy pequeña cantidad y no como negocio, no como explotación.

Y luego todas las personas de mi edad, así pues, según llegaba el momento en que formábamos nuestras familias, todos empezamos a irnos de aquí. Yo, por ejemplo, me fui para Castil de Campos; me casé con una mujer que era de allí. Luego la mayoría, pues, se fueron a vivir a Priego, porque de verdad aquí no había vida ninguna. Entonces, claro, si la gente joven se va a vivir a otro lado, pues pasa lo que pasó aquí. Y luego, claro, empezaron a venir los ingleses y se empezaba a vender las viviendas ... yo, vamos, hasta que los ingleses vinieron para aquí, yo creía que éste iba a ser un pueblo desierto, como ha ocurrido allí abajo en La Carrasca [Véase, por ejemplo, la entrevista con Alicia y Rafael.] ... Yo creo que puede ocurrir.

Pues ¿por qué se han marchado algunos ingleses de aquí? ¿La familia? La llegada de los extranjeros, yo creo que ha sido muy positiva. La pena, eso, es que ya se hayan vuelto allí. Da pena: las grandes casas de los ingleses aquí – la mayoría son casas nuevas y algunas están desiertas y cerradas; los ingleses fueron una fuente de ingresos para aquí; la gente les vendió sus viviendas, lo de la construcción ... fue muy positivo para la aldea. Por otra parte, yo creo que la mayoría no se han integrado muy bien, primero por falta de dominio de la lengua y luego por la forma de ser de las personas de aquí. La gente de aquí no se ha abierto al extranjero; son gente muy cerrada, ¿no? Yo no se han abierto a los que han venido de fuera.

Yo considero que es un lugar muy bueno para la gente jubilada que busque la tranquilidad y que no tenga hijos pequeños. Pero para la gente joven aquí la vida es muy dificultosa, porque para cualquier cosa tienes que ir a Priego. Yo personalmente considero que sí [que el número de habitantes seguirá cayendo]. Por desgracia hay poco trabajo, cada vez menos, porque el trabajo del olivar ahora se está mecanizando más y se necesita menos mano de obra.

Entonces, ¿qué le diría a esta señora que está considerando si comprar una casa en Priego o si venir a vivir a El Poleo? Pues yo le diría que viniera a vivir aquí a la aldea, con nosotros. Claro. Pero si viene sola a vivir aquí va a haber demasiada soledad, ¿no? Pero no creo que, por el hecho de ser mujer, fuera a tener más problemas de convivencia; al contrario, a lo mejor tendría menos. Lo que pasa es que a lo mejor se encontrará demasiado sola; aquí no podrá entablar una conversación con cualquiera sobre demasiados temas. Los temas de conversación son muy reducidos. ...

... Antes, si querías hacer en tu casa una pequeña reforma, no había que pedir permiso; no pelear con tanta gente de tanta normativa. Primero porque no lo hubiesen admitido las personas por su manera de vivir, por la mentalidad que tenían. Ellos sabían trabajar y poco más. No admitían que nadie viniera imponiéndoles tantas normas ... Estoy seguro que aquí hay muchas casas que no tienen escritura, porque la mayor parte de la aldea, donde ahora está asentada la aldea, era territorio, digamos, del gobierno; se llamaba la realenga, territorio que no era de nadie en particular. ... Entonces se han asentado con su casa, pero no hay escrituras. En la mayoría de los casos, si tienes tu escritura es porque no quieres.

La vida aquí durante la crisis ha seguido llevando el mismo ritmo que llevaba antes de la crisis, porque aquí nunca se ha vivido con grandes excesos ni con grandes ... La gente sigue viviendo más o menos igual. Si alguna persona se encontraba un poco agobiada, la familia la apoyaba; eso se va perdiendo mucho también. Cuando yo era pequeño, ya no sólo la familia sino los vecinos, si cualquier persona en la aldea quería hacer alguna cosa, pues todos los vecinos de la aldea la ayudaban, todos; y seso se ha perdido por completo ... Y aquí también sucedieron una serie de hechos tontos que dividieron a la gente de la aldea ...

Aquí lo ideal sería pues, que una familia de aquí, igual que el bar de las Higueras, tuviera en su propia casa un pequeño local para que pudiesen reunirse las personas – ¡y ya está!’

Domingo

‘The village has changed a great deal; this was smaller, there were very few houses here. The thing is that of the people who lived in the farmsteads, outside the village, in the countryside, in what today are known as “rural holiday homes”, some came to live here. These houses near here, where Manuel lives and Miguel used to live, didn’t exist when I was born, nor did the street up at the top, where the bar is.

Yes, I was born in the village, in the house where my parents used to live. At first my parents live in a farmstead and then they came and lived, first in what is in fact the Farmhouse and later up there, where the school used to be – right there. Here, in this area, there were indeed four or five houses close together and then there were four or five houses scattered around. This house was here, this one, and the street that continues past it; these are some of the oldest houses in the village.

There was a school where we –about fifteen children – studied, because here there was what is called primary education. There was just one class for all the years in the school. In those days there was a lady teacher; I don’t know if she is still alive today. The teacher wasn’t very strict; she wasn’t from here and she stayed in my house, in a room that my parents provided her with. And the children behaved extremely well, of course. I must look one day because I remember that somewhere in my house there are some of the books that date from when the school existed ...

Well,we used to receive huge bags of two hundred kilos or two hundred litres of powdered milk; it used to be given to the children, dissolved in water ... And after that I then went to study in Priego as a boarder ... in what nowadays in Priego is the Cultural centre, in the Calle del Río; at that time it was the Fernando III el Santo secondary school. There were both boarders and day pupils. The children from the hamlets and villages out of town were there as boarders.

Here there was nothing more than work in the fields. People earned very little. At that time, for example, the people of my age or those who were a bit older (those who were five or ten years older than I was) in many cases moved away from here to Barcelona. Nobody from Barcelona has come back here. In Las Higueras there is one man who has done so: Manolo.

With regard to electricity and water and all of that, it was installed when I was nine or ten years old. And the road that existed then was made of stone and had no tarmac. Ignacia had a bar and a small shop that sold simple things. And people from outside the village used to come in to sell things. And after what I was just telling you about, of the people of my age several went away to hotels in Mallorca to work in the catering business. They went off for six or seven months and came back and with the money that they brought with them they bought small plots, a few fanegas, of land.

The first time that a water supply was connected here they just provided the one from that little fountain in front of my house and another was installed on the Priego road, because there was a farmstead there on the right-hand side, where the local mayor lived, so they installed the water supply there and they set up another one down below in La Carrasca. Another was installed in Las Higueras: below the chapel there is another little fountain, just like this one. And at that time that was the first thing they did, and it was some time later that they began to install a water supply in the houses.

We used not to be so dependent on the olive groves as we are today. There used to be cereal crops; there were olive groves, but not many. It began when the harvesting of the cereals began to be mechanised. They were harvested by hand, but, when they started to be harvested mechanically, well then people here stopped planting them, because it wasn’t viable to bring the machines here to do the harvesting, since the plots of land were very small and it was no longer worthwhile. And people started to appreciate rather more the value of the olive. The cultivation of olives here was of secondary importance; people had olive trees, but in small numbers and not as a business, not for exploitation commercially.

And so all the people of my age, when the time arrived when we were forming our own families, we all began to leave the village. I, for example, went off to Castil de Campos and married a woman from there. Then most, well, they went to live in Priego, because here really there was no sort of life at all. Then, of course, if young people go somewhere else to live, well what happens is what happened here, and then, of course, the English started to arrive and people started to sell their houses ... And really, until the English came here, I believed that this was going to be an abandoned village, as has happened down there in La Carrasca [See, for example, the interview with Alicia and Rafael.]... I believe that it may happen.

Well, why have some of the English left here? Because of their families? I think that the arrival of the foreigners has been very positive. The pity is that they have now gone back home. It is sad: the big houses belonging to the English here – most of them are new houses and some are empty and locked up; the English were a source of income for people here: people sold their houses and then there was income from building. It was very positive for the people here. On the other hand I think that they haven’t integrated very effectively, firstly because of a lack of control of the language and secondly because of the character of the people here. People here haven’t opened up to the foreigners; they are rather hard to get to know, aren’t they? And they haven’t really been accessible to people who have come here from outside.

I consider that this is a very good place for retired people in search of tranquility and without small children. But for young people here life is quite a problem, because for anything at all you have to go to Priego. Personally I think that the number of inhabitants will indeed continue to fall. Unfortunately, there isn’t much work, there is less and less, because more of the work in the olive groves is now being carried out mechanically and labour is less important.

What would you say, then, to this lady who is considering whether to buy a house in Priego or whether to come to El Poleo to live? Well; I would tell her to come and live here in the village, with us. Of course. But if she comes to live here alone, don’t you think that there will be a bit too much solitude? On the other hand, I don’t believe that, just because she is a woman, she would have more problems getting on with people. The thing is that probably she will find herself too much alone: here she won’t be able to get into a conversation with just anybody about a wide range of subjects; topics of conversation are very limited.

... Previously, if you wanted to carry out some small building job on your house, there was no need to obtain permission; you didn’t have to struggle with so many people about so much red tape. This was first and foremost because people, on account of the way they were, because of their way of thinking, just wouldn’t have allowed it to happen. They knew how to work and not much more than that. They didn’t accept that people could come and impose so many controls on them. ... I am sure that here there are several houses that don’t have deeds, because most of the village, the area now occupied by the village, was land which belonged, let’s say, to the state; it was known as realenga [‘crown land’], land that belonged to no particular individual. ... The people settled on it in their own houses, but there are no deeds. In most cases, if you have no deeds, it’s because you don’t want to have them.

Life here during the economic crisis has continued in much the same way as previously, because here people have never lived with great excesses or ... People continue to live in more or less the same way. If in the past a person was going through a difficult time, the family supported them; that is dying out as well. When I was small, not just the family but also the other residents of the village all helped out if any person in the village wanted to achieve something. And now you don’t see that at all... And here too, there occurred a series of crazy events that divided the people of the village.

Here, what would be ideal, then, would be for a family from here, just as they’ve done in the place in La Higueras, to have a small bar so that people could get together – yes, that’s it!’

Enrique

‘Yo nací en La Carrasca, a medio kilómetro de El Poleo, y mi padre nació en una casa allí. Me trasladé a El Poleo, seguramente chico, porque por entonces en la aldea, en una casa allí enfrente que tiene una valla de jardín, allí estaban los soldados; los soldados estaban allí, que es cuando jugaban al fútbol con los chuscos, los bollitos de pan. En la casa donde usted vive, según yo tengo entendido, en ésa había viviendo tres familias. Esas son las casas más antiguas, pero las han restaurado: ¿No hay un callejón allí? Pues una que está en la plaza, que tiene una terraza muy grande por delante, pues ésa era de un hermano mío.

Le voy a decir las casas más antiguas que había. La más antigua que hay, es cuando suben a la cuesta arriba, a la derecha – ésa es la primera de las antiguas. Por delante de ésa, antiguamente había un horno, y se majaba el yeso con un mazo – pegándole porrazos; y luego la donde usted vive, y luego otra donde hay un callecillo: ésa es antigua también. Y luego hay otra que han restaurado como más grande, antigua. La casa en que vivía mi hermano, antigua, con la terraza que había delante, y allí puso unos árboles.

¿Y las partes nuevas de la aldea? Allí, arriba, todas son nuevas, y donde está ahora la iglesia allí había antiguamente una pequeña cruz, una pequeñita cruz. Donde está la iglesia, en esa calle que hay allí pegando a la iglesia, lo araban con un mulo y una yunta. Luego en otra calle había la escuela, en la calle donde está la fuentecilla. Había pocos niños porque entonces había menos viviendas.

¿La escuela? Yo fui a la escuela para irme a la mili, para aprender algo para escribir una carta. ¿Analfabetos? Sí, la mayoría. Yo estaba en un cortijo en aquellas fechas; guardaba cerdos, guardando cerdos para comer algo. Antiguamente, allí arriba, donde está el depósito de agua, allí había tres o cuatro viviendas. Esos vecinos tenían chiquillos y eran todos los que venían a la escuela; o los cortijos – ésos que van para Priego – los hijos de los que vivían allí venían para la escuela.

Y antes había un abrevadero, y eso de El Poleo que le digo, eso viene de lo alto, eso lo llaman la realenga y se ha perdido; y venía una piara de doscientas o trescientas cabras a la fuente; al abrevadero. Y había yeguas. También en la sierra había tres piaras o cuatro de ganado. Allí venían a beber agua. Y ahora han puesto olivos y una cerca; pero eso fue la realenga.

Desde entonces la aldea se ha transformado. Para subir la cuesta arriba era todo de piedra. Las casas eran empedradas, con piedra sola.

Y cuando hacían la matanza la hacían dentro de la casa y participaba todo el mundo; de una casa a la otra.

Y había muchos apodos: los primeros los llamaban por apodo “los Periquilllos”; otros “los Carpinteros”; otros “los Curros”; otros “los Quemados”.

Había un bar en la casa de Ignacia; esa casa es antigua también – tiene portalillo. Venía la gente de los cortijos y se bebía vino, porque eso es lo que había: vino y aguardiente. Y allí solía haber unos cuantos ricos; algún capitalazo. Había cuatro ricos ... pero ahora las tierras están repartidas y las tienen los pobres.

Entonces, ¿a quién pertenecía la tierra? La mayoría de ellos han muerto ya. Había señoritos, claro, en los cortijos. Si va para Priego, donde hay unos pinos a la izquierda, eso era un cortijo ...

Yo creo que antes la gente se divertía más que ahora, porque se formaban unos bailes. Lo que pasa es que me acuerdo que formaban unos bailes y en el bar tenían media arroba de vino y algunos se bebieron mucho vino y pegaron un palo al candil y se acabó la luz y el baile.

La gente trabajaba en el campo. Yo me acuerdo que cogía aceitunas y ganaba cinco pesetas – muy poquillo – me pagaban en jornadas y en vez de pagarte como hombre te lo pagaban como mujer ... Todo el día, desde que amanecía hasta que anochecía; pesaban los sacos de aceitunas con la romana. ‘Al destajo’ se llamaba aquello: una miseria, una miseria francamente.

Cuando vino la guerra, fue una crisis muy mala. No sé si fue en el año 1945 ... o 1943. Yo, cuando vine de la mili, lo primero que hice ... me apunté para Alemania, a trabajar. Diez meses estuve allí, en Alemania, y después estuve otros diez en Francia – y había que ir con papeles. Sólo hablaba cuatro palabras sueltas de esas lenguas. En Mallorca me he tirado todas las temporadas. La verdad: en Mallorca he ganado más dinero que en Francia o en Alemania. Llegábamos en barco y te llevaban a trabajar – trabajaba en la construcción y hacíamos apartamentos. Y ganábamos más dinero allí que en el otro lado. Yo invertí en tierra – dos fanegas. Tengo allí en el término de El Poleo una fanega, y otra en la aldea de Las Higueras.

¿Cuánto tiempo estuvo viviendo en El Poleo? Pues, desde que vendí la casa llevo diez, once años viviendo aquí [en Castil de Campos]. Mi abuela, en la casa en que yo vivía en El Poleo, ésa murió allí. Por cierto fue al lavadero que hay abajo y se quitó la ropa que tenía para lavarla en la fuente y cogió frío, y entonces llevó una pulmonía ... Por eso digo que mi casa era muy antigua, porque vivieron allí mis abuelos. Teníamos en la casa un par de perdices, cinco perros, seis, para cazar. Allí, ahora, en casa, han hecho piscina. La mía: donde han hecho la piscina, yo tenía seis galgos ...

¿Por qué no quiere venir más gente a vivir aquí en el campo? Yo no sé. Aquí, en esta aldea misma [Castil de Campos], aquí, hay un montón de casas vacías. Aquí se vive estupendamente y en El Poleo mejor todavía. Pero murió mi madre y me quedé solo y yo tenía sobrinos aquí. Me compré una casa y me vine aquí, aunque me gustó aquello [El Poleo] más que esto. Allí salía adondequiera – bueno, hoy no está igual: la cerca aquella de pinos y una cerca que hay arriba, de vallas, eso no estaba. ... Antes nos juntábamos los vecinos por la noche para charlar. ... Yo me acuerdo que los que éramos de El Poleo, en las noches de calor, donde ahora esa casa tiene una piscina delante, pues había una era y había unos chaparros, y en la era íbamos por la noche a dormir al fresco ... y luego se colgaba la manta en las ramas del chaparro y se dejaba allí.

Y había dos barecillos, dos. En los últimos años, en la punta de las casas del todo, en la última de las casas que hay en esa calle, un muchacho que se llamaba Felipe, ése tenía un barecillo. Había tres panaderos, tres, y luego iba también el carnicero. Entonces no había coches. Ahora, si alguien necesita algo va a Priego y lo trae. Pero antiguamente ...

Durante la guerra yo no estuve en El Poleo. Vivía en una pequeña aldea: La Carrasca. Teníamos allí una finquilla y vivía allí con mi madre, que en paz descanse. “¡Que vienen!”, gritaban, e íbamos corriendo para El Poleo y otras veces un cortijo en lo que llamaban la Sierra de las Cuevas y la cueva esa que llaman “La Cueva de los Mármoles”, otras veces para Almedinilla; y cuando eso se acababa nos volvíamos. ...Sí, la Cueva de los Mármoles. Ahora no, pero antiguamente en la Semana Santa, se iba la gente a ver la Cueva y a pasearse. ... Y yo me acuerdo de que cuando corríamos a El Poleo, en la casa esa de los pinos, allí estaban los soldados.

Los rojos eran del río para allá – ¿sabe usted? El río que va para abajo, ¿no? – Aquello era de los rojos y el río marcaba el frente. Por eso, cuando venían, había que correr para arriba. ... Ya no me acuerdo, pero uno se metió en un pajar que era para los animales, y lo mataron. En la guerra mataron a muchos. A mi padre lo mataron. A mi padre le mataron. En El Poleo decían que donde le mataron sería en el frente, pero cuando estaba en El Poleo lo mataron, porque él estuvo con ellos. Entonces vivía yo en La Carrasca y tenía dos añillos, por ahí. Y entonces se cazaba ... hoy hay que tener una licencia y ... y estuvo con los soldados. Dijeron “vamos a hacerle pasar un susto”, y una bala lo atravesó.

Ha cambiado mucho El Poleo. Sí, han venido muchos extranjeros. La casa que tiene usted antes era de Juan y Cristina, que antes tuvieron una casa en Las Higueras. Yo me llevaba bien con ellos porque hemos ido de viaje, y ellos hablaban también el español. Ellos se fueron. En mi casa la primera vez que vino un extranjero, fue un alemán, que me parece que han ido a Murcia, ¿no? Pues el alemán, ellos fueron a mi casa y me dieron cuatro millones de pesetas – hablamos de pesetas, ¿no? Pero no la vendí; la vendí en ocho – cuatro me las gané. Pero si me hubiera resistido, me hubiera valido catorce o quince, porque la que me compró la casa, es que le gustó. Yo no sé si la habrán reformado, porque era de madera todo, los suelos de yeso, los escalones de madera ... le gustó mucho; y subía arriba, la miraba, y volvía otra vez, y subía ...

Y de El Poleo se han ido muchos de los que vivían allí. Allí se han quedado pocos. La casa de mi hermano, la que tiene la terraza por delante, la terraza que está enfrente de la iglesia. Mi hermano la vendió mejor que yo, a unos ingleses.

¿Y cómo ves el futuro de El Poleo? El Poleo, el que tenga para vivir, que le guste la naturaleza, bien ¿no? Allí se vive tranquilo.’

Enrique

‘I was born in La Carrasca, half a kilometre away from El Poleo and my father was also born in a house there. I moved into El Poleo, no doubt when I was still small, because at that time in the village, in a house opposite that is surrounded by a garden fence, that’s where the soldiers used to be. The soldiers were there, because that is when they used to play football with a piece of bread, with balls of bread. In the house where you live, as I understand it, three families lived. Those are the oldest houses, but they have been done up. Isn’t there a little lane down there? A house that stands in the square, which has a large terrace out in front of it, well, that house used to belong to a brother of mine.

I’ll tell you about the oldest of the houses that used to exist. The oldest one there is, is when you go up the hill, on the right – that is the first of the old ones. In front of that one, previously there used to be an oven, and they used to pound the gypsum with a mallet; and then there is another house where there is a tiny street; that one is old too. And then there is another which has been restored and made into a bigger house. The house where my brother lived was an old one, with its terrace in front, and he planted some trees there.

And the new parts of the village? Up there, all of them are new, and where nowadays the church stands, there used to be a little cross, a tiny cross. Where the church now stands, in that street that runs next to the church, they used to plough that bit of land with a mule, with a yoke. Then, in another street, there was the church, in the street where the fountain is. There weren’t many children, because at that time there weren’t as many houses.

The school? I went to the school in order to be able to go off and do my military service – in order to learn enough to be able to write a letter. People who couldn’t read or write? Yes, that was most of them. I was working in a farmstead at that time, looking after pigs so as to earn enough to be able to eat. Up there, where the water deposit is, there used to be three or four houses. The families who lived there had young children and all of them used to come to the school; and the farmsteads, too, – the ones on the way to Priego – the children of the people who lived there used to come to El Poleo to go to the school.

And in the past there used to be a watering place for animals, and the bit of El Poleo that I am telling you about runs down from the top of the hill; it used to be known as the realenga [Crown property, a kind of common land], something which has disappeared now; a herd of two or three hundred goats used to come down to fountain, to the watering place. And there used to be mares, too. Also up in the hills there used to be three or four flocks of sheep. They came down to drink water. And now they have planted olive trees and erected a fence; but that was the realenga.

Since then the village has been transformed. When you went up the hill it was all cobbles. The houses were just of stone.

And when they carried out the slaughtering of the pigs it was done inside the house and everybody was involved; people went from house to house ...

And there were a lot of nicknames; one family were known as the “Periquillos” [‘the Budgies’]), others as the “Carpinteros” [‘the Carpenters’], others the “Curros” [a nickname given to people called Francisco], and others the “Quemados” [because a member of the family had a mark like that of a burn].

There used to be a bar in Ignacia’s house. That is an old house too – it’s got a little porch. The people used to come in from the farmsteads and drink wine, because that is what there was: wine and brandy. And a few well-off people used to turn up and the occasional really rich one. There used to be four wealthy men ... but now the lands have been divided up and are in the hands of the poor people.

Who did the land belong to then? Most of them have died by now. There were people with money, of course, in the farmsteads. If you go towards Priego, where there are some pine trees on the left, that was one of the farmsteads.

I think that people used to enjoy themselves more than they do now, because they used to get together and dance. The thing is that I remember how they got together for a dance and in the bar there was half an arroba (about eight litres) of wine and some people had too much to drink and knocked into the lamp and that was the end of the light and of the dance.

People used to work in the fields. I remember that I used to pick olives and earned five pesetas – a tiny amount –, I was paid by the day at one time and instead of paying you at a man’s rate they paid you as a woman. ... All day, from the break of dawn until it got dark, and they used to weigh the bags of olives on a balance. Now, that was known as piece work; a pittance, to tell the truth, you were paid a pittance.

When the war came it brought very serious hardship. I don’t know if this was in 1945 ... or in 1943. When I came back from doing my military service, the first thing I did was to put myself down on the list to go to Germany to work. Ten months I spent there, in Germany, and afterwards I spent another ten months in France – and you had to go with your papers in order. I just spoke a smattering of those languages. Then in Mallorca I spent season after season. The fact is that I earned more money in Mallorca than in either Germany or France. We got there by boat and they took you off to work; I was working in the building industry and we were working on apartments. And we earned more money there than we did elsewhere. I invested my money in land – I bought two fanegas. [Enrique defined a fanega as enough land to plant about 55 olive trees]. I’ve got one fanega there within the boundaries of El Poleo and another in the village of Las Higueras.

How long were you living in El Poleo? Well, I’ve been living here [in Castil de Campos] for ten or eleven years since I sold the house. My grandmother, in the house I lived in El Poleo, well, she died there. What happened is that she went down to the wash-house and took off the clothes she had in order to wash them in the fountain and she caught a chill. The she got pneumonia ... And that is why I can tell you that it’s an old house, because it’s where my grandparents lived. In the house we had a couple of partridges and five or six dogs used for hunting. Now, there in that house, they have put a swimming pool. In the house that was mine: where they have put the swimming pool I used to keep six greyhounds.

Why don’t more people want to come and live here in the countryside? I don’t know. Here, even in this village, here, there are a large number of empty houses. Life is great here and in El Poleo it’s better still. But my mother died and I was left alone and I had relatives here. I bought a house and I came here, although I liked the other place (El Poleo) more than I did this one. There I could go out and go anywhere – well, nowadays it isn’t the same; that row of pines along the edge and the fence enclosing the land at the top, none of that was there ... In the past the inhabitants of the village used to get together in the evenings to chat ... I remember how those of us who were in El Poleo, on the warm nights, where now that house has a swimming pool outside it, well there was a threshing floor and there were some dwarf oaks; we went out onto the threshing floor at night to sleep in the open ... and then we used to hang our blankets in the branches of the oaks and leave them there.

And there used to be two bars, two. In the final years, right up at the end of the row of houses, in the last house in that street, a young chap called Felipe used to have a little bar. There were three bread vans, three, and then the butcher used to come as well. There weren’t any cars then. Now, if anybody needs something they go into Priego and bring it back. But in the past ...

During the war I wasn’t in El Poleo. I was living in a little village, La Carrasca. We used to have a little farm there, where I lived with my mother, may she rest in peace! “They’re coming”, they used to shout and we would run off towards El Poleo and on other occasions to a farmstead situated on what used to be called “the Hill of the Caves” and that cave which people call the “Cave of Marbles”; and at other times we made for Almedinilla; and when it was over we would make our way back. Yes, the Cave of Marbles. It doesn’t happen now, but in the past, in Holy Week, people went up to see the Cave and to go for a walk. And I remember that when we used to run up to El Poleo, in the house with the pines, that is where the soldiers were.

The “reds” were on the other side of the river, you know? The river runs down below, doesn’t it? That area was in the hands of the “reds” and it was the river that marked the front. That is why, when they came over, we had to run up ... I can’t remember now, but one of them got into a hayloft that was for animals, and he was killed. In the war a lot of people were killed. My father was killed. My father was killed. In El Poleo they said that the place where he was killed must have been on the front, because he was killed when he was in El Poleo, because he was with them. In those days I was living in La Carrasca and I was just two years old, something like that. And in those days people used to go out hunting ... nowadays you need to possess a licence ... and he was with the soldiers. They said, “Let’s give him a bit of a fright” and a bullet went straight through him.

El Poleo has changed a lot. Yes, a lot of foreigners have come here. The house that you’ve got belonged previously to Ian and Christine, who before that had a house in Las Higueras. I used to get on with them well because we went off on a holiday together, and they spoke Spanish too. They left. In my house the first time that a foreigner came it was a German, who I think went to Murcia. Is that right? Well the German ... they went to my house and offered me four million pesetas [about 25,000€] – we’re talking in terms of pesetas, right? But I didn’t sell it; I sold it for eight million and so I made an extra four million. But if I had held out, I could have asked for fourteen or fifteen million, because the lady who bought the house from me, well, she liked it. I don’t know if it has been restored, because it was all of wood, with the floors made of plaster and all the steps of wood ... She liked it a lot; and she was going upstairs, looking at it, coming back down and going upstairs again.

And a lot of the people who used to live in El Poleo have left. Not many have stayed there. My brother’s house, the one with the terrace in front of it, the terrace opposite the church. My brother got a better price for it than I did for mine. He sold it to some English people.

And how do you view the future of El Poleo? El Poleo, for someone who has enough to live on and who likes nature, well, it’s fine, isn’t it? There you can live in peace.’

Estefanía y Antonio

Habla Antonio ...

‘Hará en agosto aproximadamente cuatro años que vivo en esta aldea, desde que nos hicimos propietarios de nuestra casa. Pero Estefanía, mi pareja, se ha criado aquí desde que nació, en la casa en que vivimos ahora.

¿Habéis reformado la casa? Estamos en ello. Poco a poco lo vamos haciendo, cuando nuestra economía nos lo permite.

¿Ha cambiado la aldea en ese tiempo? Bueno, no sabría decirte. La gente, sí lo veo, va y viene. Pero lo que ha cambiado es en relación con la fiesta. En la fiesta veo poca unión y cada vez menos. Cuando llega la fiesta, parece que la gente tiene poco interés. Debemos buscar un cambio: para cambiar, deberíamos – a lo mejor no hacer cosas nuevas – pero lo que se haga, que se haga con transparencia, porque, por lo que he oído, siempre ha habido ahí un conflicto que no ha sido transparente. Todo esto ha ocurrido antes de que yo llegara.

Aparte de eso, lo que yo creo que deberíamos luchar, y Estefanía también, como alcaldesa, que este año va a salir – lo intentaré, yo voy a probar – , si no, quien salga tendrá que luchar por que aquí se haga algún tipo de recreo por el cual nos podamos entretener. Lo veo más que conveniente; porque no tenemos ningún espacio donde se pueda andar tranquilamente o donde botar una pelota, o una mesa de ping-pong, donde nos podamos disfrutar todos. Sobre todo para la gente mayor: también habrá que buscar algo que puedan ellos realizar. Deberíamos tener actividades que se puedan realizar entre la mayoría, o instalaciones de las que la gente pueda disfrutar, entre los que estamos y los que en el futuro puedan venir. Una cosa que me gusta a mí es el ping-pong ... y la gente se va animando cuando va viendo a los demás.

¿Sería posible atraer a jóvenes a la aldea? Pues la verdad es que, en un principio, en general, creo que no. Siempre hay gente que le guste y que lo aprecie, y para venir a vivir en el lugar donde vivimos hay que apreciarlo. Pero para atraer a la gente es complicado porque, para cualquier cosa, los jóvenes, se necesita movimiento. Siempre se necesita un vehículo para moverse. ... Si yo, por ejemplo, treinta años que tengo, ... como quien dice, estamos comenzando y vamos a tener algún bebé, si todo sigue en marcha ...

Entonces, ¿cómo ves el futuro de la aldea? Yo procuro ser positivo, y lo veo positivo, pero, si veo jóvenes, lo veo ... veo mal, lo que se está formando.

Pero la gente extranjera, ... gente de la ciudad o algo: lo veo más como un lugar de recreo. Yo creo que sí. De escapada. ¡Venga, me voy un mes! Porque la gente aquí, todo el año, tiene que ser muy activa.

¿Se podría poner otra Casa Miranda [una casa rural o pensión que existía en El Poleo hace algunos años], por ejemplo? Yo creo que más que eso funcionaría la casita rural, el alquiler de casas. Hay muchas casas que no están aprovechadas durante todo el año.

Y los extranjeros, ¿por qué se van? Por lo mismo. Yo creo que están acostumbrados a esa monotonía que estanca; no hay movimiento; la gente se aburre – no hay actividades. Normalmente, veo poca relación, pocas oportunidades para estar juntos.

¿Un bar? Pero hay que pensar en el que monta el bar. Porque al haber tan pocos habitantes, ¿cómo se le hace rentable, viable, el negocio?

Pero en tu opinión, ¿esto tiene futuro? Yo creo que sí.’

Estefanía y Antonio

Antonio is doing the talking ...

‘In August I will have been living in this village for about four years, since we became owners of our house. However, Estefanía, my partner, was brought up here from the time of her birth in the house in which we are now living.

Have you restored the house? We are working on it. We are doing it bit by bit, as and when our financial position allows.

Has the village changed during that time? Well, I couldn’t really say. I can see that people come and go. But what has changed has been with regard to the fiesta. In the fiesta I can’t see much community spirit, and there is less and less. When the fiesta comes around, it seems as if people aren’t particularly interested. We must find a way to change; and in order to bring about a change we should – well probably not do new things – but, whatever is done – it must be done with transparency, because, from what I have heard, in the background there has always been a conflict which hasn’t been transparent. All of this happened before I arrived on the scene.

Leaving that aside, what I believe we should struggle to achieve, and Estefanía too, in her position as mayoress of the village, which she is going to give up this year – I will give it a try, I’m going to have a go – but, otherwise, whoever is elected will have to make a big effort to ensure provision of some kind of recreation through which people in the village could have some entertainment. I see this as being highly desirable, because we have no area where it’s possible to go for a relaxing walk or bounce a ball around, and no table tennis table, where all of us could have fun. Above all for the older people: we will also have to find some activity that they can be involved in. We ought to have activities that most of us can take part in or activities that people can enjoy, those of us who are here now and those who will come here in the future. Something that I enjoy personally is table tennis ... and people start to become enthusiastic as they see others taking part.

Would it be possible to attract young people to the village? Well the truth is that, in principle, in general terms, I don’t think so. There are always people who like it and who appreciate it, and to come and live in the place where we live you have to appreciate it. But attracting young people is a complicated business because for anything at all, if you are young, you need to get about. You always need a vehicle to get about ... If I, for example, at the age of thirty now, as people put it, we are just starting out and if we have a child, if everything carries on ok ...

So how do you see the future of the village? I try to be positive and I see it in positive terms, but, if I look at young people, the picture I get of what is happening is not a good one.

But people from outside, ... people from the cities or somewhere: I see it more as a place for enjoyment. Yes, I think that’s it. Somewhere to get away from it all. Hey, yes, I’ll go for a month! Because people here, all year round, need to be very active.

Would it be possible to set up another Casa Miranda [a guest house that used to exist in El Poleo], for example? I think that, rather than that, what would work would be holiday cottages, property to rent. There are a lot of houses that are not made use of throughout the year.

And why are the foreigners leaving? For just the same reason. I think they become used to that monotony through which things stagnate; there’s no movement; people get bored – there are no activities. Usually, I can’t see people getting involved in anything together, or many opportunities for them to be together.

A bar? But you have to think of the person who sets up the bar. Because since there are so few people living here, how can the business be made viable or financially worthwhile?

But, in your opinion, does this place have a future? Yes, I think it does.’

George y June, Mark y Debbie

Ahora George y June han regresado a Inglaterra y han vendido su casa a su hija y su yerno, Mark y Debbie.

‘Durante el tiempo que llevamos aquí, es evidente que se ha producido un cambio demográfico, ya que cuando llegamos la gran mayoría de los vecinos eran españoles – a lo mejor once o doce familias españolas en comparación con unas cuatro familias de inmigrantes de origen británico. Y por supuesto ahora todo es al revés: hay unas cuatro familias españolas e – incluyendo las casas de vacaciones – probablemente hay once o doce personas de origen británico ...’

George describe cómo unos agentes inmobiliarios, un constructor y los dueños de una pensión colaboraron para atraer a visitantes británicos y convencerles de que compraran y reformaran, o que construyeran, casas en la aldea.

‘... Muchos de los españoles se han marchado. A algunos quizás no los conozcáis vosotros: Rosario y su marido, que vivían en la casa que pertenece a John Wilmore, ¿verdad? Y luego donde viven Brian y Sue, allí había un matrimonio español, y éstos poseían dos o tres casas en la aldea. Se marcharon porque se hacían mayores y tuvieron que irse; se trasladaron a Priego donde disfrutarían de mejores servicios. Así que, a medida que ellos fueron abandonando la aldea, ya no quedaba una mayoría de españoles nativos en la aldea – al principio había habido once familias españolas y cuatro familias británicas, pero llegó a haber once familias británicas y cuatro españolas. Éste es el principal cambio que hemos visto.

¿Éste es un buen lugar para vivir? Me parece que es un lugar muy agradable, pero hay que hacer un esfuerzo por integrarse en la comunidad local. Entonces había muchos más españoles, y nosotros sí que intentamos integrarnos y lo primero que hicimos ... – sin ninguna razón particular, no sabíamos que Ignacia era la matriarca – pero vimos que necesitaba alguna ayuda y asistencia; y, siendo cómo somos, le dimos esa ayuda y esa asistencia e hicimos lo que pudimos – no lo digo para intentar dar la impresión de que sea algo muy especial – pero aun en aquellos días ella tenía problemas con las piernas; esto ocurrió hace ya unos ocho años. Para entrar en la casa ella tenía un escalón enorme – así de alto – y yo le dije a Amador [el constructor]: “Queremos ayudar a esta señora. Es lisiada y no puede subir a este escalón, así que ¿podrías hacer dos escalones más pequeños y ponerle una barandilla?” Ahora buen, no comprendíamos qué efecto tendría en las familias españolas el hecho de que nosotros hiciéramos ese pequeño trabajo para ayudar a Ignacia; a partir de entonces vimos que había gente – españoles – en la aldea con quienes nos llevábamos bien, así que trabamos amistad con ellos.

Y lo mejor que ocurrió – fue el quincuagésimo aniversario de nuestra boda . Llevábamos poco tiempo aquí, ¿verdad? Invitamos a la aldea entera y pusimos un “buffet” muy agradable con todo tipo de tapas y un barecillo. Invitamos al constructor, que nos había hecho un trabajo muy bueno, y a José María el fontanero, y a todos los habitantes de la aldea que quisieran asistir. Algunos no asistieron porque de hecho en aquella temporada estaban trabajando cogiendo aceitunas. ... Yo quiero decir a propósito de esto que los ingleses dijeron: “Pues no asistirán.” Así que yo dije: ‘Si no vienen, no vienen.’ ... Sí, es verdad que lo dijeron: “Los españoles no asistirán, no asisten nunca.” Pero sí que asistieron y en algún lugar tenemos una foto que demuestra que es verdad – me parece que la tenemos en casa. Así que sí, en cuanto a nosotros, nos llevamos muy bien con la gente de la aldea. E incluso los que se han marchado ya: Gloria y su marido y Rosario – a lo mejor ésta era la segunda matriarca de la aldea.

Así que ¿en vuestra experiencia ha resultado bastante fácil haceros amigos de los españoles? Incluso ahora – en esta ocasión llevamos sólo unos pocos días aquí – Felipe y Casi nos traen todo tipo de regalos: huevos, pasteles, aceitunas, limones. Y José – el hijo de Ignacia – , en cuanto supo que estábamos aquí, vino a abrazarnos calurosamente y a darnos la bienvenida y dentro de unos minutos nos ofrecía pasteles. Total que yo no puedo decir otra cosa excepto que los españoles se han portado estupendamente son nosotros, y Manuel y su mujer han sido magníficos ...’

‘Voy a acortar la entrevista y dirigir esta preguntas a los recién llegados a la aldea, Mark y Debbie. La pregunta que quiero haceros, entonces, es: ¿qué concepto tenéis de la aldea? Pues, para mí, creo que hemos recibido la misma acogida calurosa que recibieron mis padres y, desde el momento en que los españoles supieron que íbamos a guardar la casa dentro de la familia, nos han recibido con un cariño que nos resulta increíble. Cada vez que hemos venido nos han regalado cosas... productos de la tierra, tomates, todo tipo de cosa – estas cosas han aparecido constantemente. Y “¿Cómo está George?”, “¿Como está Junio?”, “¿Cuándo vienen?”, “¿Cuándo van a regresar?” Nos han dado una acogida incondicional y sin reservas, todos. Han sido un encanto. ...

... No creo que se trate sólo de regalos y de cosas así. Parece que les agrada de verdad verte y que están encantados de darte una acogida calurosa. Y hay muchos abrazos y besos – sabes – y le encanta a la gente verte en la aldea y verte disfrutando de ella.’

‘Hará en agosto aproximadamente cuatro años que vivo en esta aldea, desde que nos hicimos propietarios de nuestra casa. Pero Estefanía, mi pareja, se ha criado aquí desde que nació, en la casa en que vivimos ahora.

George and June, Mark and Debbie

George and June have now returned to England but they have sold their house to their daughter and son-in-law, Mark and Debbie.

‘Over the time that we’ve been here, obviously there has been a demographic change, because when we arrived here the vast majority of the residents were Spanish – probably eleven or twelve Spanish families to about four ex-pat families, and of course, now it’s a total reversal, isn’t it? There are about four Spanish families and – with holiday homes – probably eleven or twelve ex-pats ...’

George then describes how estate agents, a builder and the owners of a guest house collaborated to attract British visitors and persuade them to buy and restore, or build, houses in the village.

‘... A lot of the Spanish people have left. You’re probably not aware of some: Rosario and her husband; they lived in John Wilmore’s house, right? And then where Brian and Sue live, that was a Spanish couple and they owned two or three houses in the village. They left, because they were getting old and they had to move; they moved to Priego where the services were better for them. So, whilst they were leaving, you got this change from mostly the indigenous Spanish in the village – it went from eleven Spanish households and four ex-pat households to eleven ex-pat households and four Spanish households. So that’s how it has really changed.

Is it a good place to live? I think it’s a very nice place to live, but you’ve got to try to integrate with the local population. And as it was then there were a great deal more, and we did try to integrate and at first – not for any real reason, we didn’t know that Ignacia was the matriarch – but we saw that she needed some help and assistance; and, because of what we are like, we gave her that help and assistance and where we could – and I am not saying this to make out that we were some kind of big deal – but she was bad on her legs even in those days: I’m going back about eight years now. She had a huge step – this high – to get into the house, and I said to Amador [the builder]: “We want to help this lady. She’s crippled and she can’t get up this step, so could you make two smaller steps and a handrail for her?” Now, we didn’t realise what effect that would have on the Spanish families, us doing that little job for Ignacia; so from then on we saw there were people in the village – Spanish in the village – that we got on well with, so we developed friendships with them.

And the best thing that happened – it was our fiftieth wedding anniversary. We’d not been here long, had we? And we invited the whole village and we had a very nice buffet and a bar. We invited the builder, who had done a very good job for us, José María the plumber, and all of the village who wanted to come. One or two didn’t because at that time they were actually working in the olive groves. ... I would like to say there the English said: “Oh they won’t come!” So I said: ‘”If they don’t, they don’t.” ... Yes, they did indeed say that: “The Spanish won’t come, they never do.” But they did come and we have a photograph somewhere which proves the point – it’s at home, I think. So yes, as far as we are concerned, we got on well with the villagers. And even those that have left: Gloria and her husband and Rosario – she was probably the second matriarch of the village.

So in your experience the Spaniards have really been pretty easy to get on with? Even now – we have been here a few days – Felipe and Casi come down with all sorts of gifts: eggs, cakes, olives, lemons. As soon as José – Ignacia’s son – knew we were here, he hugged us warmly and welcomed us and within minutes he was offering us cakes. So I cannot say anything other than that the Spanish people have been absolutely superb, and Manuel and his wife have been absolutely superb ...’

‘I’m going to cut it short and move to the recently arrived in the village Mark and Debbie. My question to you is: how do you see the village, then? Well, for me, I think we’ve encountered the same warmth as Mummy and Daddy with the Spanish people, and from the moment the Spanish people knew we were keeping the house in the family they have embraced us so warmly it’s incredible. Every single time we’ve been, we’ve had gifts, we’ve had produce, we’ve had tomatoes, with anything at all – they’ve come all the time. And “How is George?’, ‘How is Junio?”, “When are they coming?”, “When are they coming back?” They have utterly and completely embraced us, every single one of them. They’ve been a delight. ...

... I don’t think it’s just about gifts and things like that. They genuinely seem quite pleased to see you and welcome you. And there are lots of hugs and kisses and – you know – delight to see you here in the village and enjoying the village.’

Ignacia

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(Ignacia – el día en que cumplió ochenta años)

‘Durante el tiempo que llevamos aquí, es evidente que se ha producido un cambio demográfico, ya que cuando llegamos la gran mayoría de los vecinos eran españoles – a lo mejor once o doce familias españolas en comparación con unas cuatro familias de inmigrantes de origen británico. Y por supuesto ahora todo es al revés: hay unas cuatro familias españolas e – incluyendo las casas de vacaciones – probablemente hay once o doce personas de origen británico ...’

‘Nací en Almedinilla, en Brácana. Y luego mis padres no tenían nada que comer. Cuando comenzó la guerra, yo tenía dos años y estaría yo aquí con mi tía, y luego me fui yo cuando la guerra a Cañete [de las Torres]. Y después de la guerra volví aquí. Había mucha gente pero no me acuerdo de ellos. Porque aquella casa grande, allí había una casa con cuatro, cinco familias ... Y allí arriba, donde viven los ingleses, había una casa – pero no muy grande: cuatro o al menos cinco vivían allí. ... Bueno, ésta es muy vieja; estaba aquí cuando la guerra.

Esta casa tendrá cien años. ... Y la casa donde viven ahora Manuel e Isabel la hicieron ellos nueva. Ésa que había en la calle enfrente que era de su hermano Guillermo, era una casa muy chica, pero luego la hicieron más grande ... Una casa – que tiene callejón – al lado tuyo, la de Carmela que dicen, ésa es muy vieja, y la de la hija de Félix, ésa es vieja también; esta calle que hay allá, vieja también, y ésta vieja también; y ésa que hay un limón en la calle, vieja también. ... Ésta de arriba la hicieron también hace más de treinta años.

¿Luz? No había luz ninguna. Teníamos que alumbrar con candil, con un candil, con aceite ... La luz, eso no me acuerdo yo del año, pero mi niño estaba ya grande cuando vino la luz, y tiene cincuenta y dos años mi niño, cincuenta y tres, cincuenta y cuatro ... y agua, ¡a la fuente! ¡Abajo a lavar! ... Con los trapos y ¡chiquitita, chiquitita y a lavar! Te traigo un cántaro de agua aquí y una cubeta de ropa. Y en mi día yo trabajaba como un negro, pero ya no puedo. ¡Mire cómo tengo los dedos! Esto me duele, esto me duele. La vida era muy dura, dura, no podía. Venía aquí después de coger aceitunas ... Pasaba los días trabajando para poder comer. Yo he segado con una hoz que tengo allí guardada ... de sol a sol, desde cuando salía el sol hasta la noche. Con doce años, once, doce, trece, me fui con una espuerta aquí, un pedacillo de pan y un poquito de aceite, a coger aceitunas, me acuerdo muy bien, al lado de Almedinilla ...

¿Qué comía? Leche no había, melones no había, pan – cuando el hambre – no había ni pan. Cogíamos el [j]aramago, cogíamos collejas y el [j]aramago, el [j]aramago que hay en el suelo, cepillo, cardillo ... lo freíamos un poco y lo poníamos en una cazuela con harina y allá a comer ... con un poquito de pan, y ¡ya está!

Yo tenía una bestia, mulo: por allí ingresaba, por esa puerta grande, al patio, y allí se quedaba. ... [Si una familia tenía cerdo], luego lo matabas, y comía uno. Y cuando no había comida, no podías matar a un cerdo porque no había nada que echarle ... Sembraba cebada, trigo, a medias con las personas – la mitad para ti, la mitad para mí – ibas a la era, lo trillabas, con un trillo, ¡vaya a trillar el grano! ... cogías la paja, la aventabas, y te ponías a colar el grano, te lo traías a tu casa ... Eso era cuando había comida. Y tenías que comer. La vida ha sido muy mala para mí. Mucha hambre, porque no había pan. La harina de cebada te pincha mucho.

¿No querría usted volver a esos días? ¿Volver a pasar el hambre que pasé? Si no tenía ni aceite ... Cogías unas aceitunas y las calentabas un poco, las churrascabas un poco con una media. Y aquel churro que salía por ahí, hacías lo que podías ...

Yo iba andando, andando todos los días a trabajar, de aquí hasta lo alto del cerro con este hombre que tenía ovejas ... tenían en lo alto del cerro un cortijo allí ... iba yo a trabajar andando, con la fuentecica allí, con un poquillo de pan y un poquillo de aceite. ... Pasaba los días trabajando para poder comer. A Priego me iba andando a por mandado, y al médico me tenía que ir andando, andando.

[Comenzaron a venir extranjeros a la aldea] cuando hicieron la casa esa. Hace siete o cinco años hicieron esa casa. E hicieron la de Miguel aquella, e hicieron otra, que vinieron dos extranjeros; entonces no había nada aquí [en esta parte de la aldea, más arriba]. Se ha marchado mucha gente. Esa casa que se se vende la compraron por veintiséis, veintisiete millones ...

¿La aldea ha cambiado para mejor o para peor? Para mejor, porque la gente tiene para comer, ¿no?, y antes no había nada que comer. Pero eso fue poco después de la guerra, porque ya se fue enmendando la cosa, se fue enmendando la cosa, y estamos mejor. ... Aquí no pagabas la casa, no pagabas la luz – no había luz, no había agua – no pagabas el agua. Bueno, con el pago que ganabas: porque yo me iba a coger aceitunas y me pagaban a una peseta el kilo, al destajo, una peseta el kilo, a una peseta el kilo cogiendo aceitunas, al destajo, yo y mi marido ... no tenía nada que comer.

Si pudiera ahora, ¿se marcharía a Priego u otro lugar, o se quedaría aquí? Aquí estoy muy bien. ¡Hombre! No estoy bien porque me duelen mucho los pies ...

¿Cómo son las personas que recuerda de cuando era joven? Muy buena gente ... Nos servíamos unos a otros: si yo tenía que segar me ayudaban; si yo tenía que hacer algo en el olivar me ayudaban ellos también; si teníamos que hacer una matanza, nos ayudábamos unos a otros.

Si una persona se ponía enferma, ¿qué ayuda había? Si tenías que ir al médico, no había coche ni había nada. Aquí no venían médicos. ... Aquí estuvo viniendo un hombre, un médico, una vez, en Almedinilla; pues estaba mi marido aquí y vino a verlo ... vino a ver a una familia .... estuvo viniendo todos los jueves una vez ... Yo nunca he pagado al médico, porque he pagado siempre la seguridad social; tengo mi cartilla.

Pero, cuando usted era joven, ¿aquí había médico? Aquí no, aquí no, aquí no. En Castil de Campos, ni en ningún lado. En Priego había un médico, uno. Y si no te curabas con otra cosa, con lo que sea, no ibas. Si tenías un resfriado comías cosas calientes. Yo me hice una pupa aquí, con alambre, y tuve seis meses los pies hinchados pero no fui al médico. ... No iba al médico nunca.

... Había escuela en esa casa allí. En esa casa allí. La mitad de la casa para aquí era casa, y de la puerta para allí ... la que tiene la palmera... Tenían maestro en la escuela sí, pero no me acuerdo yo de quién era. ¿Usted tuvo estudios? Yo no. Me tenía que ir a trabajar para comer. Estudié muy poquillo. ... Aquí había muchos niños e iban todos a la escuela allí.

Hay mucha gente que está en Barcelona; en Barcelona hay muchos de aquí: el hermano de Manolillo, que tenía siete u ocho hijos, se fue a Barcelona – para comer. Otro, que vivió en tu casa, se fue a Barcelona. Otros fueron a Lora del Río; otros fueron a otro lado, y se fueron todos con ganas de comer. Yo me fui a Lora del Río a trabajar: estuve nueve meses trabajando ... poniendo pimientos, y andando ... tenía que ir andando ... Tenía dieciséis o diecisiete años cuando fui a Lora del Río a poner pimientos, unos pimientos marrones que había ...

Cuando era chica, había unas cabras ... yo he hecho queso, lo he hecho ... tenía yo mi cabra, tenía mi cochino ... Lo crié yo. ... Cuando yo maté al cochino e hice mi morcilla y mi chorizo yo todo, dije “¡Madre mía!” ¡Qué alegría me dio! ...

Ha sido una persona muy práctica, ¿no? Mucho. Yo he trillado ... He tenido una bestia ... segando de sol a sol ... Yo, cuando venía, tenía que hacer la candela para hacer de comer a mis niños, con el calor que hacía. Pero ¡Por Dios! ... Yo no he ido a ningún lado a comer en ningún sitio. Yo en mi casa siempre he comido higos, he comido patatas fritas, he comido tomate frito ...

...¿Qué hacía la gente para divertirse cuando no existía la televisión? Con mamá, fiesta con mamá Pero salía domingo o sábado cuando había fiesta, a Las Higueras. Íbamos todos. Éramos una pandilla de niñas. ... Semana Santa ... ¿Pero en el invierno? No había nada, pero, si había novio, tenías novio jueves y domingo, a la casa ...

Y la taberna, aquí hubo taberna; aquí hubo un barecillo en mi casa; mi marido tenía un barecillo. Había un mostrador aquí, y poníamos algunas cosas para comer ... teníamos una cocina con candela, pero que echaba mucho humo y lo ponía todo negro. ¡Madre mía! ¡Cómo lo ponía! ... Y con este barecillo ganábamos algo ...

... ¿Diría usted que es una vida que le ha dado mucha satisfacción? He tenido que trabajar muy duro. Pero, ha criado una familia. Sí, a mis tres hijos les he criado bien. Les he enseñado a trabajar.’

Ignacia

To listen to the whole of the interview (in Spanish) with Ignacia, click on the audio button

“I was born in Almedinilla, in Brácana. And then my parents had no food to eat. When the war broke out, I was two years old and I must have been here with my aunt, and then at the time of the war I went away to Cañete de las Torres. And after the war I came back here. There were a lot of people, but I don´t remember them. Because that big house – on that site, there was a house with four or five families ... And up there, where the English live, there was a house – but not a very big one; there were four or five people at least living there ... well, this house is very old and it was here at the time of the war.

This house must be a hundred years old. ... And the house where Manuel and Isabel now live, they built it as new. That one that stood in the street opposite and which belonged to his brother Guillermo, that used be a very small house, but later it was extended ... Another house, down an alley, next to yours, known as Carmela’s house: that one is very old; and the one that belongs to Félix’s daughter is old too, and that one with a lemon tree in the street outside, is another old one. ... This one, up here, was also built over thirty years ago.

Electricity? There was no electricity at all. We had to use a lamp for lighting, a lamp, an oil lamp ... Electricity, no I don’t remember the year, but my boy was already grown up when electricity arrived, and he’s 53, 53, 54, now, my boy ... And for water we had to go down to the fountain, down the hill to do the washing! ... Take the clothes and there you go, you get down to the washing. I brought a pitcher of water and a bucket with the clothes. And in my day I used to work like a black, but I can’t do it any more. Look what a state my fingers are in! I’ve got a pain here, I’ve got a pain here. ... I used to come here after picking olives ... I used to spend the day working in order to earn enough to eat. I have done the reaping with a sickle that I’ve kept in there ... from daybreak to sunset, from the moment the sun rose till when it set. When I was just twelve, eleven, twelve, thirteen, I went off with my basket here, a little bit of bread and a drop of oil, to pick olives – I remember it well – over towards Almedinilla.

What did I eat? There was no milk. There were no melons – in the times of hunger – there wasn’t even any bread. We used to pick hedge mustard, campion and the hedge mustard that covers the ground, another plant called bottlebrush, and thistles ... we used to fry it all a bit and put it in a dish with flour and it was ready to eat ... with just a little bit of bread, and that was it!

I had an animal, a mule: it used to go in that way, passing though that large doorway, through to the courtyard, and there it stayed. ... If a family had a pig, then you killed it and there was food to eat. And in the times of hunger there was no pig to fill because you had nothing to feed it on. ... I used to plant barley, wheat, sharing the task with another person – half for you, half for me – you used to go to the threshing floor and you threshed the wheat with a thresher, threshing! ... You got the straw, you winnowed it, you sieved out the grain and you took it home ... That was when there was food to eat. And you had to eat. Life has been very cruel to me. A lot of hunger, because there was no bread. Barley bread is hard to digest.

Wouldn’t you like to go back to those days? You mean, endure that hunger for a second time? We didn’t even have any oil ... You used to take a few olives and heat them up a bit and strain them through a stocking. And with that juice that came out of them, you did what you could ...

I walked, I walked every day to work, from here up to the top of the hill for this man who had sheep... at the top of the hill they had a farmstead ... I walked to work, with the little spring up there, with a little bit of bread and a little bit of oil ... I spent the days working to earn enough to eat ... I used to walk in to Priego to shop, and if I went to see the doctor I had to walk, walk.

[Foreigners started to come to the village] when they built that house. That house was built some five or seven years ago. And they built that house that belongs to Mike, and they built another, because two foreigners came; at that time there was nothing at all [in this part of the village, further up] here. A lot of people have left, and that house that is for sale was bought for twenty-six, twenty-seven million pesetas [about a hundred and sixty thousand euros]...

Has the village changed for better or for worse? For the better, because people have enough to enable them to eat, don’t you think? And there used to be nothing to eat. But that was shortly after the war, and things started to improve and went on improving, and now we are better off ... Previously you didn’t have to pay your housing tax, you didn’t pay for any electricity – there was no electricity, there was no water supply – so you didn’t pay for any water. Well, with the pay you earned: because I used to go and pick olives and was paid a peseta a kilo, piece rate, a peseta a kilo, a peseta a kilo picking olives, piece rate, me and my husband ... I had nothing to eat.

If you could do so now, would you go away to Priego or some other place, or would you stay here? I’m fine here. But I tell you, I’m not fine because I have a lot of pain in my feet.

What are the people like that you remember from when you were young? Very good people ... We supported each other: if I had to do the reaping, they used to help me with it; if I had some work to do in the olive groves, they helped me out with that too; if we had a pig to kill, we used to assist one another.

If a person was ill, what help was available? If you had to go and see the doctor, there was no car or anything. Doctors didn`t come here ... One man did come for a time, a doctor, once, in Almedinilla; since my husband was here and he came to see him ... he came to see a family ... at one point he came every Thursday... I have never paid for a doctor, because I have always made my social security payments; I’ve got the record of my payments.

But when you were young, was there a doctor? Not here, not here, not here, not in Castil de Campos, nor anywhere. In Priego there was a doctor, there was one. And if you didn’t cure yourself in some other way, you still didn’t go. If you got a cold, you ate things that were hot. I got an injury here, with some wire and I had swollen feet for six months, but I didn’t go to the doctor. ... I never used to go to the doctor.

... There was a school in that house over there. In that house there. The half of the building at this end was a house, and at the other end ... it’s the building with the palm tree. They did have a teacher in the school, but I can´t remember who it was. Did you get an education? Not me. I had to go out to work to earn enough to eat. I didn’t study very much at all. ... There were a lot of children here and they all went to that school.

There are a lot of people who are in Barcelona; in Barcelona there are a lot from here: Manolillo’s brother, who had seven or eight children, he went to Barcelona – to earn enough to eat. Another man, who lived in your house, also went to Barcelona. Others went to Lora del Río, others went elsewhere, and they all went in search of enough to eat. I went to Lora del Río to work; I was there for nine months working ... planting peppers, and walking ... I had to walk there ... I was sixteen or seventeen when I went to Lora del Río to plant peppers, dark-coloured peppers that there were there ...

When I was a girl, there were goats ... I have made cheese, I have made it ... I had my goat, I had my pig. ... I reared it. ... When I killed the pig and made my black pudding and my chorizo, I said “Thank heaven!”. What joy I felt! ...

You have been a very practical person, isn’t that right? Very practical. I have done the threshing ... I have looked after a mule ... out reaping from dawn to dusk ... When I got back home I had to make the fire to cook the meal for my children and in all that heat! But for heaven’s sake! ... I have never been out to eat anywhere. In my house I’ve always eaten figs, I’ve eaten fried potatoes, I’ve eaten fried tomato.

What did people do for entertainment when TV didn’t exist? With mum, free time with mum. But I used to go out on Sundays or Saturdays when there was a fiesta ... to las Higueras. We all went. There was a group of us girls ... Holy Week ... But in the winter? There was nothing but if there was a boyfriend, you had some time with your boyfriend on Thursdays and Sundays; he used to come to the house ...

And the bar, here there was a bar; there was a little bar right here in my house; my husband kept a little bar. There was a counter just here and we used to serve a few things to eat ... We had a kitchen with a fire, but one which gave off a lot of smoke and turned everything black. Heavens! How what a state everything was in! ... And with this little bar, we earned a bit ...

... Would you say that it is a life that has given you great satisfaction? I have had to work very hard. But you have brought up a family. Yes, I have brought my three children up well. I have taught them to work.’

José (el hijo de Ignacia)

‘Yo en esta aldea, desde que nací, viví hasta los veinte años. Con veinte años me fui a la mili en Madrid. Y después, cuando vine de la mili, me fui a Gerona, a trabajar en la Costa Brava. Luego yo regresé después de diez años, porque ya tenía yo mi mujer y mi hijo. Prefería vivir aquí porque si me quedaba allí ya no venía más; me tiraba esto y y tenía que venir para acá.

¿Cómo ha cambiado? Bueno, en el principio, cuando yo estaba aquí de chico, chico, chico, era muy difícil vivir aquí. Pero tampoco lo era tanto, porque yo nací en el año 60. Dentro de lo que veíamos, esto estaba muy mal, porque mi madre y mi padre tenían que ir a trabajar al campo y nosotros los tres pequeños, uno con dos años, otro con tres, otro con cuatro, nos quedábamos solos en la casa porque, si no trabajaban, no podíamos comer. Pero yo qué sé, yo veía después que aquello fue cambiando un poco. Teníamos un colegio, había una escuela, y venía una maestra que enviaba el Estado cada año, una vez de Galicia, otra de Cataluña. ... Pues había mucha gente, aquí había unas ciento y pico de personas, con los cortijos del alrededor; en cada casa había cinco, seis personas, mucha gente. ... De niños de mi edad en ese colegio había al menos, yo creo, alrededor de veinte.

... Nosotros, cuando teníamos nueve años, nos teníamos que ir al trabajo. Estábamos en el colegio y nuestros padres nos tenían que sacar ... nos íbamos a coger aceitunas de la mañana hasta la noche como siempre. Pero éramos niños y no estábamos para eso. A raíz de eso, pues, ¿qué pasó? Pues luego la aceituna acababa y te ibas otra vez a la escuela. Yo saqué el grado escolar después de mucho machacar, porque, claro, en la escuela con dos meses al principio y al final no podías hacerlo muy bien. Ya, cuando pasó el tiempo y aunque se ganaba muy poquillo ..., claro, vivíamos bien porque teníamos huerto, teníamos cerdos en la casa – se mataban por ahora: se hacía la matanza, se hacía chorizo, morcilla – no tenían problemas como hoy, porque no tenían hipoteca; mi padre no tenía que pagar nada. Con lo poco que se ganaba y luchando, pues, teníamos para vivir.

Aquí, pues, se comía patata guisada, mucho garbanzo, mucha habichuela, alubia, lenteja y migas ... se hacía miga, chorizo de la matanza y se comían collejas. ... Comíamos todo lo que daba la tierra; sembrábamos garbanzos, se sembraba cebada. Y mis padres tenían una cabra y le daba a uno de comer si la ordeñaba para leche; gallinas, pavo y pollo teníamos. Prácticamente cada uno tenía en su casa de todo para comer.

Todo lo que se ve por aquí es campo que se sembraba con cereales y cosas de ésas ... aquéllos [los olivares] de allí en gran parte son viejos de mucho tiempo. Estos nuevos son más jóvenes – pueden tener hasta veinte años.

No se comía mucha carne. Quizás no porque, claro, los animales que nosotros teníamos ... las gallinas para el huevo. Ahora sí, cuando se hacía la matanza, porque de cada cerdo se sacaba chorizo (daba chorizo por casi un año), morcilla, luego la carne, lomo, las costillas, se llenaba una orza con aceite ... y nosotros llegábamos a matar tres cerdos en un año, pues duraba por mucho tiempo. Y hacíamos pan de higo y de la cabra con la leche hacíamos queso – mi madre hacía queso y luego lo guardaba también en orza; en el verano con la uva, la uva con queso fenomenal. Se comía pollo también, pero no siempre; los comprábamos chiquititos y luego los matábamos para días de fiesta: el día de San José, el día de Navidad – los días festivos, los demás días no; los demás días era el cocido ese de habichuelas, fideos y patatas guisadas.

Entonces estábamos mejor; se ganaba un poquillo, pero una cosa que sí recuerdo que había es que éramos todo el mundo más felices que ahora, porque cuando yo era niño lo pasábamos fenomenal. Cuando llegábamos a la Candelaria y encendíamos una candela en el centro, y veíamos a toda la gente, a la gente se le veía la alegría. Hoy no se ve. ¿Qué es lo que ha pasado? Porque hoy ya nadie pasa hambre. Aunque ya estamos en una crisis que es grave para quien tiene hipoteca como yo ... pero antes lo pasábamos fenomenal. Todo el mundo éramos felices: los viejos, mi abuela, mi tía que vivía en esa casa de arriba, mi otra tía que vivía en ésa. ¿Qué es lo que ha pasado?

Pero bueno: la tierra, en aquel momento, la mayoría era de un jefe, por ejemplo, que tenía un cortijo. Llegó un momento en que esa gente dividió esa tierra para venderla. En los cortijos tenían gente que llamaban un casero: era el que se quedaba allí. Tenía para todo el año: cuidaba de los animales, para labrar la tierra, no con tractores sino con animales. Cuidaba de ellos, del cortijo, y luego venía la gente por las aceitunas. Y luego el jefe venía, pues, de vez en cuando; no venía siempre al cortijo – venía a Priego o a otro sitio.

Poco a poco la gente ha ido abandonando las aldeas. Yo no sé. Yo creo que esto pasó porque nosotros ya, cuando comenzamos ... hay muchos que se fueron y se quedaron, por ejemplo a Cataluña, y mi hermano mismo está en Palma de Mallorca. También se fue, igual que yo, a trabajar en hoteles, pero él se ha quedado allí; ha optado por quedarse allí – y yo – me tiraba esto más. Yo estoy aquí y me siento feliz.

Cuando vino el teléfono aquí en el año ochenta, el primero estuvo en la casa de mi madre. Y otra cosa era la luz: cuando yo tenía siete años vino aquí la luz, en los años sesenta, y el agua corriente después. Vino la luz, el agua corriente, y otra cosa muy curiosa, la televisión. ... Y entonces, como Franco hizo teleclubs en España para todas las aldeas, ... el teleclub era un local en el cual pusieron una televisión para que fuéramos a verla. Pero cuando vino eso aquí – yo tendría nueve años seguramente, ocho o nueve años –, pues llegaron hombres para probar y se veía que aquí la tele no se veía, y subieron a la sierra esa y pusieron una antena allí, que no sé qué era, y una batería de coche y una caja de cristal ... y cuando conecta aquello y se ven rayas y salió una mujer hablando ... En la época de los años sesenta, llegó la televisión a todos lados: allí, en Zamoranos, en todas las aldeas de España entera.

El teleclub estaba en la escuela que estaba en la casa de Domingo, allí arriba. Luego había una ermita chiquita, que era como la de Las Higueras, allí encima de donde vive mi madre; y se cayó y entonces el pueblo, la aldea, pues, pusimos uno esto y uno lo otro y el otro daba a lo mejor quinientas pesetas; y nosotros, y mi padre, y yo trabajé unos cinco días; y construimos eso [la nueva iglesia] entre todos. Y así se puso allí el teleclub.

El teleclub fue para nosotros un cambio ... Lo que más le gustaba a la gente eran los toros, pero a mí no: a mí me gustaban las películas, las series. ... Y llegaban a nosotros cosas que no podíamos entender.

Antes había un bar, de mi madre era. Nos poníamos allí: mi padre trabajaba y eso, y un día se ponía mi hermano y me ponía yo. Allí se vendía vino y cerveza y aguardiente. Eso fue hasta que nosotros fuimos ya, mi hermana se casó, yo me fui a Gerona y se quedaron mis padres solos; aguantaron un año o dos más. Eso sería en los años ochenta y cinco, ochenta y seis.

Pero sabes que esto ha cambiado mucho, de la gente que aquí había: claro que venía gente de La Carrasca – ahora no hay nadie allí, sólo una casa rural. Antes había muchísima gente, también de Las Higueras muchísima gente; en los cortijos también. Llegaba la noche y venía mucha gente; venía en mulas, que ataban a una estaca que ponían, y entraban.

La gente se marchó poco a poco porque primero llegó un momento en que, con el dinero que se ganaba, no podías progresar, no podías tener nada ... Hacía falta pensar que no podíamos quedarnos allí, estancados de esta manera. Y nos fuimos: primero se iba uno, se iba al hotel, y contaba: “Mira, allí se ganaba tanto”, y tal; y se compraba un coche, se compraba una casa; y, si seguíamos aquí, se comía y ya está. Allí había vida, allí había trabajo, que era lo más importante. Y trabajaba y ganaba ... me ganaba 1200 allí [es decir, el equivalente de 1200 euros] y la diferencia era muy grande. ... Mucha gente se compró casas aquí yéndose allí; las casas que se han reformado aquí, fue yéndose allí. Aquí no ahorrabas. No tenías un duro para hacer otras cosas.

Y la llegada de los extranjeros aquí. Eso fue muy interesante, por lo menos para mí. Yo, cuando empecé a ver que llegaban los primeros que vinieron aquí, pues parecía como si algo nuevo fuera a cambiar; y además, ya que nosotros tenemos una manera de ser que cuando llega alguien extranjero, nos hace ilusión. Porque me gusta que haya gente de otra cultura. Miguel y Luisa fueron los primeros – con ellos entablé una relación, con Miguel; la Luisa la puso de casa rural e intentaba hacer que viniera gente; la gente a quien le gustaba eso vino a comprar aquí, y otros compraron en otros sitios.

Yo creo que aquí se está muy bien, muy tranquilo, pero si vienes de Londres o si, como yo, estabas en Barcelona y te gustaba, y llegas a un sitio así, al principio esta paz te gusta, tiene que gustarte mucho; pero, cuando ya pasa un rato, te aburres; porque no puedes ir a un sitio así y estar encerrado en tu casa con internet, y dar algún paseo, eso no es ... Lo que hace falta es tener amistades y más actividad ... De vez en cuando tiene que haber algo ... : pues, los caballos que vinieron aquí el otro día; vinieron cuarenta caballos y hubo una paella gigante y fue invitado todo el mundo. Pues esas cosas, claro. ... Pero yo entiendo que al llegar el invierno hace frío y en el verano hace mucho calor ... ese calor extremo.

El futuro de la aldea: ahora mismo, yo, para mí, a mi manera de pensar, no lo veo muy bien. Yo creo que las personas mayores, mi madre, cuando ya no estén, pues yo no veo que haya gente que decida volver aquí. No lo estoy viendo, porque [las personas más jóvenes] se casan y van a otros sitios. Aquí se está muy bien. Yo quiero volver aquí, pero mi mujer no quiere esto. A mí me gustaría estar aquí, con mi hijo y con ella; seguro que estaríamos mejor que allí. Para ir a Priego se va en un momento; uno hace lo que tiene que hacer y viene aquí tranquilamente. Me encanta el sitio. Por eso no me gustaría la idea de que termine quedando como esos pueblos que hay en Galicia y Asturias donde no hay nadie. Creo que no, pero tengo mi miedo de que pueda ser así.’

José (Ignacia’s son)

‘I lived in this village from when I was born to when I was twenty years old. At the age of twenty I did my military service in Madrid. And then, when I came back from my military service, I went off to Gerona, to work on the Costa Brava. Then I returned ten years later, because by then I had my wife and my son. I preferred to live here because [I knew that] if I lived there I wouldn’t come here again; and I was drawn to this and just had to come back here.

How has it changed? Well, in the first place, when I was here as a tiny child, life here was extremely difficult. But [in a way] it wasn’t quite so difficult, because I was born in 1960. From our point of view, things here were pretty bad, because my mother and father had to go out to work in the fields and the little children, one of us was two, another three and another four, stayed alone at home – because, if they didn’t work we wouldn’t have anything to eat. But, you know, later on I could see that things were changing a bit. We had a school, somewhere to study, and we used to have a teacher sent by the State each year, on one occasion from Galicia, on another from Catalonia ... Well, there were a lot of people, here there were a hundred or so people, including the farmsteads in the surrounding area; in each house there were five or six, a lot of people. ... Children of my age, in that school ... I think that there were at least around twenty.

And as for us ... when we were nine years old, we had to go out to work. We were in school and our parents had to go and get us off lessons ... we went off to work picking olives from morning to night as usual. But we were children and we weren’t cut out for it. So following that, well, what happened? Well, then the olive-picking season ended and off you went back to school. I passed the year after a lot of hard slog, because, of course, with just two months at the beginning and two at the end, it wasn’t at all easy to cope. And then, as time passed and although you earned very little ..., naturally we lived well, because we had a vegetable garden and we had pigs at home – they used to be killed at around this time of year; the pigs went to the slaughter, people made chorizo and black pudding – they didn’t have the problems that there are today, because they didn’t have a mortgage and my father didn’t have anything to pay out. With the bit of money that we earned and with quite a struggle, well, we had enough to live on.

So here we fed on potatoes cooked in a stew, lots of chick-peas, lots of beans, different kinds of beans, lentils, dry bread-crumbs, sausage from the slaughtered, and we also ate collejas [a plant that grows locally, a kind of campion] ... We ate everything that the land produced; we sowed chick-peas, people sowed barley. And my parents had a goat and it gave you enough to eat if you milked it; and we had turkey and chicken. Practically everyone in their house had a bit of everything to eat.

Everything that you can see in this area is land that used to be sowed with cereals and that kind of thing, ... but those [the olive groves], over there, are largely old ones that have been there for a long time. These new ones are more recent – they might be twenty years old at the most.

People used to eat little meat. Perhaps because, ... if you think of the animals that we had ... hens for eggs. Now yes, we did eat meat when the pig was slaughtered because from each pig you got chorizo (it produced enough for almost a year), black pudding, and then the meat itself, loin, the ribs, you filled a jar with oil and ... and we killed up to three pigs in a year, so it all lasted for a long time. And we made fig bread and from the goat’s milk we made cheese; my mother made cheese and then she kept that in a jar too, cheese; in the summer [we ate it] with grapes; grapes with cheese were wonderful. We ate chicken, too, but not always: we used to buy them when they were tiny and kill them on festival days: St Joseph’s Day, Christmas Day – festival days but not at other times; on other days it was that stew, with beans, noodles and boiled potatoes.

We felt better about things then; you didn’t earn much at all, but one thing that I do remember is that all of us were happier than people are now, because when I was a child we had a great time. When we got to Candlemas and we lit a candle in the centre and we could see everyone and you could see the joy in their faces; you do not see that today. What has happened? Because today nobody goes hungry. Even though we are now passing though an economic crisis which is serious for people who have a mortgage as I have ... but in the past we used to have a great time. All of us were happy: the old people, my grandmother, my aunt who lived in that house up there and my other aunt who lived in that one. What has happened?

Well, at that time most of the land belonged to a single owner, for example, who had a farmstead. The time came when those people divided up the land to sell it. In the farmsteads there were people known as caseros or farm managers: this was the person who stayed there, and he had enough work for the year, looking after the animals in order to work the land, not with tractors but with animals. He looked after them and took charge of the farmstead, and then people came to pick the olives. So then the owner would come from time to time; however, he didn’t always come to the farmstead but to Priego or somewhere else.

Gradually people have been leaving the villages. I don’t know. I believe that this happened because already we, when we began ... there are a lot who left and stayed away, for example in Catalonia, and my own brother is in Palma de Mallorca. Like me, he also went to work in hotels, but he stayed there; he opted to stay there whilst, as for me, I was more attracted by what there is here. I am here and I feel happy.

When the telephone reached us in 1980, the first one was in my mother’s house. And one other thing was the electricity supply: when I was seven the electricity was connected, and water later. Electricity arrived and then water, and something else that was very curious: the television. And then, as Franco had tellyclubs set up in Spain, in all the villages, ... the tellyclub was a place where a television was installed for us to go and watch TV. However, when it arrived here – I must surely have been nine, eight or nine –, some men arrived to try it out and we saw that here you could not watch TV: they went up into those hills and installed an antenna, a car battery and a glass box ... and when it was connected and you could see lines on the screen and then a woman appeared talking ... In the sixties, TV arrived everywhere: there, in Zamoranos, in every village in the length and breadth of Spain.

The tellyclub was in the school situated in Domingo’s house up there. At that time there was a tiny chapel, like the one in Las Higueras, beyond where my mother lives; it collapsed and then we – the people of the village, the hamlet, put up this building, one person doing one bit and another doing something else and another individual probably contributing five hundred pesetas; and we, and my father, played our part, and I worked for about five days; and we built it [the new church] among all of us. And that was how the tellyclub came to be situated there.

For us the tellyclub was a novelty ... What people liked most was the bullfighting, but I didn’t. I liked films and series ... And there were things we encountered that we didn’t understand.

Previously there was a bar, run by my mother. We did our bit there: my father worked; and so on, and one day my brother worked and another day I did. We sold wine, beer and brandy. That was until we went away: my sister got married and I went to Gerona, and my parents were left alone; they kept it going for another year or two. That must have been around the years nineteen eighty-five, eighty-six.

But you know that things here have changed a lot, from the people that there used to be here: of course, people came from La Carrasca – there is nobody there now, just a holiday home. In the past there used to be a lot of people and a lot came from Las Higueras, and the farmsteads too. When night came a lot of people arrived; they came on mules, which they tethered to a post that was set up there, and in they went. ...

People gradually left the village because first there came a time when, with the amount of money that you could earn here, you couldn’t have anything ... we had to think that we couldn’t just stay put, stuck like that. And we left: first one went, he went to the hotel, and he would tell others; “Look, there we were earning that much” and so on; and you bought a car, you bought a house, and if we carried on living here there was enough to eat and that was it. There, there was life and there was work to do, which was the most important thing ... I was earning 1200 there [i.e. the equivalent of 1200 euros] and the difference was considerable. ... A lot of people bought houses here by going there to work. Here you couldn’t save anything. You didn’t have a penny to do other things.

And then came the arrival of foreigners here. That was very interesting, at least for me. When I began to see the arrival of the first ones to come, well it seemed as though something new was about to happen, particularly as our nature is to be excited when someone from abroad turns up. In my case, I like there to be people from a different culture. Michael and Louise were the first – I became friendly with them, with Michael. Louise turned it into a boarding house and tried to get people to come; people who liked it came and bought here and others bought elsewhere.

I believe that this is a good place to be; it’s very calm; but, if you come from London or, like me, you were in Barcelona and you liked it, and you come to somewhere like this, at the beginning you find this peace attractive; you must like it a lot; but when some time passes, you get bored; because you can’t go to a place like this and shut yourself away in your house with the internet and just go out for the occasional walk; that isn’t ... What you need is to have friendships and more activity ... From time to time there has to be something ...: well, the horses that came here the other day; forty horses came, and there was a giant paella and everyone was invited. ... Well, those things, of course ... But I can understand that when the winter comes it’s cold and in the summer it’s really hot ... that extreme heat.

The future of the village: right now, from my own personal point of view, it doesn’t look good. I think that when older people, like my mother, aren’t here, well I don’t see that there will be any people who decide to come back here. I don’t see it, because [younger people] get married and go elsewhere. This is a good place to be. I want to come back here, but this isn’t what my wife wants. I would like to be here, with my son and with her; I am sure that we would be happier here than in other places. To go to Priego, you can get there in a moment; you can do what you have to do and come back here to the peace and quiet. I love the place and that is why I wouldn’t like the idea of it ending up like those villages in Galicia and Asturias where there is nobody living. I don’t think it will happen, but I’m just a bit afraid that it might be like that.’

Ken y Lesley

‘Bueno, comenzamos a venir a El Poleo en 2004 cuando compramos la casa. Encontramos esta casa a través de una agencia inmobiliaria, mientras hojeábamos una lista de viviendas en venta. Nada más verla nos decidimos. Vinimos aquí ese mismo día y pagamos un depósito ... Nos trajeron aquí y quedamos enamorados de la casa. De hecho, queríamos convivir con los españoles y vivir igual que ellos, vivir en el campo. No queríamos hacernos parte de una comunidad de expatriados, con chalets nuevos. Queríamos vivir en una zona rural.

Supongo que, con la perspectiva del tiempo, quizás hubiera sido preferible que existiera una tienda, un bar o algo así, pero realmente no nos molestó que no lo hubiera, ya que, a medida que hemos ido conociendo la zona, nos hemos dado cuenta de que hay otros pueblos: tenemos Priego, a diez kilómetros de distancia, Castil de Campos, más cerca todavía – a cinco kilómetros, ¿verdad? –; tienes todo lo que te hace falta. Hasta cierto punto estás limitado a tu propio transporte, pero esto es lo que nosotros deseábamos: un lugar tranquilo.

Para mí, es bello, y no te importaría pagar para pasar tus vacaciones aquí, pero ¡vivir en tal lugar! Realmente es como un sueño, ¿verdad?

¿Por qué se han marchado de la aldea tantos de los vecinos españoles durante los últimos veinte, treinta, cuarenta años? La gente mayor suele ir a vivir con sus parientes porque necesitan un poco más de cuidado, pero los más jóvenes, en mi opinión ... no hay nada en la aldea para ellos, claro, a no ser que trabajen cerca de aquí.

Para comenzar, no hay centro comunitario. Solíamos decir, hace años: “¡Ojalá abrieran el teleclub por las noches! Luego todo el mundo en la aldea podría ir a charlar, unos con otros, de manera que los ingleses pudieran conocer a los españoles, y vice versa.’ Pero nunca hubo centro comunitario.

¿Cómo veis el futuro de la aldea? Pues, de verdad nos ha parecido que puede acabar por ser una aldea fantasma o bien predominantemente británico, lo cual sería triste. Estoy convencido de que un factor importante que hace que la situación se vaya deteriorando es la falta de comunicación, de transporte, por ejemplo. Si hubiera un servicio de autobuses para mejorar la comunicación entre las aldeas, me parece que se abriría El Poleo un poco más. El caso es que tienes que depender de tu propia forma de transporte; a medida que las personas envejecen, se hace menos probable que cuenten con este transporte o que tengan el deseo de utilizarlo, y muchas más personas se trasladan a Priego o a Castil de Campos donde pueden tener acceso al cuidado necesario. Bueno, si existiera un autobús, nosotros lo utilizaríamos.

¿Sois optimistas con respecto al futuro de la aldea? Sí, lo somos. Lo vemos con optimismo desde nuestro propio punto de vista, pero me parece que la situación se está deteriorando y esto se ve constantemente. Considera, por ejemplo, la casa de Gloria: no viene nadie a vivir allí. Sólo la utiliza a veces la familia durante los fines de semana.

¿Hay algo que realmente pueda marcar una diferencia? Sí, familias jóvenes. Hacen falta instalaciones para atraerlas y viviendas que puedan comprar o alquilar. Siempre se vuelve a la cuestión del centro comunitario o bar. Mira la situación que hay en Castil de Campos. Dispone de lugares adonde puede ir la gente para hacer algo diferente o para relajarse, charlar y comunicarse. Podríamos aprovechar mucho mejor el teleclub, como se hacía antes.

Me gustaría aprender cosas, por ejemplo con respecto a cocinar, a cómo los españoles hacen la cocina. Es algo que podríamos hacer juntos.

¿Cómo encontráis las relaciones entre los ingleses y los españoles? Los ingleses que ya no viven aquí, pues no creo que realmente hayan querido “vivir y dejar vivir”; algunas pequeñas disputas que han tenido con los vecinos españoles han sido exageradas fuera de proporción por los ingleses. Se trata de la forma de vivir de los españoles aquí: vienes aquí a vivir y no puedes pedir que todo se conforme a las normas británicas. Eso no me ha gustado: algunas personas han tenido una tendencia a venir aquí y pensar: “quiero que se haga de esta manera o de aquélla” en lugar de pensar: “y ellos, ¿cómo lo hacen?” Pues nosotros nos hemos llevado bien con nuestros vecinos españoles. Si no sabemos cómo hacer algo, acudimos a los españoles y les preguntamos: “Y vosotros, ¿cómo hacéis aquello? ¿Dónde se compra esto? ¿Cuánto se pagaría por esto normalmente?” La mayoría de los amigos que tenemos aquí son españoles.

Nos parece que nuestra vida se centra en la aldea: ésta y la de Castil de Camos; también vamos allí bastante. Nos gusta Priego pero no lo solemos frecuentar. Aparte de ciertos lugares a los que hay que ir, nadie en Priego nos conoce, mientras que muchas personas en Castil de Campos saben algo de asuntos nuestros – es parte de la vida en una comunidad.

Durante el tiempo que lleváis aquí, ¿cuáles han sido las cosas más memorables? Hasta el año pasado, durante la mayor parte del tiempo estuvimos de vacaciones. Me parece que lo más memorable ha sido el contacto que hemos tenido con la gente de aquí. Por ejemplo cuando acabábamos de comprar la casa, antes de que se iniciara la obra, acampábamos en ella cada vez que veníamos a visitar; y una mañana nos levantamos y encontramos que todas las tuberías estaban heladas. Fui a por agua y Félix dijo: “¿No tenéis agua?” Era el fin de semana de una fiesta, pero él dijo: “Yo os encontraré un fontanero”. Era el fin de semana de una fiesta y nada estaba abierto, pero él consiguió que el chico acudiera a nuestra casa en menos de una hora. Y aquello fue memorable porque nos hizo un gran favor, y el fontanero sólo nos cobró unos diez euros; y eso que él estuvo mucho tiempo allí, ¿verdad? Y cuando no teníamos calefacción, Félix llamó a la puerta con unos palos muy grandes y su mujer estaba a sus espaldas llevando un montón de leña. A veces nos levantábamos y había huevos u hortalizas delante de la puerta. Esto te hace pensar en los tiempos pasados en el Reino Unido cuando existía ese espíritu comunitario, el cual ahora ha desaparecido.

También nos gustaban las fiestas – daban una sensación muy agradable – pero también nos parecía que no eran para todos y no toda la aldea participaba. Algunos no querían saber nada de aquello. Sería bueno reintroducir una fiesta para la aldea en la que se uniera todo el mundo. Se ve esto en otros lugares. Se ve en Castil de Campos. Nos daría gusto verlo volver a existir aquí, y que no se hiciera sólo por el beneficio de ciertos individuos como ha sido el caso a veces.

¿Entonces, me podríais resumir brevemente cómo ha cambiado la aldea? Pues, ahora hay menos ingleses aquí. Cuando llegamos, había unos cuantos – una verdadera Gran Bretaña en miniatura, ¿verdad? Varios se han marchado. Cuando compramos la casa no sabíamos que había tantas casas aquí que pertenecían a ingleses ... Si alguien llamara a la puerta necesitando ayuda, le ayudaríamos, y vice versa, pero no queremos estar en contacto constante, por decirlo así. A lo mejor es por eso que solemos pasar bastante tiempo en Castil de Campos, porque es predominantemente español y allí hay más espíritu comunitario. Pasaríamos más tiempo aquí si hubiera algún lugar para pasar el rato con los demás vecinos de la aldea.’

Ken and Lesley

‘Well, we have been coming to El Poleo since 2004 when we bought the house. We came across this house in an estate agent’s, looking through a list of properties. We just saw it and that was it. We came here the same day and put a deposit down. ... They brought us here and we just fell in love with it. We wanted to live with the Spanish and live how they live, rurally. We didn’t want to become part of an expat community, with new villas. We wanted somewhere rustic.

I suppose, with hindsight, it might have been nicer if there had been a shop, a bar, or something, but it didn’t really bother us that there wasn’t, because, as we have got to know the area, we know that there are other towns: we’ve got Priego, ten kilometres away, Castil de Campos, less than that – five kilometres, isn’t it - ; you’ve got everything you want. You are tied to some extent to your own transport, but this is what we wanted: somewhere quiet.

To me, it’s beautiful and it’s where you would pay to come on holiday, so to live somewhere like that ...! It’s the dream, really, isn’t it?

Why have so many of the Spanish residents left the village over the past twenty, thirty, forty years? The older people tend to go and live with relatives because they need a bit of care, but the younger ones, I think ... obviously there’s nothing in the village for them, unless they work locally.

There is no community centre, to start with. We used to say, years ago: “If only they opened the tellyclub on a night and then everyone in the village could go and converse with each other, and so the Brits would get to know the Spaniards and vice versa.” But there never was any communal centre.

How do you see the future of the village? Well, we did feel that it would end up like a ghost town or predominantly British, which would be sad. I think one of the big issues causing it to be run down is the lack of communication, of transport, for instance. If there was a bus service for communication between the villages, I think it would open up El Poleo a bit more. It’s just the fact that you’ve got to rely on your own form of transport; as people get older they’re less likely to have that transport or desire to use it, and a lot move into Priego or Castil de Campos where they can get the necessary care. Well, if there were a bus, we would use it.

Are you optimistic about the future of the village? Yes, we are. We are optimistic from our own point of view, but I think there is a decline and you see it all the time. Look at Gloria´s house: nobody is coming in. The family just use it sometimes at weekends.

Is there anything that would really make a difference? Yes, young families. You need facilities to attract them in and properties they could afford to buy or rent. It always comes back to the community centre, the bar. You look in Castil de Campos. There are places where people can go and do something different or relax, converse and communicate. We could make much more use of the tellyclub, the way it used to be.

I’d like to find things out, like about cooking, how Spaniards do their cooking. That’s something we could get together to do.

How do you find relationships between the English and the Spanish? The English that are no longer here, well I don’t think that they really “lived and let live”; some little disputes that they had with the Spanish neighbours were blown up out of proportion by the English. It’s the way the Spaniards live here: you’ve come here to live and you can’t expect it to fit the regulations from the UK. I’ve found that hard: some people have tended to come here and think “I want it like this and I want it like that”, instead of thinking: “Well, how do they go about it?” Well, we’ve got on alright with all our Spanish neighbours. If we get stuck, we go to the Spanish and ask them: “How do you do that? Where do you buy that? What do you expect to pay for that?” Most of our friends out here are Spanish.

We see our life as centering round the village: this village and Castil de Campos we go to quite a lot. We like Priego but we don’t really go there that much. Apart from certain places you go, nobody in Priego knows anything about us, whilst a lot of people in Castil de Campos know our business – it’s all part of the neighbourhood.

What, during the time that you’ve been here, have been the most memorable things? Our time here up to last year was spent mostly on holiday. I think the most memorable thing has been mixing with the locals. Things like when we bought the house, before any work was done, we camped in it when we came to visit; and one morning we got up and every pipe was frozen. I went to get some water, and Félix said “Haven’t you got any water?” It was a fiesta weekend, but he said “I’ll get you a plumber”. It was a fiesta weekend and nowhere was open, but he had this guy on the doorstep in an hour. And that was memorable because he really helped us out and the plumber only charged us about ten euros; he was there for ages, wasn’t he? And when we had no heating Félix knocked on the door with some big logs and his wife was behind him with a pile of wood. Sometimes we would get up and there would be eggs on the doorstep, or vegetables. It reminds you of times gone by in the UK when there was that community spirit, and there it’s gone.

We also liked the fiestas – there was a really nice feel to it – but we also felt that it didn’t seem to be for everybody and not all of the village took part. They didn’t want to know. It would be nice to bring back a village fiesta where everybody in the village would come together. You see that it other places. You see it in Castil de Campos. It would be nice to see that kicked off again, and not just for the sake of certain individuals as it has sometimes been.

Could you summarise how the village has changed, then? Well, there are fewer Brits here. When we came out here there were quite a few – a real little Britain, wasn’t it? Quite a few have left and people are still leaving. When we bought we were unaware that there were so many British-owned houses ... If someone knocked on the door and needed help, we would help them, and vice versa, but we don’t want to be in each other’s face, as such. Probably that’s why we spend a fair bit of time in Castil de Campos: because it’s predominantly Spanish and there’s more of a sense of community there. We would spend more time here if there were somewhere to meet the rest of the village.’

Maggi

‘Algunas personas se han marchado y otras han venido. Yo diría que sin duda alguna la aldea ha cambiado. Encontré al principio, cuando acababa de llegar, que los españoles eran increíblemente curiosos, mirones, y eso ya ha desaparecido. Me parece que han aprendido a aceptar que tienen aquí a esta inglesa extraña.’

‘A tu modo de ver, hasta qué punto sería fácil adoptar el estilo de vida que tienen los españoles aquí?

Diría que es dificilísimo. En primer lugar tienes que superar la barrera del idioma. Y luego tienes todos los problemas culturales. Tienes todos los distintos aspectos del modo de vida y tienes toda la burocracia. Creo que esto no es Inglaterra bajo el sol. Probablemente mucha gente suponía que sería un lugar agradable y que resultaría bastante sencillo integrarse, y en mi opinión no es nada fácil hacerlo en este lugar.’

‘Me parece que la gente llegó aquí imaginándose que sería diferente de cómo es. Para sobrevivir aquí es cierto que tienes que aprender el idioma y aceptar a la mayoría de las personas, y los británicos que vinieron aquí – seamos sinceros – no lo han hecho; es que no lo han hecho.’

‘Me parecía al principio, cuando llegué aquí, que resultaría muy interesante sentarme con ellos [los vecinos españoles] para charlar, pero el caso es que no hay terreno común. No tienen ningún concepto de mi vida anterior. O sea, Ignacia apenas ha salido de la aldea, así que no tiene ninguna comprensión, en realidad, de lo que es viajar a un país extranjero, y yo no sé nada del cultivo del olivo, así que realmente no hay suficientes asuntos de interés común; creo que éste fue uno de los errores que cometí al venir a vivir a una zona tan rural.’

‘He aprendido mucho desde que estoy aquí, hablando con la gente. Por otra parte – según me dijo alguien cuando llevaba poco tiempo aquí – no existe aquí el intercambio cultural. Puedes aceptar cosas que ellos [los españoles consideran estupendas – estoy hablando principalmente de comida – te traen platos para que los pruebes, potaje y cosas así, pero si tú intentas crear algo que sea típicamente inglés y si intentas convencerles de que lo prueben – lo digo en serio – la verdad es que no lo consigues nunca.’

‘Supongo que algunas de las experiencias buenas han sido al observar a los españoles mientras se divierten, sabes, en fiestas y ocasiones así cuando lo están pasando bien ... Me encanta el hecho de que aún sigan existiendo las mismas tradiciones que han existido durante muchísimo tiempo, como la fiesta de la aldea, aunque ésta se ha convertido en un fiasco en estos últimos años.’

‘Es como si tuvieran esta imagen de la inglesa, de inglesas, desde cuando en los años sesenta ellos estaban trabajando de camareros en la costa, ... y, sabes, a lo mejor entonces algunas inglesas sí que estaban dispuestas a hacerlo; y ellos suponen que seguimos así y que todas somos iguales.’

‘Es una zona de contrastes totales. Tienes un frío glacial en el invierno y un calor abrasador en el verano. El calor, cuando acababa de llegar – vine aquí en agosto, al principio de agosto – la verdad es que creía que me iba a morir. Es que hacía tanto calor. Pero te acostumbras a ello y aprendes que, si los españoles duermen la siesta, es por algo.’

‘Me parece que los españoles tratan a sus animales sin ninguna consideración. Ésta es la forma más delicada de expresarlo. No quieren gastar dinero en ellos, así que no los hacen castrar. Entiendo las razones por ello. Alguien me dijo una vez “¿Por qué debería molestarme en gastar dinero llevando a mi animal, el cual va a morir dentro de un par de años, al veterinario y desembolsar una buena cantidad de dinero, cuando lo único que tengo que hacer, al parir la gata o la perra, es sólo desembarazarme de ellos, deshacerme de ellos sin pagar nada.” Y entiendo por qué tienen esa idea, esa forma de pensar, lo que sea. Los ingleses encontramos eso muy difícil. Yo encuentro el hecho de que encierren a perros en pequeñas jaulas, en su propio excremento, aun más difícil que el hecho de que no los hagan castrar.’

‘Aquí la mayoría de las casas están vacías porque no hay ningún miembro de la familia que quiera responsabilizarse de ellas y ya se acabaron esos días idílicos cuando vendían sus pequeñas casitas deterioradas a los ingleses que las pedían a gritos – sabes, hace ocho años.’

Maggi

‘People have come and gone. I would say that the village has certainly changed. I found that the Spanish, when I first arrived, were incredibly curious, very nosey, and that has disappeared now. I think they have learned to accept the fact that they’ve got this quirky English woman ...’

How easy do you think it would be to embrace the Spanish way of life here? I would say it’s very, very difficult. First of all you’ve got the language barrier. Then you’ve got all the cultural problems. You’ve got all the different ways of life and you’ve got the bureaucracy. I think this is not England with sun. A lot of people, perhaps, assumed it would be a nice place and it would be fairly simple to integrate, and I don’t think it is an easy place to become part of.’

‘I think people came expecting it to be different to how it is. In order to survive out here you do have to embrace the language and most of the people, the Brits that came here haven’t; in all honesty, they haven’t.’

‘I thought when I first came out here that it would be really interesting to sit and chat to them [the Spaniards], but in fact there is no common ground. They have no concept of my former life. I mean, Ignacia hasn’t been outside the village, hardly, so she has no comprehension, actually, of travelling to a different country, and I know nothing about olive farming, and there is no real common ground, and I think that was one of the mistakes I made in moving to such a rural area.’

‘I’ve learnt a lot since I’ve been here, through talking with people. But the other thing is, somebody once said to me very early on when I was here, that there is no cultural exchange in this area. You can accept things that they think are splendid – I’m talking about food mainly – they will bringing you dishes to try, potaje and things like that, but if you try and create something which is traditionally English, and try and get them to try it, I mean, it just doesn’t happen.’

‘I suppose some of the good things have been observing the Spanish en fête, you know, at fiestas and things like that... I love the fact that they still follow the same traditions that they have for years and years and years, like the fiesta, although it has become a bit of a fiasco in the last few years.’

‘It’s like, they’ve got this picture of a British woman, women, from when they were in the sixties working down on the coast as waiters and, you know, some British women were probably up for it and they assume we’re still like it and we’re all the same.’

‘It’s an area of complete contrasts. You’ve got freezing cold in the winter and baking heat in the summer. The heat, when I first arrived I came out in August, beginning of August and I honestly thought I was going to die. It was just so hot. But you get used to it and you learn that the Spanish don’t have siestas for nothing.’

‘I think the Spanish treat their animals very thoughtlessly ... that is the nicest way of putting it. They don’t want to lavish any money on them, so they don’t have them neutered. I can understand the reasons for that. Someone did once say to me “Why would I bother to spend money taking my animal, which is going to die in a couple of years, to the vet, pay out good money, when all I have to do, when the cat or the dog has babies, just get rid of them, dispose of them for nothing.” And I can understand why they’ve got that thought, mentality, whatever. The British people find that very difficult. I find the fact that they keep dogs in tiny cages, in their own excrement, even more difficult than the fact that they don’t have them neutered.’

‘Here most of the houses are empty because there isn’t a family member that wants to take them on, and the halcyon days of flogging their little run-down cottages to the Brits, who were clamouring for them, you know, eight years ago, have gone.’

Manuel e Isabel

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‘Aquí no había ... para entonces aquí no había nada. Ahora hay muchas cosas pero entonces no había nada. Con cántaros, iba por el agua, iba a la fuente con cántaros ... Íbamos de feria a Almedinilla andando e íbamos a Priego a la feria andando, no teníamos nada, no había coches, nada ... Había fiestas que formaban, allí había un coche, otra vez ponían un barecillo ... Carnaval ... había muchas fiestas pero el resto del año ... en todo el año no había nada ... sin tele ni la radio ... cuando compramos la primera tele teníamos los chiquillos ya grandes.

¿Aquí divertirse? La gente se iba a los pueblos andando, a Almedinilla, a Priego a la feria ... venía el día de San Juan, la fiesta de Las Higueras, que también íbamos andando, otra fiesta que formaban en Sileras en septiembre, el ocho y el nueve. Pero antes no había, no había más que trabajo, trabajar en el campo – trabajo mucho, dinero poco.

A los seis, a los siete años, ocho años empecé yo [Manuel] a guardar cochinos, cabras, a ricos o a los señoritos ... muchos con dinero y muchos pobres, pero más pobres que ... Las tierras que tengo hoy, que tienen mis hijos, es que eran de un señor que era rico. Once fanegas de tierra, once y pico, quinientos, cerca de quinientos olivos ... Señoritos, señoritos ... Había otros que estaban de mozos para ellos y más pobres todavía. Era la gente rica con muy poquito, porque los demás no teníamos nada. ... Vivía en esa casa grande el padre de Domingo. Tenían criados, gente que les apañaba la casa, todo ... y yo que guardaba cochinos con ellos, después cabras ... Después yo fui con el otro, con éstos, estaba de mozo con él, no con el maestro, con el padre.

Aquí, todas las casas que hay, todas llenas, todas ... todas estas casas estaban aquí. ... abajo estaba la escuela. ... Cuando nosotros éstabamos muy chicos ya estaba aquí la escuela. La escuela estaba llena. Lo que pasa es que no podíamos venir a la escuela todos los días porque nosotros teníamos que guardar ganado. Nosotros éramos diez [Manuel] – y éramos ocho [Isabel] – pero no podíamos venir a la escuela. ... No iba. ... No aprendimos nada. ... Es que estaba esto lleno de chiquillos ... Pero yo cuidaba los pavos y a por hierba para los cochinos ... Mis hijos no han perdido la escuela, han ido a la escuela hasta que terminaron el curso, pero nosotros y matrimonios de la edad de nosotros ... ¡Eso!

Vinieron muchas maestras aquí; hubo una maestra aquí de Galicia. Era estricta; los niños se portarían bien pero pegaban a los chiquillos por muy poquita cosa. ... Y la escuela se quitó cuando ya pusieron un autobús para llevar a los niños a Priego.

La gente se casa y nadie se queda aquí en El Poleo. La gente nueva cuando se va casando ...: mi hija se fue a Priego, estaba aquí, mis hijos los dos se casaron y se fueron a Castil de Campos, ninguno se quedó aquí en El Poleo, ninguno. ... El más chico se compró casa en Priego ... Y aquí de los de nuestra edad no quedamos nada más que nosotros dos ... El cambio más notable es que la vida ha ido mejorando mucho. La vida mejoró mucho para los pobres ... cuando murió Franco ... un poco después, cuando entraron los socialistas y nos dieron a los pobres mucho poder, hombre, mucho poder, yo no tenía nada, hombre, me fui a Francia y de allí me traía yo con que compré la tierra ...

A mi marido no le gusta Priego. Nos gusta aquí más. ... Tenemos agua, tenemos luz, tenemos un coche. Entonces, ¿por qué os parece que no hay más gente que quiera vivir aquí? Porque les gusta más el pueblo. La gente que tiene niños pequeños no se decide a venir aquí porque no hay desplazamiento para los niños para la escuela. ...

Yo [Isabel] tenía diez años cuando me llevaron a coger aceitunas, con diez años ... a trabajar con la familia, la familia salía a trabajar, a segar trigo, centeno, cebada, garbanzos, berzas ... con una hoz ... iban mis padres, iban mis hermanos, iba yo. Entonces, ¿tú no habrías podido decir “He conocido a un chico estupendo; quiero ir a segar con él”? No, no, no, eso no, eso no se hacía, eso no.

Yo [Manuel] me iba a trabajar y ella también. Íbamos los dos... ¿Pero tú no fuiste a Francia? No, yo [Isabel] tenía a los cuatro chiquillos. Me iba yo y ella era el ama de casa ... ocho temporadas. ¿Por qué dejaste de ir? Porque ya había trabajo, ya los teníamos más grandecillos, ya tenía ... compré mi tierrecilla ... si de antes yo no tenía nada. ...’

[Manuel cuenta cómo de niño se había dedicado a guardar cabras, y cómo, a los once o doce años, había trabajado trayendo y repartiendo pan con un burro, un trabajo duro y solitario y no sin algún susto nocturno, y por el cual no le pagaban nada excepto la comida.]

‘Y volví otra vez de mozo, por las tardes, ya era por la tarde sólo, con los cochinos otra vez, con los cochinos ... Trece años tenía yo ya cuando me cargaron con la yunta, trece años ... Y los primeros días el señorito, el amo, me uncía los mulos ... pues que yo era chico, no podía. ... De trece hasta los quince años, por ahí, me tiré con ellos. Por aquello me pagaban diecisiete o dieciocho pesetas. – ¿Allí te pagaban en mano, no? – ... Y una obrada, lo que araba con los mulos en un día, lo sembraba de garbanzos, para mí, para mi gente. ... También me daban, para que sembrara matas de melón, un cuadrillo allí y lo apañaba mi hermano, porque yo no tenía tiempo para hacerlo, tenía mi trabajo ...

A los diecisiete años estaba todavía con la yunta ...

Y había una familia que vivía en la casa en que tú vives y se iban a Sevilla al arroz – a sembrar arroz, a frotarlo, digo la hierba – y me dice uno, que se llamaba Antonio y el otro Juanito, dice “¿Quieres venirte?” Y dice, “Allí, a las mujeres las pagan a treinta pesetas y a los hombres a cuarenta.” – En las aceitunas y todo les pagaban más a los hombres que a las mujeres, pero trabajaban las mismas horas – ... Me fui a la isla y estuve yendo a la isla ¿cuántas temporadas? Ocho también. Un mes o cuarenta días. ... Aquello era treinta y cinco o cuarenta días. Y me pagaron como los hombres – a cuarenta pesetas. Me venía luego e iba a la siega del arroz también. A segar arroz. El arroz era metido en agua. ... una laguna de agua. ..Y allí había gente, yo qué sé, de Cádiz, de Sevilla, de Córdoba, de aquí – de Almedinilla – de todos lados. Y allí dormíamos ... y los mosquitos te comían de noche. Y cargaban mulos ...

había unos carriles: llevaban sacos de abono y los sacos eran de ochenta kilos; se partían ... cuarenta kilos. ... me ha costado un trabajo, ¡madre mía! Pero tuve que aguantar allí hasta ...

A Mallorca fui después de dejar de ir a Francia, a hoteles, de cocina ... Estuve cuatro meses y medio. ... Para mí aquello era unas vacaciones. ¡Madre mía! ... Fui solo, ella tenía los chiquillos.

Y eso, y a la campiña, íbamos a la campiña también, a la campiña estuve yendo unos siete u ocho años también, a segar trigo, cebada, centeno, avena, garbanzos, sembraban mucho ... Iba a Francia en abril, pero los inviernos me los tiraba aquí.

Ahora ha cambiado mucho la cosa, ha cambiado eso, bueno ... y la aceituna, la aceituna ... estamos viviendo en que hoy hay una crisis grande y está la cosa mal, pero la gente se vive, está viviendo ... Cuando yo me iba a la Isla, de los pobres que habíamos aquí no tenía nadie tierra, nadie, nadie, y de todos los que nos fuimos después, había muchos que iban a Barcelona ... todavía había mucho trabajo en Barcelona ... y los muchachos de nosotros estaban todos los años en Palma de Mallorca, a los hoteles, a los hoteles, estaban yendo a los hoteles ... en la temporada de verano se iban todos a trabajar ...

... Pero ya no hay trabajo allí como había.

Pero ahora, ¿con crisis o sin crisis, se vive mucho mejor que antes? ¡Hombre! ... Si no hubiera venido esto [la crisis económica – la entrevista se grabó en 2013] ahora los jóvenes viven como marqueses, porque están viendo y tirando a lo grande. ... Y yo creo que, como había y había y había, ... y como ya ha llegado la hora y no hay trabajo, ya viene lo malo porque la gente vive como había, ¡venga! ... Y los padres, muchos se apegan a ellos, y los padres dan ... Esta crisis es una cosa malísima.

La iglesia, ¿cuándo se construyó la iglesia? Había una ermita arriba, allí, enfrente a la Maggi, en el llano ese, porque allí no había casas, ... allí estaba la iglesia ... una ermita pequeñita. ... se hizo otra más pequeña. ... Y a los años ya cuando entraron los socialistas aquí ... movieron de hacer la iglesia esta, más grande, y entonces todos los vecinos acudimos aquí, todos veníamos a trabajar. Unos echaban tres jornales, otros echaban cinco, seis, la voluntad de cada uno, pero no cobraba. ¿Eso se haría hoy en día? Hoy en día no. ¿Qué ha cambiado? La unión de la gente, ya no hay esa unión. ... Y total que el Ayuntamiento ponía los materiales y el trabajo lo poníamos los vecinos de aquí. El techo luego ... Y mi hermano este de alcalde y el alcalde de Priego apañaron ya de terminarla.

¿Cuánto tiempo estuvo tu hermano de alcalde? A lo mejor ocho años. ¿No lo has hecho tú? ¿Tú has sido alcalde? No lo he querido nunca ni quiero. No me ha gustado eso.

Aquí había uno que le decían Francisco. y de aquél pasó que le decían Antonio Margarito, Margarito se apellidaba, y luego de Antonio pasó a Jose María; ese Antonio estuvo muchos años; ese sí era señorito. ... Ese hombre duró muchos años. No era como ahora, cambiando de alcalde a tantos años. ... Y después de ésos estuvo mi hermano. ... Y después Félix, y después la hija. ...

Se marcharon esas personas en aquellos tiempos que no había mucho trabajo y se estaba muy mal y no había nada. ... No me acuerdo pero habría aquí antes unas doscientas personas, más. lleno ... Todas las casas estaban habitadas y todas con ..., unas con diez, otras con cuatro, otras con cinco ... Estaba todo esto lleno de gente. ... Y la gente se metió a trabajar en más cosas que había en el campo. Había un bar y una tiendecilla ... El bar era de Ignacia ... la tiendecilla era que vendían arroz, vendían atún ... allí no había mucho. ... [En el bar] había noches que se juntaban veinte o treinta allí. ... Mucho no había pero cuando llegaba a las doce, a la una se iban borrachos que no se sostenían en pie y no nos sosteníamos algunos. ...

Por fin, la llegada de tanta gente de fuera, ¿ha cambiado realmente la aldea? No, no, la aldea no ha cambiado. ... Lo que pasa es que han hecho casas nuevas allí. ... Pero claro la gente está viniendo aquí.

Esto estaba lleno de gente de aquí y se iba....’

Manuel and Isabel

To listen to the whole interview with Manuel and Isabel (in Spanish), click on the audio button

‘Here there was ... in those days there wasn’t anything. Now there is plenty but then there just wasn’t anything. I used to go down with a pitcher and fetch water; I went to the fountain with pitchers ... We used to walk to the fair at Almedinilla and we walked to the fair in Priego; we had nothing: there were no cars, nothing ... They used to organise fiestas and there would be a car there, and on another occasion they would set up a small bar ... Carnival (Shrove Tuesday)... there used to be several fiestas, but during the rest of the year ... throughout the year there was nothing ... no TV or radio... By the time we bought our first TV the children were already quite grown up.

How did we enjoy ourselves here? People walked to the towns, to Almedinilla, to the fair in Priego ... and then there was the Day of San Juan, the fiesta at Las Higueras that we walked to and another fiesta that was held in Sileras, in September, on the eighth and the ninth of the month. But in the past there just wasn’t anything other than work, work in the fields – plenty of work and not a lot of money.

When I was six, seven or eight I [Manuel] used to look after pigs and goats for the well-off, the señoritos ... there were plenty who were well off and plenty who were poor, but there were more who were poor ... The land I have today, that belongs to my children, well the fact is that it used to belong to a man who had plenty of money. [I bought] eleven fanegas of land, eleven and a bit, five hundred, about five hundred olive trees... The well off, the well off ... There were others who worked on the farm for them and others who were poorer still. People could be rich with not much, because the rest of us had nothing. ... Domingo’s father used to live in that large house. They had staff, people who looked after the house for them, everything ... and I looked after pigs for them and then goats ...Then I worked for the other man, with this present family: I was a farm worker for him, not for the present schoolteacher but for his father.

Here, all these houses were full, all of them ... all these houses were here ... over there was the school .... When we were very small the school already existed. The school was full. The thing is that we couldn’t come to school every day because we had to look after the animals. There were ten children in my family [Manuel] – and there were eight of us [Isabel] – but we couldn’t come to school. ... I didn’t go. ... We didn’t learn anything ... The fact is that this was all full of children ... But I was looking after the turkeys and the pigs and collecting grass for the pigs. ... My children didn’t miss school; they went to the school right to the end of the school year, but we and couples of our age ... Well, that’s it! Several teachers came here; there was one who came from Galicia. She was strict; the children must have behaved well, but they used to hit them for the slightest reason. ... The school was closed down when they provided a bus-service to take the children in to Priego....

People got married and nobody stayed here in El Poleo. The younger people left as they got married: my daughter went to Priego – she used to be here – my sons got married and went to Castil de Campos. None of them stayed here in El Poleo, none of them ... the youngest one bought a house in Priego... And of the people of our age, there are just the two of us left here ...

The most striking change ... is that life has improved a lot. Life got a lot better for the poor ... when Franco died. Later ... when the socialists came in and gave the poor a lot of power; well, power, I had nothing, I can tell you. I went to France and it was from there that I brought back the money to buy the land...

My husband doesn’t like Priego. We like it more here. ... We have mains water, we’ve got electricity, we’ve got a car. So why do you think that there aren’t more people who want to live here? It’s because they prefer the town. ... If people who have young children don’t make up their mind to come here, it’s because there is no transport for the children to get to school ...

I [Isabel] was ten when I was taken out to pick olives, ten years old ... to work with the family. The family went out to work, to harvest the wheat, rye, the barley, chickpeas, cabbages ... to do the harvesting with a sickle. My parents went, my brothers and sisters went, I went. So you couldn’t say “I’ve met a really nice young man, I want to go and do the harvesting with him?” No, no, no, I couldn’t do that, you didn’t do that, you couldn’t do that! ...

I [Manuel] went out to work and she did too. We both went... But you didn’t go to France? No, I [Isabel] had the four little children. I went and she looked after the house ... I went for eight seasons. Why did you stop going? Because by now there was work, by now our children were getting bigger, by now I had ... I bought my bit of land ... whilst previously I had had nothing ...

[Manuel tells us how as a child he had spent his time as a goatherd and how, at the age of eleven or twelve, he had worked fetching and delivering bread with a donkey, hard and lonely work, not without the occasional night-time fright and for which he was given no pay except for his food.]

AAnd again I went back to being a farm worker, but now just in the afternoons, with the pigs again ... I was thirteen when I was put in charge of the yoke of donkeys, thirteen ... and on the first few days the gentleman, my master, yoked the mules for me ... as I was just a boy I couldn’t do it. ... I stayed working for them from when I was thirteen to when I was fifteen, more or less. And for it they paid me seventeen or eighteen pesetas – There they paid you money in hand, didn’t they? – And one obrada, the area that I could plough with the mules in a day, I was allowed to sow with chickpeas, for me and for my family. They also gave me one cuadrillo to sow melon plants on my own behalf and it was my brother who worked that piece of land, as I didn’t have the time to do so – I had my own work to do ...

When I was seventeen I was still there working with the team of mules. ...

And there was a family living in the house where you are living now family – they were going off to Seville to work in the rice fields, to plant rice, to clean it, I mean getting rid of the grass – and one of them, who was called Antonio, the other’s name was Juanito, said to me; “Do you want to come?” And he says, “Women are paid at a rate of thirty pesetas and men at forty” – with olives and everything else men were paid more than women – ... I went to the Island and I kept going there for ... eight seasons? Yes, eight too. A month or forty days. They were spells of thirty-five or forty days. And I was paid the same as the men – at a rate of forty pesetas. I used to come back and go to harvest the rice as well. To harvest the rice. The rice was growing in water ... a lagoon of water. ... And there were people there from heaven knows where, from Cádiz, from Sevilla, de Córdoba, from this area – from Almedinilla – and from all over. And we used to sleep there ... and at night the mosquitos used to eat you alive. And they used to load mules ... there were tracks: they carried sacks of fertiliser and the sacks weighed eighty kilos; they were divided up into sacks of forty kilos. I found it very hard work, heavens I was! But I had to put up with it there until ...

I went to Mallorca after I stopped going to France, to work in hotels, in the kitchen. I spent four and a half months there ... For me those were just holidays, heavens they were! ... I went by myself – Isabel had the young children.

And in the fields, too; we also went to work in the fields. I went to work in the fields for seven or eight years, too, harvesting wheat, barley, rye, oats, chick peas. They planted a lot of different crops ... I went off to France, but I spent the winters back here ...

Now things have changed a lot, that has changed ... and olives, olives ... we are living with the fact that today there is a great economic crisis and things are in a bad state, but people live, they are living ... When I went off to the Island [near Seville}, among the poor people that there were here in the village, nobody had any land, nobody, nobody, and of those of us who went away at a later stage there were a lot who went to Barcelona ... and our children were in Palma de Mallorca, to the hotels, they used to go to the hotels ... In the summer season they all went away to work ... But there is no longer work there the way there used to be.

But, with or without the economic crisis, people are a lot better off than previously? Well, look! If it hadn’t been for all this ... today’s young people live like dukes and duchesses, because they are living and carrying on in fine style ... And I think that, as there was enough and it went on and on, as the moment has now come and there is no work, the hard times are now here because people are living as though things were still the way they used to be. Well there you are! And a lot them are dependent on their parents, and their parents provide. This economic crisis is an awful thing.

When was the church built? There was a chapel higher up ... opposite Maggi’s house, on that open area, because there weren’t any houses up there ... a tiny chapel. ... they built a smaller one... And in the years when the socialists came to power... they got this one built, a bigger one, and then all the village residents contributed; we all came to work. Some contributed three days’ work, others five or six, what each one was prepared to put in, but without being paid. Would people do that today? Not today. What has changed? The collaboration of the people , that collaborative spirit no longer exists. ... And in short the Town Council provided the materials and the inhabitants of the village put in the labour. And then the roof ... my brother here, when he was mayor, together with the mayor of Priego, saw to it that the church was finished.

For how long was your brother mayor? Probably eight years. Haven’t you done it? Have you been mayor? I have never wanted to, nor do I want to now. That hasn’t appealed to me. ...

There was a mayor here called Francisco, and from him the position passed to a man who was called Antonio Margarito; Margarito was his surname. Then from Antonio it was passed to José María; now he was one of the well-off ones ... That man held the post for many years. It wasn’t the way it is now, with the mayor changing every so many years ... And after that my brother was in office ... and then Félix, and then his daughter ...

Those people left in those times when there wasn’t much work and people were badly off and there wasn’t anything for them.... I don’t remember but there must have been about two hundred people or more ... [In those days] the village was all full ... All the houses were lived in and all with ..., some inhabited by ten people, others by four, others by five people ... All of this was full of people. ... There was a bar and a little shop ... The bar was Ignacias’s ... In the little shop they sold rice and tuna ... there wasn’t much. ... [In the bar] there were nights when twenty or thirty of us got together. ... There wasn’t a lot but when it got to twelve o’clock, one o’clock they used to stagger off home hardly able to walk, and some of us couldn’t stand up at all.

Has the arrival of so many foreigners really changed the village? No, no, the village hasn’t changed ... The thing is that they have built new houses there ... But of course people are coming here.

This used to be full of people and those people were leaving.’

Miguel

‘Nací en La Rábita - se ve desde aquí - y vine a El Poleo con siete años: a esta casa, esta casa: La Casería esto se llamaba. A guardar cochinos. Nos criaban. La familia no estaba mal. El dueño estaba mozuelo, estaba soltero; y luego éste se casó. Y me estuve aquí hasta cuando me fui a la mili. Me fui a Zaragoza, al servicio militar. Y, cuando vine, vine aquí, y luego, cuando me casé, me fui, y me fui a recorrer mundo.

Estas casas no estaban, ni tampoco estaba la iglesia. Había una ermita allí arriba; estaba allí el Santo; el Corazón de Jesús. Se puso la iglesia a los pocos años después. Y aquí estaba la escuela – venían de fuera, de los cortijos. Yo estaba allí pero no había escuela para mí. Yo aprendí a firmar, poco.

Entonces normalmente no había olivos; tierra calma, a sembrar: trigo, cebada. Había mulos, había caballos, había cochinos, y yo allí, mi escuela aquí; estaba en tiempo de agosto con los mulos sacando la cebada y trillándola. Como tenían tanto trigo, yo tenía que abalearlo – con una escoba.

Estuve aquí desde los siete años con que vine hasta que me casé con veintitantos años. Me fui a vivir a Priego y allí estuve trabajando lo que pude, y luego me fui a Francia. Estuve en Francia siete años, a tres meses por año, temporadas: la remolacha, y ¡venga a trabajar! Y luego fui a Alemania. Nueve meses aquí en Priego, con dos niños o tres que tenía: me fui a Priego pero mi mujer murió y ya vine aquí, y luego me hice esa casa nueva. Vine con mi suegra, que estaba con los niños y yo en Alemania – y les mandaba dinero para poder comer.

¿Cómo ha cambiado la vida? [Cuando era joven] yo no tenía ni zapatos para la fiesta, un calzado de campo, sin ropa … del calzón de mi patrón me hicieron un pantalón nuevo. … Pero comer, sí, se comía bien. En aquel tiempo se comía comida como migas y olla, de garbanzos y tocino. Se comía mejor en el campo que en la ciudad: en los árboles siempre hay higos, manzanas. Había fiestas, pero muy pocas. Una guitarra y una bandurria … Cuando iba de fiesta el patrón me daba tres pesetas.

Cuando vine aquí, en la casa de la esquina eran diez hermanos. Muchas de estas casas no estaban aquí. Había pocas casas. Y aquí arriba, ninguna. Ésta aquí sí estaba, porque era la escuela. Y esta casa era la misma: ahí dentro dos cuadras, dos cuadras para meter los mulos y los caballos, y aquí, en este lado, había un sitio para los cochinos. Y el suelo es de piedra. Pero ésa, la que ha sido casa rural, no estaba. Arriba, hacia donde está la Peña, allí no había nada, excepto la ermita, y los cochinos, que comían hierba. Y junto a la ermita, ¡hacía un viento…! Aquí, donde están estas casas, no había nada, ¡nada! Todo esto era campo y tierra, y por aquí, así, iban surcos y sembraban. Pero estas casas se pusieron hace años. Manolillo - Manuel - hizo antes aquélla y la mía pega a la suya. Esta casa es nueva, pero antes aquí se sembraba con el mulo.

Aquí antiguamente no había coche ninguno. Las carreteras de aquí, de cemento nada. En la aldea las calles eran de tierra. Ésa para arriba, de tierra. Así que iban con los carros – a veces los mulos no podían, se paraban. Y en el invierno, cuando llovía, todo esto se ponía fatal. La carretera de Almedinilla estaba, pero no estaba como ahora; estaba siempre abandonada.

¿Cómo eran las relaciones entre los ricos y los pobres? Mal. Mal. ¡A trabajar, como los burros! ¡Venga! ¡Venga! Y pagar poco. Y, si no, ¡a la puerta! Te pagaban la semana. Y, cuando me hice más grande, trabajé por mi cuenta, e iba yo a trabajar con una yunta de mulos. Me pagaban de sueldo siete duros, pero eso fue hace un montón de años.

Pero, estando yo en Zaragoza, haciendo la mili, me mandaba el patrón cada mes cien pesetas.

Mi padre murió en la guerra. Mi padre estaba en la parte roja y murió en la guerra. Y éramos cinco hermanos. Mi padre estaba en La Rábita, en la guerra, como soldado. Cuando vine aquí ya pasó la guerra. Quedamos cinco hermanos, todos varones: yo en el medio, dos menores, dos mayores. Y vine aquí con siete años. No había pan. … Pero había un horno de pan allí en La Rábita y si ibas a trabajar te daban pan. Un hermano mío más pequeño que yo iba a El Solvito a guardar pavos. Los pobres guardaban los pavos pero no los comían.

¿Si yo traería a una familia joven aquí? No. Los jóvenes se van solos. Manuel tiene su casa aquí y tiene tres hijos y se han casado. ¡Hala! Dos en Campos y una en Priego. ¡Y él aquí solo! Yo tenía cuatro cuando mi mujer murió: dos están en Priego, otra en Almedinilla y otra en un pueblo de Priego que se llama Zagrilla Alta. Me traen más o menos la comida. “¡Hala papá!” Pero esto ha cambiado mucho ya. Es para los viejos. Sí, ¡como esto no cambie …! Pero me gusta mucho más que Priego. [En Priego] los coches por las calles … e ir al campo a buscar qué comer: setas, collejas, higos, manzanas también. En las calles de Priego no hay manzanos.’

Miguel

‘I was born in La Rábita – you can see it from here – and I came to El Poleo when I was seven: to this house, this house: it was known as La Casería. To see to the pigs. The family wasn’t bad. They looked after us. The owner was a single man, a bachelor, and then he got married. And I stayed here until I went off to do my military service. I went to Zaragoza, to the army. When I returned I came here and then, when I got married, I left and went off to experience the outside world.

These houses weren’t here, nor was the church. There was a small chapel up there; and the Saint was there; the Heart of Jesus. The church was built a few years later. And the school was here – children came here from outside the village, from the farmsteads. I was there but there was no school for me. I learned to write my name. I didn’t learn much.

At that time, for the most part, there were no olive trees; it was arable land, for sowing: wheat, barley. There were mules, there were horses, there were pigs. And I was there but my school was here; in the heat of August I was out with the mules harvesting and threshing the barley. As they had so much wheat I had to do the winnowing with a broom.

I stayed here from when I came at the age of seven to when I got married at the age of twenty or so. I went to live in Priego and did what work I could, and then I went off to France. I was in France for seven years, three months a year: beetroot, endless work. And then I went to Germany. Nine months here in Priego, with the two or three children that I had at the time: I went to Priego, but my wife died and at that point I came here; and then I built that new house. I came with my mother-in law, who was with the children while I was in Germany, and I sent them money to keep them in food.

How has life changed? [When I was young] I didn’t even have shoes to go to the fiesta, just country footware, no proper clothes … They made me a pair of trousers from my boss’s breeches. But we did eat well. In those days people ate food like migas [made with breadcrumbs] and stew, with chickpeas and fatty bacon. People ate better in the countryside than in the town: there are always figs and apples on the trees. There were fiestas, but not many. Just a guitar and a bandurria [an instrument similar to a mandolin]. When I went to a fiesta my boss gave me three pesetas.

When I came here, in the house on the corner there were eight brothers and sisters. Many of these houses didn’t exist. There weren’t many houses. And up here, there weren’t any. This one was here, because it was the school. And this house was just the same: two stables, two stables for keeping the mules and horses, and here, on this side, there was a place for the pigs. And the floor is of stone. But that one, which used to be a rural hotel, didn’t exist. Up there, where the Bar is, there was nothing except the chapel and the pigs, which ate grass. And up by the chapel, it was really windy! … Here, where these houses are, there was nothing, nothing! All of this was countryside and soil and in this bit there were furrows and they used to sow crops. But these houses were put up years ago. Manolillo – Manuel – built that one first and mine is next to his. This house is new, but here they used to sow crops with the aid of a mule.

Here in days gone by there wasn’t a single car. The roads around here had no firm surfaces. In the village the streets were of earth. That one up there was made of earth. So they went up there with carts – and sometimes the mules couldn’t make it and came to a stop. And in the winter, when it rained, it all got into an awful state. The Almedinilla road did exist, but it wasn’t like it is now; it was always neglected.

What were relationships like between the well off and the poor? Bad, bad. Get on with your work, as if we were donkeys. Come on! Come on! And not much pay. And if you didn’t work, there was the door! You were paid by the week. And, when I got a bit older, I worked for myself and I went to work with a yoke of mules. I was paid seven duros but that was a lot of years ago.

But when I was doing my military service, my boss used to send me a hundred pesetas every month.

My father died in the war. He fought for the reds and was killed in the war. And there were five children in the family. My father was in La Rábita, in the war, as a soldier. When I came here the war was over. There were five of us, all boys, me in the middle, two younger and two older. And I was seven when I came here. There was no bread to eat. But there was a bakery over in La Rábita and if you went to work they gave you bread. One of my younger brothers used to go to El Solvito to look after turkeys. Poor people looked after turkeys but they didn’t eat them.

Would I bring a young family to live here? The young go off on their own. Manuel has his house here and he has three sons and daughters and they have got married. So there you are! Two sons in Castil de Campos and a daughter in Priego. And none here with him! I had four children when my wife died: two are in Priego, another in Almedinilla and one in a village in the Priego area called Zagrilla Alta. They bring me most of my food. “Come on, dad!” This place has changed a lot now. It’s for old people. Yes. And if it doesn’t change …! [In Priego] all the cars in the streets … and you can go into the countryside to find something to eat: mushrooms, collejas (‘bladder campion’, an edible wild plant), figs, apples too. There are no apple trees in the streets of Priego.’

Mike y Anne

‘Al principio, cuando llegamos a la aldea, había muchos más ingleses aquí, y después llegaron otros. Muchos de los españoles que estaban en la aldea o bien han muerto o bien se han marchado para estar con sus familias a causa de su edad. Hay muchas casas en la aldea que ahora están vacías, lo cual no contribuye a una aldea con ambiente, ya que no hay nadie aquí. Podrías dar un paseo hoy a cualquier hora y no ver a nadie en absoluto ..’

‘[Los españoles] han sido muy acogedores, amables para con nosotros. De hecho, son más acogedores que los ingleses cuando nos trasladamos a Devon [en Inglaterra] ... Quiero decir que ellos [los ingleses] te pasaban de largo y ni siquiera te saludaban. Hace ocho años [en El Poleo], recorrías la aldea por la tarde y estaban sentados en los asientos delante de la iglesia ... los vecinos de la aldea estaban sentados allí charlando. ¿La gente que hacía eso ya no está aquí? Eso, o son muy mayores ya.’

‘Y, ya ves, la fiesta: no podías moverte en la aldea durante la aldea. Todas la calles estaban abarrotadas, pero, ya ves, en estos últimos años cuando no se ha celebrado la fiesta ... Entonces todo seguía abierto a las cinco de la mañana. – La verdad es que no sé qué se podría hacer ... Animar a los jóvenes.’

Mike and Anne

‘There were a lot more British people in the village when we originally moved in. A lot of the Spanish that were in the village have either died or are of an age that they have moved out to be with their families. There is lots of property in the village now that is empty, which doesn’t give you an atmosphere in the village, since there is nobody here. You can walk around any time today and see absolutely nobody ...’

‘They [the Spaniards] have been welcoming, friendly towards us. In fact, they are more welcoming than when we moved to Devon [in England] ... I mean, they [the English] would just walk past you and not even raise a hat. Eight years ago, you would walk down the village in the evening and they would be sitting on the seats outside the church ... the village people [of El Poleo] used to be sitting talking to each other. The people who did that are not here now? That, or they are too old.’

‘And, you see, the fiesta: you couldn’t move in the village when the fiesta was on. Every road was packed six deep, but, you see, the last couple of years when it hasn’t been on ... It was still open at five o’clock in the morning. ... – I don´t honestly know what you could do ... Encourage the youngsters.’

Rosario y Antonio

Habla Rosario ...

‘Yo nací aquí en la aldea. Nací en una casa que hay allí más para arriba de la aldea – desde el depósito de agua para arriba –, una casa que está hora derrumbada; allí nací yo y allí nacieron mis hermanos. Y después de allí nos vinimos a vivir ... en esa casa que era de Manuel, allí enfrente, al lado de la fuente, aquella que tiene la fuente al lado.

Cuando vinimos a vivir allí éramos cuatro personas: mi madre tuvo dos hijos y se le murieron, uno con veinte meses y otro con dieciocho, y allí murió mi padre. Hace sesenta años que murió – yo tenía once años cuando mi padre se murió.

Las cosas estaban muy mal, muy mal. Nosotros, no teníamos dinero ... mi madre, cuando mi padre murió, tenía treinta años, y tuvo que coger y lanzar a pintar casas con una caña y un cepillo. Pintaba, lavaba, ayudaba a hacer la matanza, cosía – mi madre sabía coser – cosía camisas, pantalones, y lo hacía todo, y así nos fue sacando mi madre poco a poco, aunque ganaba muy poquito de dinero ...

¿Aquí una comida típica? La carne solamente la comíamos el día de la Fiesta de El Poleo, un día al año. Sí tenías conejos, por ejemplo, – porque los criábamos – no los criábamos para comer sino para venderlos: si tenías un pavo era para venderlo; y si tenías gallinas y ponía huevos, era para venderlos porque necesitábamos el dinero; se comían muy pocos huevos. Se comía mucho potaje, mucho cocido, mucha miga, patatas fritas. No era como ahora. Nada, nada era como ahora. Nosotros, por la mañana, ... no se desayunaba. Se almorzaba. Por la mañana se comía una sartén de migas. Se bebía agua: nada de infusiones; café de cebada; se compraba cebada tostada y con la cebada se hacía café.

Aquí había mucho poleo – por eso se llama El Poleo. Porque allí, abajo de la fuente, desde el nacimiento de agua, allí había un prado de poleo. Eso, entonces, no sabía nadie que se tomaba.

Yo, cuando tenía doce años, pues cogía aceitunas. Me iba a segar con una hoz, a segar trigo, a segar cebada. Entonces había mucho: el trigo, las habas, la cebada, las berzas, las aceitunas; trabajaba segando- Todos esos olivares que se ven allí, todo eso se sombraba. En el día 20 de abril de 2014, hizo cincuenta años que me casé, y estaba yo mozuela cuando ... esos olivos tienen cincuenta años más o menos. Eso fue cuando comenzaron a ponerlos. Y cuando comenzaron a dar las subvenciones, todo el mundo que tenía un trozo de tierra calma comenzó a poner olivos.

Antes la tierra pertenecía a los ricos. Ese cortijo que hay allí, que dicen la Casería, ese cortijo era de un señor de Castil de Campos que no tenía hijos; y poquito a poquito ya fuimos comprando cuando la cosa se fue haciendo un poquito mejor. Compraba la gente tierra a 400.000 pesetas la fanega; y entonces, pues ya teníamos las familias un poco mayores, empezamos a ir a Palma de Mallorca a trabajar en hoteles. Y cuando veníamos de Mallorca traíamos un dinero ahorrado y comprábamos ...

Mi marido nació en el Cortijo de la Memoria, el cortijo que hay cerca de Las Higueras, en medio de los olivos, y se crió en la casa que ahora es de los ingleses allí: la casa al fondo del todo, al lado del tajo; ésa es la casa de mi marido ... ¿Cómo lo conocí? Ya ve usted, vivíamos él en aquel lado y yo en éste. Salíamos a tomar el sol o el fresco ... ya ve usted. Lo he conocido desde que nací.

¿Cómo fue la boda? La boda era una cosa muy sencilla. Para la boda compraban latas de atún que había, que ya no hay de ese atún tan de rico; y daban una rueda de salchichón, y luego daban dulces y bebida. Y los invitados todos daban en la boda diez pesetas, y luego, cuando las cosas fueron mejorando, las mujeres cinco duros y los hombres diez.

Antes las personas mayores, cuando me criaba yo, no cobraban, no cobraban ya, no tenían vejez; la vejez no la cobraban. Cuando te ponías mayor y no te podías mantener solo, eran los hijos quienes te tenían que mantener; y si no tenía hijos, residencia; a lo mejor tenías sobrinos. Entonces no había dinero como lo hay hoy, no había paga; no teníamos paga los jubilados. ...

Antes las mujeres trabajaban en el campo todo el año y había muy poquito tiempo en el año cuando estaban paradas. Siempre estábamos trabajando. Y fui a Mallorca a trabajar, a los hoteles de cocinera. Estuve en un restaurante doce años. Mucho trabajo, muchas horas. No tenía mucho tiempo libre pero ganaba dinero. Lo que pasa es que la gente más joven, que trabajaba en el comedor como camareros, ¿no?, pues tenían otra libertad diferente, porque estaban, se puede decir, en la calle, viendo a la gente por día entero diariamente de la calle, pero yo en la cocina no tenía la libertad que tenían ellos. Yo estaba metida en el sótano; allí yo veía solamente al jefe cuando bajaba y a los compañeros; diecisiete horas trabajaba yo, cada día, y no tenía días libres ni nada.

Los jóvenes de antes también trabajaban duro. Yo tengo dos hijos varones y mis hijos trabajaban; mis hijos trabajaban tantas horas como yo; trabajaban de noche, en una hamburguesería, de camareros. La hamburguesería se abría a las cuatro de la tarde y se cerraba a las cuatro o las cinco de la mañana.

Ha crecido El Poleo. Han hecho casas que no había; hay más casas y menos personas. ¿Qué pasa? Que ... la casa esa muy grande que hay por este lado del depósito, que es de unos ingleses, pues esa casa era mía; la casa que mira para acá, pues esa casa. La reformaron o, mejor dicho, la hicieron nueva. Esta casa la compró mi marido en unas 31.500 pesetas. Allí, que yo sepa, han vivido cinco familias. Nosotros llevamos en Priego siete años, y estaban haciendo la obra cuando fuimos a Priego. La hicieron hace ocho o nueve años.

Y esta parte aquí: esto era del cortijo ese. Este solar y la casa de Manuel, y el otro solar de por abajo, y el otro y la iglesia; todo esto era del cortijo, y la linda iba por la orilla por ahí por la calle; la linde era por el filo de la calle. Pertenecían a una familia de Castil de Campos que no tenían hijos, y entonces, pues, ese hombre hizo aquí solares y los vendió a mil pesetas, a mil pesetas ... seis euros; y mi marido le compró uno.

Cuando yo era joven, son diecinueve casas las que había, diecinueve, y todas tenían una familia: cien personas más o menos. La juventud toda se ha ido marchando: se iba casando y se iba a Priego, a Almedinilla, a Castil de Campos. Lo que pasaba es que aquí vida no había. Por ejemplo, mi hijo mayor se casó y se fue a Priego, porque mi hijo es maquinista. Lleva en una empresa veinte años y nada de eso había aquí, y por eso compró su casa en Priego y se fue a vivir allí. Y aquí para la gente joven no había vida.

Y nosotros el medio de transporte que hemos tenido hasta hace veinte años cuando yo saqué el carné de conducir – bueno, y un poco antes que mis hijos, ¿no? – el medio de transporte que hemos tenido era una bestia, un mulo; e íbamos a la huerta, nos traíamos la fruta, nos traíamos las hortalizas, pero con el mulo.

Y aquí hemos estado muchos, muchos años sin agua. A por el agua íbamos con el cántaro a la cadera, a la fuente. El agua y la luz se pusieron aquí, ... pues, 27 años hemos estado viviendo en la casa, aquella de la punta, que era mía también – aquella casa la compró mi marido en 400.000 pesetas – luego, con los 27 años que estuvimos viviendo en la casa y siete que llevamos en Priego – pues ese tiempo más o menos hace que pusieron el agua aquí. Antes no había ni agua ni luz; esto se transformó ya completamente, de maravilla.

Pues cuando empezaron a venir los extranjeros empezaron a poner las casas en venta, las empezaron a vender. Se marcharon algunos españoles: nosotros mismos. Mi marido no tiene carné de conducir; yo sí. Tengo mi coche y tengo mi carné. Pero tengo un hijo que vive en La Rábita, en la provincia de Jaén. El otro hijo vive en Priego, el mayor. ... Entonces comenzaron a venir los extranjeros, y yo le dije a mi marido: “¿Por qué no vendemos la casa?” Nosotros teníamos – tenemos – un piso en Priego, también, que habíamos comprado antes. Y digo: “Por qué no vendemos la casa y compramos una casa en Priego?” Al principio, él no lo veía bien, pero después se dio cuenta de que sí, tenía razón. Digo: “Si tú te pones malo, no hay problema; te cojo en el coche y te llevo al hospital, al médico. Pero si me pongo yo o se me da a mí algo.” Y entonces se lo comenté a mis dos hijos y lo vieron bien. ... Con que vendimos la casa y nos hicimos una en Priego, una casa nueva.

Con respecto a los extranjeros, yo no he tenido problema nunca ... conmigo se han llevado muy bien siempre. Con Miguel y Ana, allí arriba, bien, bien. Y con la rubia, que la decimos la rubia, bien también. La lengua: ése es el problema, para comunicarse con nosotros, pero por lo demás muy bien.

¿La escuela? Pues, la mayoría de los críos no podían ir a la escuela porque tenían que estar trabajando. ... Aquel señor que tenía más dinero, que tenía ganado, tenía cabras, tenía ovejas ... estaban guardándole las cabras y las ovejas y no tenían tiempo para venir a la escuela. Yo, lo poco que aprendí ... cuando mi padre se murió, porque el cura que había en Castil de Campos, don Antonio Jiménez de la Rosa – se ha muerto el hombre ya – pues este señor me apañó un colegio en Córdoba para que me fuera allí al colegio, y estuve allí unos tres o cuatro años. Allí trabajaba yo pero también me daban clase; también iba a clase, iba a la escuela de las monjas y allí fue que más aprendí de lo que sé. Si una persona tiene – no estudios estudios, pero bueno – pues sí, sube un poco más, parece ser que tiene la persona otra clase de cultura, ¿no diría usted?

El futuro de la aldea, lo veo mal, lo veo mal. Porque unos que se han ido y otros que se morirán, cuando sean mayores ... y no sé si se poblará entero de extranjeros. Puede ser, ¿no? Pero es una aldea muy bonita. Es la aldea más bonita que tiene Priego, que tiene – me parece – veintidós aldeas. No porque yo he nacido y me he criado aquí sino porque lo dice todo el mundo.’

Rosario and Antonio

Rosario is speaking ...

‘I was born here in the village. I was born in a house further up from the village – up the hill beyond the water deposit –, a house which is now derelict. I was born there and so were my brothers and my sister. And afterwards, from there we came to live ... in that house that belonged to Manuel, over there opposite us, next to the fountain, the one which has the fountain near it. When we came to live there, there were four of us: my mother had two sons and they died, one at the age of twenty months and the other when he was eighteen months old, and my father died there. He died sixty years ago – I was eleven when my father died.

Things were in a very bad way, very bad. We had no money ... my mother was thirty when my father died and she had to set herself up painting houses with a rod and a brush. She painted, she did washing, she helped out at the times the pigs were slaughtered, she sewed – my mother knew how to sew – she sewed shirts and trousers, she did everything, and that is how she gradually got us out of difficulty, even though she was paid very little for what she did. ...

What was a typical meal like here? We only had meat to eat on the day of the Fiesta of El Poleo, one day a year. If you had rabbits – because we bred them – we didn’t breed them to eat but to sell them; if you had a turkey it was to sell it; and if you had hens and they laid eggs, it was so that you could sell them, because we needed the money; people here used to eat very few eggs. We used to eat a lot of vegetable soups and stews, a lot of breadcrumbs and fried potatoes. We, in the mornings ... people didn’t have breakfast; they had a light meal in the middle of the morning. In the morning we fried some breadcrumbs. We drank water: no infusions; coffee made from barley; people bought toasted barley and made coffee with it.

There was a lot of penny royal here (which is called poleo in Spanish) – and that is why it is known as El Poleo. Because down there, below the spring, where the water flows out, there was a meadow of penny royal. In those days, nobody knew that it was something you drank.

When I was twelve, well, I used to pick olives. And I went reaping with a sickle, to harvest wheat and barley. There were a lot of different crops at that time: wheat, barley, cabbages, olives; I used to work harvesting the crops. The whole area covered with olive trees that you can see there, all of that was used as arable land. The 20th April 2014 was my fiftieth wedding anniversary; and I was an unmarried girl when ... those olive trees are more or less fifty years old. That was when they started to plant them. And when the subsidies started to become available, everybody who had a bit of arable land began to plant olive trees.

Previously the land used to belong to the rich. That farmstead over there, which is known as the Farmhouse (la Casería), used to belong to a gentleman from Castil de Campos who had no children; and gradually we started to buy land as things were becoming a bit better. People bought land at a price of 400,000 pesetas a fanega (roughly equivalent to 3,500 euros for a square kilometre); and then, since our families were a bit more grown up), we started to go to Palma de Mallorca to work in hotels. And when we came back from Mallorca, we brought with us some savings and then we bought ...

My husband was born in the Farmhouse of Memory, the farmstead that is situated near to Las Higueras, in the middle of the olive trees, and he was brought up in the house that now belongs to the English people there: the house right at the bottom, close to the escarpment; that is my husband’s house ... How did I get to know him? Well, you can see. He lived over there and I lived over here. We went out to enjoy the sun or the cool ... you can see. I have known him ever since I was born.

What was the wedding like? The wedding was a very simple affair. For weddings people used to buy tins of tuna of a kind that used to exist; you can’t get that really good tuna any more; and they used to provide a ring of sausage, and they also provided sweets and drink. And all the guests at the wedding contributed ten pesetas and, later, when things began to get better, women contributed twenty-five pesetas and men fifty.

Previously, elderly people – when I was growing up – didn’t receive any payment, they didn’t receive any money; they had no old-age pension, they didn’t get a pension. When you got older and you couldn’t cope by yourself, it was your children who had to care for you; and if you didn’t have any children, a residential home; probably you had a niece or nephew. In those days there was no money in the way there is today, you didn’t get any payments; retired people didn’t get a pension ...

Women used to work in the countryside all year round and there was very little time in the year when they weren’t busy. We were always working. I went to work in Mallorca as a cook. I worked in a restaurant for twelve years. A lot of work and long hours. I didn’t have much free time but I used to earn money. The thing is that younger people, who worked in the dining room as waiters – you see? – well they had a different kind of freedom, because they were, you could say, out there, watching people all day and every day out and about, but down in the kitchen I didn’t have the same freedom that they had. I was stuck down in the basement; there all that I saw were the boss, when he came down, and my work-mates; I worked seventeen hours a day, every day, and I had no days off or anything.

The young people of those days used to work hard, too. I have two sons and they used to go out to work; my sons used to work as many hours as I did, as waiters in a hamburger restaurant. The restaurant used to open at four o’clock in the afternoon and it closed at four or five in the morning.

El Poleo has got bigger. They have built new houses; there are more houses and fewer people. So what is going on? It’s that ... That very large house that stands this side of the water deposit and which belongs to some English people, well that house was mine; the house that looks this way, well that house. It was restored, or more exactly, it was rebuilt as new. This house was bought by my husband for about 31,500 pesetas (about 200 euros). As far as I know, five different families have lived there. We have been living in Priego for seven years and they were building the house when we went there to live. It was built eight or nine years ago.

And this area of the village belonged to that farm. This building plot and Manuel’s house, and the other building plot further down, and the other one, and the church; all of this belonged to the farm, and the boundary ran down over there along the roadside; the boundary passed down by the edge of the street. This land belonged to a family from Castil de Campos who didn’t have any children, and then, well, that man created some building plots here and sold them at a cost of a thousand pesetas, thousand pesetas ... six euros; and my husband bought one of them from him.

When I was young, there were nineteen houses, nineteen, and there were families in all of them: about a hundred people. The young people have gradually left; one after another they left and went off to Priego, to Almedinilla or to Castil de Campos. The problem here was that there just wasn’t any life. For example, my elder son got married and went to live in Priego, because my son is a machinist. He has been working for a company for twenty years now and none of that existed here, and that is why he bought his house in Priego and went to live there. And here for young people there just wasn’t any life.

As for us, the means of transport that we had until twenty years ago, when I obtained my driving licence – well, just a bit before my sons, you see? – the means of transport that we had was an animal, a mule; and we used to go down to our vegetable plot and bring up the fruit and the vegetables, but with the mule.

And here we went for many, many tears without running water. We used to go down to fetch the water with the pitcher on our hip, down to the fountain. Water and electricity were installed here, ... well, we were living in our house, that one up at the top of the village, which was mine, too – that house was bought by my husband for 400,000 pesetas (about 2,500 euros) – well, we lived in that house for 27 years and we have been living in Priego for seven years; so that is more or less how long ago water was installed here. Before that there was no mains water or electricity. All of this has been completely transformed now, wonderfully so.

Well, when the foreigners began to arrive, people began to put their houses on sale and began to sell them. Some Spaniards left the village. We did so ourselves. My husband doesn’t have a driving licence but I do. I’ve got my car and I’ve got my licence. But I have a son who lives in La Rábita, in the province of Jaén. My other son, the elder one, lives in Priego. Then the foreigners started to arrive and I said to my husband: “Why don’t we sell the house?” We had – we still have – a flat in Priego, too, which we had bought previously. And I said, “Why don’t we sell the house and buy one in Priego?” Initially, he wasn’t keen, but later on he realised that I was indeed right. I said: “If you get ill, there’s no problem; I get you into the car and take you to the hospital or to see the doctor. But if I’m ill or something happens to me...” And then I discussed it with my two sons and they thought it was a good idea ... And so we sold the house and we got one in Priego, a newly built house.

As regards the foreigners, I have never had any difficulty ... they have always got on very well with us. With Mike and Anne up there, absolutely fine. And the blonde, we call her “the blonde”, well that was fine too. The language: that is the problem, in order to communicate with us, but in other respects, fine.

The school? Well, most of the children were not able to attend school, because they had to be working. ... That gentleman who was better off, who had livestock, goats and sheep ..., they were looking after his sheep and they didn’t have time to attend school. As for me, the little that I learned ... when my father died, because the priest who at that time was in Castil de Campos, Antonio Jiménez de la Rosa – the man is dead now – well this gentleman found me a place in a school in Córdoba, so that I would be able to go and study there, and I was at that school for three or four years. I worked there but at the same time I was taught; I attended lessons too, I went to the convent school, and it was there that I learned the greatest part of what I know. If a person has – I don’t mean really serious learning – but if they do know a bit more, it seems that they have another level of education. Wouldn’t you say so?

The future of the village ... I don’t see it as good at all. Because with some people who have gone away and others who will die, as they grow older ... and I don’t know if it will end up being entirely populated by foreigners. It may happen, don’t you think? But it is a very pretty village. It is the prettiest village of all those that belong to Priego, which has, I think, twenty-two villages. I don’t say this because I was born and brought up here but because it is what everybody says.’

Sandy y Terry

‘Pues, lo primero que te llamaría la atención era que la carretera desde La Concepción era prácticamente un camino de tierra. No había asfalto y había baches enormes, y llegabas a conocer las curvas cerradas y a saber evitar cosas así ... y en la calle que subía hasta aquí no había alumbrado y estaba toda llena de grietas con una superficie que se desmenuzaba y no estaba tan arreglada como ahora. Y había cincuenta y cinco personas que vivían en la aldea cuando llegamos ... en noviembre de 2003.’

‘Porque en toda esta parte de la aldea conocida como el pueblo había señoras bajitas que tenían gallinas; se asomaban a las puertas y estabas sentado en la calle y de repente bajaban con un par de huevos todavía con plumas todavía pegadas a ellos, todavía calentitos, que te querían regalar ... y volvías a casa después de dar un paseo y encontrabas algo como tomates nudosos tras tu puerta y nunca te enterabas de quién te los había regalado ni de dónde habían venido ... Por supuesto, el pueblo ya no existe.’

‘Ésa era la parte más antigua. Mi casa y la de Ignacia y la de Ken y Lesley son las tres casas más antiguas de la aldea. Originalmente la mía tenía establos para el burro y para la vaca, con alojamiento para la familia encima de los animales, así que hemos intentado conservar la casa tal como estaba. La hemos reformado, pero no hemos alterado ninguna de sus características especiales. ... No hemos cambiado la puerta: la puerta trasera a veces se puede cerrar con llave, a veces no y la puerta de la calle ... hay que agacharte para no darte un golpe y dejarte inconsciente. Junto a la chimenea hemos conservado la barra de metal donde se ataba al burro. De manera que ésta aún se encuentra en nuestra sala de estar.’

‘Entonces, delante de la casa de Ignacia, donde está situada esa casa grande, cuando nosotros llegamos aquí había un precioso jardincito perteneciente a la casita ... lleno de frutales ... un huerto con duraznos y albaricoqueros – toda esa parcela se encontraba delante de la casa, y por supuesto luego se dejó encerrada a la casa de Ignacia ...’

Ver cortarse todos los árboles ... No aguanto que se corten árboles: frutales, había abetos delante de esa casa grande. Aquél tuvo que derribarse para dar acceso a la cochera y hubo que cortar el otro porque arrancaba el hormigón. Eso era diferente.’

‘Pues, comenzamos por buscar una casa en Francia. Queríamos un lugar que hubiera de ser una residencia de vacaciones. Nunca se tuvo la intención de que fuera una casa para vivir todo el año. Y luego buscamos cerca de Cádiar, en la zona de Trévelez, y eso no resultó ser exactamente lo que queríamos, y entonces hicimos una visita breve con la agencia Inland Andalucía. Y ellos nos llevaron a ver unas ocho casas, por toda esta zona y la de Carcabuey, y una tarde de noviembre húmeda y lluviosa dimos la vuelta a una esquina – se trataba de la última casa, ¿verdad? – y ambos dijimos ‘¡Es ésta!’, aunque estaba bastante deteriorada.’

‘Creo que [los habitantes españoles] han podido vender casas a ingleses y obtener dinero que ni siquiera habían soñado con poseer, de manera que efectivamente pueden llevar una vida en una ciudad más típica del mundo occidental. Me parece que creen que éste es su camino de salida ... se trataba de un período de auge. ¿Porque no conducían, se supone? Eso es. Ignacia solía ir en burro a recoger el pan. Tardaba el día entero en burro.’

‘¡Cielos!, la única vez que vimos a niños fue durante la fiesta, cuando la familia solía venir de la ciudad para visitar a los mayores – sabes – quizá el domingo – para comer ...’

‘Me parece que de alguna manera ... tengo la sensación de que algunos de los españoles que quedan en la aldea todavía miran con un poco de recelo a los ingleses ... por haber venido – sabes – a construir estos grandes edificios mientras que ellos siguen en sus casas originales. Me parece que todavía existe cierto antagonismo ... Los artistas vienen aquí a pintar nuestra casa y todos montan sus caballetes delante de ella.’

Sandy and Terry

‘Well, the first noticeable thing was that the road from La Concepción was virtually a dirt track. There was no tarmac and you had massive pot-holes, and you got to know where your hairpins were and avoiding things like that ... and on the road coming up here there were no streetlights and it was all cracked and crumbly, and it wasn’t all smart like it is now. And there were fifty-five residents in the village when we came here ... in November 2003.’

‘Because all the little pueblo part of the village here all had little ladies in with chickens; they’d appear out of doors and you’d be sitting outside and they’d suddenly come down with two eggs with feathers still stuck to them, still warm, to give you ... and you’d come home from a walk and you’d find, like knobbly tomatoes inside your door and you’d never know who gave them to you or where they came from ... of course, the pueblo now is non-existent.’

‘That was the oldest part. My house and Ignacia’s and Ken and Lesley’s are the three oldest houses in the village. Mine was originally a donkey shed and a cow-shed with living accommodation above the animals, and so we’ve tried to keep the house as much as it was ... We’ve modernised it but we haven’t altered any of the intricacies of it. ... We haven’t changed the door: the back door – sometimes it locks, sometimes it doesn’t and the front door ... you have to duck in case you knock yourself out. Alongside of our fire we’ve kept the metal bar where the donkey was tethered. So that’s still in my lounge.’

‘Then, outside of Ignacia’s house, where the large house is, that was a lovely little casita garden full of fruit trees, when we were here. It was a vegetable plot, and peaches and apricots – the whole of that plot was right in front, and of course it got built up and Ignacia was barricaded in ...’

‘To see all the trees being taken down ... I hate trees being cut down: fruit trees, there were fir trees in front of that big house. That one had to come down for the garage entrance and the other one had to come down because it was pulling up the concrete. That was different.’

‘Well, we started looking in France. We wanted somewhere that was going to be a holiday home. It was never intended to be a full-time thing. And then we looked over towards Cádiar, over towards Trévelez way, and that wasn’t quite what we wanted, and then we came on a weekend break with Inland Andalucía. And they took us around to about eight properties, all around this area and Carcabuey, and on a wet, rainy November afternoon, we walked around a corner – it was the last one, wasn’t it? – and we both said “That’s it!”, even though it was in quite a rough state.’

‘I think they [the Spanish residents] have been able to sell to British people and get money they have never dreamed of having, and they can actually live more of a western life in a town. I think they think this is our way out. ... it was a bit of a boom. Because they didn’t drive, presumably? No, Ignacia used to go by donkey to collect the bread. It used to take her all day, by donkey.

Golly, the only time that we saw children was at the fiesta, when the town relatives used to come to the old people, you know, on a Sunday, perhaps, for lunch ...

I think that in some ways ... I feel that some of the Spanish that are left are still suspicious of the English ... of us coming in, you know, and building these big houses whilst they are still in their original ones. I think that there’s still a little bit of antagonism ... we get the artists coming around to paint ours (our house) ... They all set their easels up.’

Sylvia y Peter

‘Llevamos cuatro años viviendo aquí y nos alegramos mucho de haber venido. Sí, es verdad que hace frío durante un par de meses en el invierno, y el calor de agosto puede resultar agobiante, pero todavía nos acordamos de las nubes y de la lluvia que dejamos atrás en Inglaterra. Cuando, sentados al sol glorioso de diciembre, contemplamos el precioso panorama del valle, nos llena de emoción la suerte que tenemos al estar aquí. Hemos hecho muchos amigos, tanto en El Poleo como en Priego de Córdoba y en lugares más lejanos, y la verdad es que tenemos la sensación de pertenecer más a este lugar que a Inglaterra.

Todavia nos extraña que tan pocos españoles quieran vivir en una preciosa aldea como El Poleo. Entendemos por qué gente con niños prefiere vivir en un pueblo o una ciudad con más instalaciones – y por cierto a El Poleo le hacen falta una tienda y un autobús. No obstante, si esta aldea estuviera situada en uno de los condados ingleses de Dorset, Somerset o Cumbria, la gente pediría a gritos la oportunidad de vivir aquí. Con el paso del tiempo y con la mejora económica que tarde o temprano es inevitable, junto con una mejor apreciación de lo que nos tiene que ofrecer el campo, es fácil que El Poleo se convierta en una aldea mucho más próspera.

Además, hemos disfrutado de las ventajas de estar cerca de Castil de Campos, una comunidad pequeña y encantadora, y el pueblo espléndido de Priego de Córdoba, que está a una distancia de poco más de diez minutos. Tampoco estamos lejos de Alcalá la Real, así que existen un montón de oportunidades variadas para ir de compras o para comer fuera. Las grandes ciudades de Granada y Córdoba están a menos de una hora en coche, así que en realidad nunca nos podríamos quejar de estar aislados. Sin embargo, a pesar de todo ¡nos vendría muy bien ese autobús!’

Sylvia and Peter

‘We have been here four years now and are very glad that we moved here. Yes, the weather is cold for a couple of months in the winter and the August heat can be a bit overpowering, but we can still remember the cloud and rain that we left behind in England. When, sitting in the glorious December sun and looking out at the wonderful view over the valley, we are still thrilled by our luck at being here. We have made a lot of friends, both in El Poleo and in Priego de Córdoba and further afield and the fact is that we feel much more at home here than we used to in England.

We continue to be surprised that so few Spaniards want to live in a beautiful village like El Poleo. We can understand why people with children prefer to live in a town or city with more facilities – and El Poleo certainly needs a shop and a bus. However, if this village were situated in one of the English counties of Dorset, Somerset or Cumbria, people would be clamouring to live here. With time and with the economic upturn which sooner or later is inevitable, and with a bit more appreciation of what the countryside has to offer, El Poleo could easily become a much more prosperous village.

We have also felt the benefit of being near to Castil de Campos, a lovely little community, and the splendid town of Priego de Córdoba, which is just over ten minutes away. Nor are we far away from Alcalá la Real, so there are plenty of varied opportunities for shopping and eating out. The big cities of Granada and Córdoba are still within an hour’s drive; we could never really complain of being isolated. ... But we could still do with that bus!’

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